El empresario mendocino Sergio Spadone, con 25 años de trayectoria en la exportación de vinos, detalló los desafíos logísticos y culturales para insertar vinos argentinos en China, señalando que el costo del transporte interno supera al flete internacional.
Sergio Spadone, hijo del reconocido empresario y político mendocino Carlos Pedro Spadone, cuenta con 25 años de trayectoria en el sector vitivinícola y es actualmente Secretario General de la Cámara Argentino China. En una entrevista, repasó cómo logró insertar vinos argentinos en el mercado chino y explicó los desafíos culturales y logísticos del negocio.
Spadone indicó que la necesidad de expandir el negocio familiar lo llevó a instalarse durante 14 años en China. Los primeros pasos se dieron en 2001, cuando viajaron a ese país gracias a los vínculos comerciales y políticos de su padre con China desde 1983. «A los tres años de iniciar el negocio, compramos con mi familia una pequeña bodega en el Valle de Aminga, La Rioja, y la fuimos agrandando. Surgió la necesidad de buscar mercados externos», afirmó Spadone.
En cuanto a la introducción del vino en China, señaló que el consumo de esta bebida no era habitual, ya que la bebida nacional es el baijiu (licor blanco). «Competir contra una tradición tan fuerte como el licor blanco y un mercado ya dominado por los franceses fue un desafío enorme; al principio caminábamos a ciegas porque directamente no existían estudios de mercado que nos orientaran», recordó Spadone.
Respecto al consumidor chino, Spadone explicó que evolucionó de un comprador inexperto que elegía lo más caro para regalar, a un consumidor actual que busca una buena relación precio-calidad. «Pasamos de un comprador inexperto que solo elegía lo más caro para regalar, a un consumidor actual frugal, exigente e inteligente», sostuvo.
Spadone identificó dos problemas estructurales para la exportación: la concentración de grandes grupos locales y los costos internos de logística. «Llevar el vino en camión desde Mendoza a Buenos Aires para embarcarse es más caro que el contenedor marítimo internacional hacia Europa o Asia», afirmó. Agregó que «la falta de infraestructura nos golpea directamente en la competitividad. Hoy todo se mueve por asfalto debido al desmantelamiento ferroviario, y terminamos pagando más por el transporte interno que por cruzar el océano».
Entre los choques culturales, mencionó la diferencia horaria de 11 horas y la necesidad de comunicación en persona. «Entre 2001 y 2002 viajé cinco veces a China en menos de un año. Ahí nos dimos cuenta de que era imposible manejar el negocio desde acá», comentó.
Finalmente, Spadone aconsejó a quienes quieran exportar a China que viajen al país. «En China las relaciones personales y el conocimiento cara a cara son fundamentales. Allá no le van a dar importancia a un correo electrónico. Necesitan recibirte, conocerte en persona y valorar la deferencia de haber ido hasta allá», concluyó.

