José Domingo “El Negro” Pelliza trabajó durante décadas en el autódromo General San Martín y hoy revive con dolor su abandono, mientras el Gobierno de Mendoza evalúa un proyecto para revitalizar el predio.
Mientras el Gobierno de Mendoza volvió a poner sobre la mesa un proyecto para revitalizar el predio abandonado del autódromo General San Martín, en la memoria de José Domingo “El Negro” Pelliza siguen intactos los años en los que cientos de personas trabajaban para convertir ese lugar en uno de los circuitos más importantes del país. Para él, el deterioro del lugar no es solamente el abandono de una obra, sino la pérdida de décadas de esfuerzo colectivo.
“Yo he dedicado mi vida ahí”, contó Pelliza durante una extensa charla cargada de recuerdos. Su historia está ligada al Automóvil Club Mendoza, a las carreras nacionales y también a las jornadas interminables en las que él y muchos más pusieron el cuerpo para que el circuito pudiera funcionar.
El autódromo General San Martín fue inaugurado en 1974 y nació con una ambición clara: traer las grandes categorías nacionales a Mendoza. Pelliza recuerda que el circuito perimetral medía 5.021 metros porque el Turismo Carretera, en aquellos años, no corría en trazados menores a cinco kilómetros. “Ese autódromo estaba autorizado para Fórmula 1”, aseguró, explicando que el circuito mendocino había sido aprobado como alternativa internacional en caso de que Buenos Aires no pudiera recibir determinadas competencias.
El trazado llegó a recibir categorías nacionales e internacionales, incluyendo la Fórmula 2 Internacional y pilotos como Traverso, Di Palma y el Gurí Martínez. Sin embargo, lo que más emociona a Pelliza es el trabajo colectivo detrás del autódromo: las jornadas eternas, el sacrificio y la sensación de que todos empujaban para el mismo lado. “Lo hicimos entre todos”, resumió, recordando especialmente a Díaz Constantini, uno de los hombres que más peleó para que el autódromo se concretara.
Con los años, el circuito empezó a apagarse. Pelliza relata conflictos políticos, internas del automovilismo y promesas incumplidas, además del saqueo y la falta de mantenimiento que terminaron destruyendo gran parte de la infraestructura. “Todo lo demás se lo han afanado”, lamentó, describiendo cómo desaparecieron guardarraíles, portones y estructuras completas. Hoy apenas quedan el puente, parte de la torre de control y sectores del asfalto original.
“Yo viví toda la vida útil del autódromo”, insistió Pelliza, quien dice que estuvo en todas las carreras, en cada arreglo y en cada discusión importante. Por eso, cuando le preguntan qué siente al ver el lugar abandonado, responde: “Para mí es un desgarro. No puedo ir”.

