Unos 20.000 marineros permanecen varados en el estrecho de Ormuz o sus inmediaciones desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero. La vía marítima, clave para el transporte global de petróleo y gas, permanece cerrada.
El estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, permanece bloqueado desde finales de febrero a raíz del conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Según datos de la Organización Marítima Internacional (OMI), unos 1.600 barcos y aproximadamente 20.000 marineros se encuentran varados en la zona.
El capitán Hassan Khan, marinero paquistaní que pidió mantener su identidad en reserva, declaró a la BBC: «Resulta realmente extraño que, por fuera, todo parezca normal, pero que la gente a bordo no esté tranquila». Khan afirmó que «el estrés nos acompaña constantemente» y que la tripulación «está sencillamente agotada: tanto física como mentalmente».
Irán cerró el paso marítimo días después del inicio de la guerra y condicionó el tránsito a su permiso expreso. «Es como si estuviéramos atrapados en un estanque. Solo hay una salida, y esa es Ormuz», señaló el capitán Shafiqul Islam, al mando del buque Banglar Joyjatra, con bandera de Bangladesh.
Islam intentó salir en dos ocasiones tras el alto el fuego anunciado el 8 de abril. En el primer intento, recibió la orden de no continuar el avance. En el segundo, Irán declaró que el estrecho estaría «completamente abierto» para buques comerciales, pero revirtió la decisión luego de que Estados Unidos mantuviera el bloqueo de sus puertos. Islam debió retroceder a menos de 30 millas náuticas del estrecho.
El abastecimiento de alimentos y agua se ha vuelto crítico. Rashedul Hasan, ingeniero jefe del Banglar Joyjatra, informó que el precio del agua se ha incrementado significativamente: «Compramos unas 180 toneladas de agua para el barco hace dos días. Anteriormente, esto habría costado entre US$1.500 y US$2.000; ahora, nos cuesta US$11.000». Un marinero coreano que pidió anonimato afirmó que «algunos proveedores de alimentos y agua están intentando aprovecharse de la situación para obtener beneficios excesivos».
La OMI registró 39 incidentes verificados en los que al menos 11 marineros perdieron la vida y uno permanece desaparecido. Islam relató que «a veces los misiles sobrevuelan un barco y, otras veces, los escombros caen sobre el siguiente». Sajid Masood, cocinero paquistaní en un buque petrolero, indicó que «los iraníes actúan para impedir el paso a cualquiera» mediante focos de luz y anuncios por altavoces.
Las compañías navieras, ante pérdidas millonarias, comenzaron a reducir salarios y beneficios, según Kamil, otro marinero paquistaní que solicitó anonimato. «Esta crisis ha puesto de manifiesto lo peligrosa que puede llegar a ser esta profesión», sostuvo, y expresó su preocupación de que «en futuros conflictos, el acceso a las vías navegables internacionales se convierta en un arma estratégica».
Unos 750 barcos lograron cruzar el estrecho desde el 28 de febrero, según la firma de datos marítimos Kpler. Jonathan Schroden, de la organización CNA, afirmó que los propietarios recurrieron a la diplomacia directa con Irán y que «pagaron una tarifa de varios millones de dólares por barco».
El gobierno de Bangladesh intentó gestionar la salida del Banglar Joyjatra a través de la Bangladesh Shipping Corporation (BSC). El comodoro Mahmudul Malek, director general de la BSC, declaró que Bangladesh accedió inicialmente a pagar el peaje exigido por Irán, pero que el plan fue descartado luego de que Estados Unidos amenazara con imponer sanciones a cualquier país que lo hiciera. «Ahora nos enfrentamos a una doble crisis», afirmó.

