El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, afirmó que si tuviera la oportunidad le pediría al rey Carlos III la devolución del diamante Koh-i-Noor a India. La joya, parte de las coronas británicas desde 1849, tiene un origen envuelto en mitos y disputas.
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, declaró este miércoles que, de tener la oportunidad, le solicitaría al rey Carlos III –quien se encontraba de visita en la ciudad– que devuelva a India el diamante Koh-i-Noor. Esta gema forma parte de las joyas de la Corona británica desde 1849, tras la anexión británica de la región del Punyab.
India sostiene que el diamante fue robado y ha reclamado su devolución en reiteradas ocasiones. En 2023, durante la coronación de Carlos III, no se utilizó la corona de la Reina Madre –donde está montado el Koh-i-Noor–, decisión que se atribuyó al deseo de evitar tensiones diplomáticas. Pakistán, Afganistán e Irán también han reclamado la propiedad de la gema en el pasado.
No es el diamante más grande ni el más perfecto, pero su historia lo ha convertido en uno de los más famosos y polémicos del mundo. Se desconoce con exactitud cuándo o dónde fue hallado. Algunas tradiciones lo vinculan con Syamantaka, la legendaria gema mágica de los relatos hindúes sobre Krishna. Lo cierto es que no proviene de una mina, sino de depósitos aluviales en lechos de ríos secos de la India.
El Koh-i-Noor –que significa ‘Montaña de luz’ en persa– ha pasado por múltiples manos a lo largo de los siglos. En 1635 adornaba el trono del emperador mogol Sha Jahan. En 1739, el gobernante persa Nader Shah lo tomó como botín tras invadir Delhi, y durante décadas viajó por lo que hoy es Afganistán, cambiando de dueño en sangrientas batallas.
Finalmente llegó al maharajá sij Ranjit Singh, fundador del Imperio sij en el Punjab en 1799. Tras la muerte de Singh, los británicos –bajo el mando de Lord Dalhousie– se propusieron obtener la joya. Luego de dos guerras anglo-sij, el reino quedó debilitado y el joven maharajá Duleep Singh, de solo 10 años, entregó el territorio y el diamante a la Compañía Británica de las Indias Orientales en 1849.
Desde entonces, el Koh-i-Noor permanece en la Torre de Londres, junto a otras 2.800 piedras preciosas de la Corona británica. Su historia sigue siendo motivo de debate y reclamaciones internacionales.

