Un menor de edad quedó prácticamente sin dientes tras una cirugía odontológica en la que se le extrajeron 12 piezas sin autorización familiar. El caso ocurrió en San Juan y generó un fallo judicial contra la profesional.
Un niño de San Juan sufrió una experiencia traumática luego de que una odontóloga le extrajera 12 dientes sin el consentimiento de sus padres. El hecho ocurrió en 2017 y recién en marzo de 2025 hubo una condena judicial.
El 6 de julio de 2017, el menor presentaba un fuerte dolor dental y fiebre alta, por lo que su madre, María Fernanda Lara, lo llevó al Hospital Rawson de San Juan, donde ella trabajaba. La primera profesional que lo atendió diagnosticó un flemón facial y una infección en una muela de leche. Se realizó una apertura cameral para drenar la infección y se recetaron antibióticos.
Ante la falta de mejoría, el niño fue internado en el Sanatorio Argentino, donde recibió antibióticos intravenosos durante 48 horas. Tras estabilizarse, recibió el alta el 8 de julio con indicación de seguimiento ambulatorio.
Semanas después, los padres buscaron a otro profesional para reparar la muela dañada. Por recomendaciones, llegaron a la odontóloga Romina Pellice en la Clínica San Blas. En dos consultas previas, la profesional no pudo revisar completamente la boca del niño debido a su inquietud, pero sugirió extraer la muela partida en un quirófano del Sanatorio CIMYN, programada para el 14 de septiembre de 2017.
Según consta en el juicio, Pellice no informó la cantidad exacta de piezas a extraer ni alternativas. Solo mencionó que luego de la cirugía el niño necesitaría un mantenedor de espacios. Tras la intervención, la odontóloga entregó a la madre un frasco con 12 dientes extraídos.
La abogada de la familia, Yamila Piozzi, afirmó que la extracción fue una decisión unilateral sin consentimiento, ya que el niño ingresó al quirófano sin dolor, inflamación ni fiebre. Además, los padres se enteraron de que se utilizó anestesia general en lugar de local.
Tras la cirugía, al menor solo le quedaron dos muelas superiores definitivas y los dientes delanteros. Esto le provocó problemas para alimentarse, sufrió bullying en la escuela, no pudo hacer deportes y requirió terapia fonoaudiológica para hablar correctamente. Su mandíbula dejó de crecer con normalidad y su rostro se modificó.
La odontóloga justificó su accionar argumentando que las encías no estaban sanas y que buscaba evitar futuras infecciones. Sin embargo, un peritaje del Círculo Odontológico cuestionó sus acciones.
Los padres denunciaron a Pellice, y a fines de marzo de 2025, la jueza Ana Carolina Parra la condenó a un año de prisión en suspenso y un año de inhabilitación profesional.

