El británico Will Adolphy contó en una entrevista con la BBC cómo se involucró en la ‘machosfera’, un espacio digital de misoginia, y cómo logró salir para convertirse en orador y consejero de adolescentes y hombres jóvenes.
El británico Will Adolphy relató en el programa Ready to Talk with Emma Barnett de la BBC su experiencia dentro de la llamada ‘machosfera’ y el proceso que lo llevó a abandonarla. Actualmente se desempeña como orador y consejero para jóvenes.
Según su testimonio, durante la adolescencia comenzó a aislarse de su familia tras consumir contenido de influencers que promovían una idea rígida de masculinidad. Se sumergió en la ‘machosfera’, un entorno en línea donde se difunden opiniones que sostienen que las mujeres deberían estar al servicio de los hombres.
Adolphy señaló que en la escuela percibió una fuerte presión por cumplir con lo que denominó ‘el estuche del hombre’: un conjunto de reglas no escritas que incluían no ser gay, no mostrar debilidad, ser estoico y atlético. Indicó que esos mensajes provenían de profesores, padres, películas, publicidad y música popular.
La separación de sus padres cuando tenía 17 años agravó su situación. Se mudó a la oficina de su padre y desarrolló una adicción a los videojuegos, que describió como su único refugio frente a los conflictos escolares y familiares.
Tras la universidad, comenzó a seguir a supuestos ‘donjuanes’ que ofrecían consejos para ganar confianza con las mujeres. Ese contenido lo llevó a profundizar en la ‘machosfera’. Afirmó que sentía presión por ser un ‘hombre verdadero’ y tener éxito económico, al mismo tiempo que recibía mensajes sobre no ser tóxico.
Con el surgimiento del movimiento #MeToo, Adolphy dijo sentirse frustrado. Como hombre blanco heterosexual, escuchaba que era privilegiado, pero en realidad se sentía miserable y sufría ataques de pánico. Relató que consumía videos que afirmaban que el feminismo era perjudicial para los hombres y que el mundo estaba amañado contra ellos.
Un influencer en particular se convirtió en una figura paternal para él. Tenía una pintura suya en la pared y lo citaba en conversaciones cotidianas. Eso le generó desconfianza hacia las mujeres y afectó su relación de pareja, que terminó durante la pandemia de covid-19.
En ese momento, dijo, comprendió que debía cambiar o su vida sería miserable. Siguiendo el consejo de una amistad, viajó a Gales durante una semana sin teléfono ni computadora, donde caminó, meditó y enfrentó sus emociones. Allí decidió capacitarse como terapeuta para ayudar a jóvenes y hombres en situaciones similares.
Adolphy afirmó que ahora comprende el daño que sufren mujeres y niñas y que puede escuchar discusiones sobre violencia de género. Considera que la clave para ayudar a los jóvenes es generar espacios de conexión y confianza donde puedan hablar sin sentirse avergonzados. Sostuvo que ‘las conexiones en la vida real son la cura’ y que al vincularse con personas reales, la influencia de los referentes en línea perdió su atractivo.

