El piso flotante cede paso al corcho, un material sostenible, ergonómico y versátil que se perfila como tendencia para 2026 en hogares mendocinos.
La decoración de interiores se renueva con una tendencia que prioriza la sostenibilidad y el confort. Para 2026, el tradicional piso flotante comienza a ser desplazado por el suelo de corcho, una opción que destaca por su durabilidad, fácil instalación y origen ecológico.
A diferencia del piso flotante, cuya fabricación requiere la tala de árboles para obtener tableros de HDF o MDF, el corcho se obtiene pelando la corteza del alcornoque sin dañar el árbol, lo que lo convierte en un recurso renovable. Esta característica lo posiciona como una alternativa amigable con el medio ambiente.
Desde el punto de vista del confort, el corcho ofrece una superficie elástica que alivia la presión sobre articulaciones y columna vertebral. Su estructura celular similar a un panal de abejas le otorga una alta resiliencia, permitiendo que recupere su forma tras el peso de muebles y evitando marcas permanentes.
Además, actúa como aislante térmico y acústico natural. En departamentos y zonas urbanas, absorbe el sonido de las pisadas y mantiene una temperatura agradable al tacto, ideal para quienes prefieren andar descalzos sin renunciar al silencio del hogar.
En cuanto a estética, el corcho se presenta en una amplia gama de formatos y patrones de grano irregular, con tintes naturales que permiten adaptarse a distintos estilos decorativos. Su buen comportamiento frente a la humedad (siempre que no sea permanente) facilita su instalación en cocinas, donde su calidez y facilidad de limpieza son valoradas.
La instalación se ha simplificado con dos modalidades principales: placas o rollos que se fijan con adhesivos al subsuelo, y el sistema de anclaje click, que agiliza el proceso. Así, el suelo de corcho se consolida como una opción práctica y sostenible para los hogares mendocinos.

