El taller de Sylvie Geronimi en Buenos Aires es más que un espacio de creación; es el santuario donde el arte y la artesanía se encuentran. Con una carrera que supera los 35 años, esta diseñadora franco-argentina ha construido un universo propio, donde cada par de zapatos cuenta una historia de dedicación y oficio. Su clientela, que incluye nombres de renombre internacional, busca en sus diseños una combinación única de elegancia y bienestar.
Una vida entre culturas y oficios
La historia de Geronimi es un viaje que comenzó en Malasia, pasó por Francia y encontró su puerto definitivo en Argentina. Hija de un diplomático francés y una madre argentina, su infancia transcurrió entre Singapur y París. Aunque inicialmente se inclinó por el teatro, una visita a un taller de fabricación de calzado en Francia sembró en ella una semilla de curiosidad que terminaría por definir su destino.
«Siempre me atrajo la materialidad, el proceso de crear con las manos», explica la diseñadora. Su formación en la prestigiosa École de la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne y una experiencia laboral en la casa Balenciaga le dieron las herramientas del diseño, pero fue su espíritu inquieto el que la llevó a buscar algo más. «Yo no me imaginaba solo dibujando. Necesitaba estar en el taller, ver nacer el objeto», afirma.
El encuentro definitivo con Argentina y el calzado
Un viaje a Brasil y la posterior invitación a visitar Buenos Aires marcaron un punto de inflexión. En la Argentina de los años 90, descubrió un ecosistema donde el diseñador podía involucrarse de lleno en la producción, algo menos común en la estructurada industria europea. «Aquí me dijeron exactamente lo que quería oír: que podía diseñar y hacer», recuerda con emoción.
El maestro y el taller propio
Su determinación la llevó a un taller donde se fabricaba calzado para fuerzas de seguridad. Allí conoció a Natalio Fischetti, un maestro zapatero que se convertiría en su mentor. «Fue como un abuelo para mí. De él y de otros artesanos aprendí técnicas ancestrales, como cosir la suela cuando el pegamento no existía», relata Geronimi. Este aprendizaje fue la base para lanzar su propia producción, primero colaborando con marcas locales como Via Vai y Ona Sáez, y luego, con el apoyo de Carlos Sáez, estableciendo su propio taller.
Filosofía: confort, arte y empoderamiento
Lejos de la idea del «sufrimiento por la belleza», Geronimi abraza el confort sin sacrificar la estética. Sus hormas se adaptan a pies reales, y sus diseños, desde zapatillas que trascienden lo deportivo hasta tacos amigables, buscan empoderar. «Un buen zapato, con el taco adecuado, le da poder a una mujer. Hoy se busca eso: sentirse segura y cómoda», sostiene.
Su atelier-boutique en Palermo es hoy el reflejo de esa filosofía. Un espacio donde cada creación es limitada y lleva el sello de un lujo discreto y consciente. Para Sylvie Geronimi, el zapato deja de ser un accesorio para convertirse en la extensión de la personalidad de quien lo calza, un principio que ha guiado su exitosa trayectoria y le ha valido el reconocimiento en ambos lados del Atlántico.

