El rugby mendocino vivió una nueva edición de su clásico más emblemático, donde Alumni y Belgrano ofrecieron un espectáculo de garra y entrega total. El marcador final, 26-21 a favor del conjunto local, refleja solo parcialmente la épica batalla que se libró sobre el césped, con jugadores de ambos bandos dejando hasta la última gota de esfuerzo.
Un duelo que se definió en los detalles
El partido tuvo un ritmo frenético desde el inicio, con alternativas para ambos equipos. Alumni logró una ventaja importante en el primer tiempo, cerrando la etapa inicial con un marcador de 16-7. Sin embargo, la reacción de Belgrano en la segunda mitad fue contundente. Aprovechando su juego de poder y a pesar de sufrir dos tarjetas amarillas casi consecutivas, el equipo visitante no solo empató el encuentro, sino que llegó a dar vuelta el score, poniendo en jaque a los locales.
El golpe final y la reacción
En el tramo decisivo, con el partido completamente abierto, un veloz contraataque de Alumni liderado por Ramón Fuentes y culminado con una precisa conversión de Bautista Canzani, devolvió la ventaja al equipo de la casa. Los últimos minutos fueron de una tensión insoportable, con Belgrano presionando en busca del empate o la victoria, pero la defensa local se mantuvo firme hasta el pitido final del árbitro Simón Larrubia.
El costo físico de la victoria
La intensidad del choque pasó factura a las plantillas. Varios jugadores, como Santiago Alduncín de Alumni y Franco Vega de Belgrano, debieron abandonar el campo de juego debido a lesiones, sumándose a otros delanteros y backs que sufrieron el rigor del encuentro. Las tribunas, colmadas de hinchas de ambas instituciones, vibraron con cada jugada, conscientes de que estaban presenciando un partido que trasciende lo deportivo.
Las voces de los protagonistas
Tras la victoria, el capitán de Alumni, Tomás Bivort, destacó el trabajo de su equipo: «Venimos trabajando mucho aspectos como el scrum, que era un déficit del año pasado. Es bueno ver que el trabajo paga». Por el lado de Belgrano, el medio-scrum Theo Blaksley fue autocrítico: «Tenemos que mejorar detalles que no ayudan, como las amarillas y los penales. Pero el año es largo».
Este clásico, con una rica historia que se remonta a mediados del siglo XX, volvió a demostrar por qué es una de las citas ineludibles del calendario rugbístico local. Más allá del resultado, ambos equipos elevaron el nivel con un despliegue de pasión y coraje que dejó una huella imborrable en los presentes.

