Conozca las características de cada variedad y cómo aprovecharlas en distintas preparaciones culinarias.
Los porotos, al igual que las lentejas y los garbanzos, pertenecen al grupo de las legumbres. Estos alimentos se obtienen de un fruto en forma de vaina que contiene semillas comestibles. Los porotos son de origen vegetal, se cosechan y consumen sin industrialización previa, aunque existen presentaciones en lata y conserva.
Los porotos contienen almidón, nutriente también presente en el arroz y las papas, y son ricos en fibra, sustancia que contribuye al tránsito intestinal. Existen múltiples variedades, pero las más consumidas son los porotos blancos y los porotos negros.
Diferencias entre porotos blancos y negros
Los porotos blancos tienen forma ovalada y mayor volumen. Su color es blanco o hueso y, al cocinarse, adquiere un tono amarillento. Su sabor es suave y se vuelven cremosos durante la cocción. Se utilizan en guisos tradicionales, hummus, cremas, purés, ensaladas y salsas.
Los porotos negros son más pequeños y planos. Su textura es firme y dura, por lo que no son recomendables para preparaciones que requieran granos cremosos. Tienen un sabor fuerte y se emplean en recetas donde los porotos son protagonistas, como medallones vegetarianos, platos brasileños, rellenos de tacos y frituras.
Remojo de legumbres
Al igual que otras legumbres, los porotos se remojan en agua antes de la cocción. Este proceso permite que el alimento absorba agua, se vuelva más tierno, aumente su digestibilidad y elimine sustancias presentes en su piel.

