El múltiple medallista y actual entrenador en California analizó el crecimiento del esquí argentino, el factor psicológico en el alto rendimiento y las chances de los atletas nacionales de cara a Milano-Cortina 2026.
El esquí es un deporte con orígenes y principales focos de desarrollo en Norteamérica y Europa. En Argentina, su práctica queda sujeta a factores geográficos como la cordillera de Mendoza y la Patagonia. Sin embargo, el talento local logra romper barreras internacionales.
Matías Sopelana, nacido en San Martín de los Andes, cuenta con una trayectoria como múltiple medallista y actualmente se desempeña en Estados Unidos como entrenador de atletas que compiten en la máxima categoría mundial.
Los inicios en la Patagonia y el salto a las academias de Estados Unidos
—Hola, Matías. ¿Cómo nació tu relación con la nieve?
—Soy de San Martín de los Andes. Me pusieron unos esquíes a los dos años, al mismo tiempo que me daban una pelota de fútbol. Mis padres son instructores; mi papá lleva adelante la escuela de esquí de Chapelco desde hace varios años.
—¿Cómo es la estructura para formarse en Argentina?
—En Argentina nos manejamos a través de clubes, con categorías por edades desde los 5 u 8 años hasta mayores. La temporada dura entre tres y cuatro meses. Para los más chicos que tienen la posibilidad, el gran salto se da haciendo la contratemporada de uno o dos meses en Europa o Estados Unidos.
—¿Cómo se dio tu transición de competidor a entrenador?
—A los 16 o 17 años sufrí una rotura de rodilla. Ahí decidí volcarme hacia el entrenamiento. Me formé entre las temporadas de Argentina y Andorra. Luego di el salto a Aspen (Colorado, EE.UU.). Después estuve en Courchevel (Francia), en 2024 retomé en Jackson Hole y hoy me desempeño como entrenador en jefe del equipo de hombres mayores en Sugar Bowl Academy, una academia en California.
Tecnología y factor psicológico
—¿Cómo es el día a día del entrenamiento en el alto rendimiento?
—Usamos muchísimo el análisis de video. Marcamos el trazado con los palos y las puertas en la nieve, nos paramos en la mitad de la pista a filmar y luego evaluamos las bajadas. Buscamos emular lo que los corredores van a enfrentar el fin de semana en las carreras.
—¿Cómo se trabaja la cabeza en un deporte donde estás solo contra el reloj?
—Nuestra temporada dura unos siete meses, pero entrenamos casi diez meses al año. El desgaste físico y psicológico es tremendo. En la categoría de mayores, la clave es la paciencia. En los primeros dos o tres años es muy difícil ver resultados. Mostramos comparaciones con otros atletas de elite para que entiendan que hay un horizonte visible.
El fenómeno de Francesca Baruzzi y Tiziano Gravier
—Argentina viene teniendo resultados históricos. ¿Cómo lo ves?
—Argentina creció un montón en los últimos 10 o 15 años. Francesca Baruzzi y Tiziano Gravier son nuestros máximos exponentes. Francesca logró los primeros puntos para Argentina en la Copa del Mundo. Tiziano está asentado entre los mejores 30 o 40 del mundo. Que un país netamente futbolero logre esto hace que en Estados Unidos y Europa pongan un ojo en Argentina.
—¿Cuáles son las modalidades de competencia?
—Eslalon (Slalom): la más técnica, a dos bajadas. Eslalon Gigante: similar pero con mayor velocidad, también a dos bajadas. Velocidad (Supergigante y Descenso): puertas separadas por 40 o 50 metros, a una bajada directa. Combinada: una bajada de velocidad y otra técnica, tiempos sumados.
El semillero norteamericano
—¿Cómo viene tu año laboral en California?
—Logramos promover a Matías Wilson al equipo nacional de Estados Unidos. Otro atleta quedó tercero en el campeonato nacional. Por el lado del equipo estadounidense, tienen a Mikaela Shiffrin y recientemente se dio el regreso de Lindsey Vonn a los 41 años.
—¿Qué proyección le ves al esquí argentino?
—Gracias a la tecnología, las redes sociales y el espejo de Tiziano y Francesca, los chicos de los clubes ven un horizonte real. Hay más apoyo de los centros de esquí locales. Estoy convencido de que en los próximos 15 o 20 años Argentina va a lograr cosas todavía más grandes.

