sábado, 16 mayo, 2026

Medellín: la meca moderna del reguetón

La segunda ciudad más grande de Colombia se ha consolidado como un destino de culto para los amantes del reguetón, atrayendo a turistas y artistas de todo el mundo.

De la noche en que Bad Bunny visitó Perro Negro en Medellín, quizá la discoteca de reguetón más famosa del mundo, se conoce poco. El dueño, Alejandro Cardona, recuerda que le comunicaron la visita de la estrella puertorriqueña el día anterior. Así que cuadró la logística, se disculpó por cancelar reservas y cerró el club al público general.

«Pero la gente se lo olió. Les pareció extraño que justo no abriéramos estando Bad Bunny en la ciudad», cuenta Cardona desde su despacho a BBC Mundo sobre aquella noche de 2022. Un gentío se atestó en una esquina del bullicioso barrio de Provenza, donde se encuentra Perro Negro, para ver al artista.

La reja del recinto contuvo a curiosos mientras el puertorriqueño rumbeaba dentro, rodeado de su círculo, poniéndole una sola condición al DJ: «Por favor, pon cualquier música, menos la mía». Se marchó a las 6:00 am. Meses después, Cardona se enteró que el disco que Bad Bunny acababa de lanzar llevaba una canción titulada con el nombre de su club, también conocido como «el templo del perreo».

El tema disparó aún más la popularidad de la discoteca y de Medellín como destino de culto para los amantes del reguetón. Aunque este género nació fuera de Colombia, explica este empresario, DJ y gestor cultural, «podemos decir que esta ciudad, de amplia tradición en la industria musical, se convirtió en su meca».

El reguetón emergió en Panamá gracias a migrantes antillanos y se consolidó en Puerto Rico. Desde fines de los años 90 y comienzos de los 2000, artistas boricuas como Tego Calderón, Daddy Yankee y Don Omar lideraron su internacionalización. «Se expandió por América Latina y el mundo y llegó a Medellín», dice la periodista cultural Andrea Yepes.

En Medellín, los ritmos llegan, gustan, se reversionan, triunfan y se reexportan con otro sello. Discos Fuentes, una de las primeras disqueras de América Latina, tiene su sede principal en la ciudad. «Tenemos una historia muy marcada por la industria musical, de escuchar música e ir a bares. Somos gente ‘toma trago’, bailadora… un caldo de cultivo para muchos géneros», amplía Cardona.

El golpe de efecto se produjo a comienzos de 2010, cuando el productor Sky y J Balvin cosecharon varios récords y éxitos. Según Yepes y Cardona, los productores locales desarrollaron una senda basada en canciones más familiares, universales, con un sonido más profesionalizado. «El perreo de Medellín es muy único porque es más globalizado. Colombia le bajó un tono a las letras, las hizo más escuchables para más generaciones», dice Cardona.

Por las zonas turísticas de la ciudad es frecuente ver souvenirs de J Balvin, Maluma, Karol G o Feid. Yenifer Cárdenas, una guía en el barrio turístico Comuna 13, destaca cómo el reguetón y el perreo hacen parte importante de la identidad actual de Medellín, que en los últimos años engrosa sus arcas en buena parte gracias al incremento del turismo.

Los días que BBC Mundo visitó la ciudad coincidieron con tres conciertos ofrecidos por Bad Bunny a fines de enero de 2026. La demanda hotelera se disparó. Apenas podían encontrarse espacios para rentar y muchos visitantes sufrieron cancelaciones de última hora a causa de arrendadores ávidos por exprimir sus ingresos. Es parte de la otra cara de esta urbe que, a base popularizarse como destino de ocio, acusa retos de gentrificación, subida de alquileres, consumo de drogas y turismo sexual, incluyendo explotación de menores.

De vuelta a Perro Negro, Cardona defiende que su club le ha dado al reguetón un trato distinto al habitual. «Queríamos un lugar donde se tratase al reguetón como a la música electrónica en Europa: mayor calidad de sonido, juego de luces, proponer un viaje desde los orígenes hasta la actualidad del género», dice el DJ. Una reserva en listas en fin de semana cuesta entre 40.000 y 50.000 pesos colombianos (entre US$10 y US$13). Un espacio asegurado en las mesas o asientos VIP vale desde 450.000 pesos (US$120).

Cardona reconoce que su público son sobre todo turistas, pero que eso no impide que otros bolsillos disfruten del reguetón en otros barrios de la ciudad a precios más asequibles. «El reguetón siempre tuvo ese toque político que permite disfrutarlo en lugares con entradas de 0 a 50 dólares y eso se ve aquí», asegura. Para él hay una cosa clara: «Puede haber un epicentro más comercial como Miami o más de producción como San Juan, pero es posible que Medellín sea la ciudad más grande del planeta donde se disfruta el reguetón todos los días».

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