Un nuevo ensayo clínico en Estados Unidos propone un tratamiento experimental para la preeclampsia, una complicación del embarazo que causa la muerte de más de 70.000 madres y 500.000 bebés al año en todo el mundo.
La preeclampsia es una complicación del embarazo caracterizada por hipertensión arterial que puede provocar accidentes cerebrovasculares y daños en órganos. Afecta a nivel global y, según datos de la Organización Mundial de la Salud, es responsable de la muerte de más de 70.000 madres y 500.000 bebés cada año. Hasta ahora, la única cura conocida es el parto.
Un equipo del Centro Médico Cedars-Sinai, en Estados Unidos, liderado por los profesores Ravi Thadhani y Ananth Karumanchim, realizó un ensayo clínico inicial con 16 mujeres diagnosticadas con preeclampsia grave y pretérmino. El tratamiento consistió en extraer sangre de las pacientes, filtrar una proteína denominada sFlt-1 —que los investigadores consideran causante de la afección— y devolver la sangre al cuerpo, en un proceso similar a la diálisis renal.
Los resultados, publicados en la revista Nature Medicine, indican que, en promedio, las participantes prolongaron sus embarazos 10 días sin efectos adversos para ellas ni para sus bebés. Maria Patzwald, una de las participantes, declaró a la BBC que su hijo Bennet nació a las 34 semanas, lo que consideró un hito importante para la supervivencia de bebés prematuros. «Sin este tratamiento, creo que habría nacido antes y le habría resultado mucho más difícil empezar la vida», afirmó.
El profesor Thadhani señaló que el objetivo es comenzar el tratamiento antes y realizar más sesiones para prolongar el embarazo varias semanas. «El objetivo es comenzar mucho antes y realizar más tratamientos… si comenzamos antes, potencialmente podemos [prolongar el embarazo] varias semanas», sostuvo.
La profesora Asma Khalil, obstetra consultora del Hospital St George’s de Londres, calificó el estudio como «muy prometedor» y destacó que un tratamiento que ataque la causa biológica del trastorno es «especialmente prometedor». Sin embargo, añadió que se necesitan ensayos aleatorios más amplios para confirmar los resultados.
Andrew Shennen, presidente de la organización benéfica Action on Pre-eclampsia y profesor de salud materna y fetal en el King’s College de Londres, reconoció que el proceso es ingenioso, pero advirtió que debido al reducido tamaño del ensayo, la seguridad real de la filtración sanguínea para madres y bebés sigue siendo una «gran incógnita». También señaló que la mayoría de las mujeres que fallecen por preeclampsia viven en países de bajos ingresos con escaso acceso a la atención médica, y que la tecnología de filtración es «bastante técnica», por lo que muchas podrían salvarse con terapias ya existentes. «Tenemos la tecnología para marcar la diferencia mañana mismo si tan solo mejoráramos algunos aspectos básicos», afirmó.
Thadhani respondió que el equipo necesario para filtrar la sangre es similar al de las máquinas de diálisis renal y que es «muy posible» que clínicas con escasos recursos puedan reconfigurar esas máquinas para tratar la preeclampsia. Además, anunció que a principios del próximo año comenzará un estudio más amplio y se mostró optimista de que el tratamiento pueda estar disponible en clínicas en los próximos tres a cinco años.
Maria Patzwald expresó su gratitud por haber participado en el estudio. «Hace unos días, hablé con un grupo de madres sobre [el estudio] y me agradecieron por tener el valor de participar y ayudar a aumentar las posibilidades de supervivencia de los bebés y las madres. Y entonces me di cuenta de que también puede ser algo de lo que yo me sienta orgullosa», declaró.

