domingo, 17 mayo, 2026

A 60 años de la Revolución Cultural en China: cómo marcó la historia del país

Millones de jóvenes fueron movilizados para atacar las ‘viejas ideas’, en una campaña de purgas, violencia y culto a la personalidad impulsada por Mao Zedong que transformó la sociedad china y dejó profundas cicatrices políticas y sociales.

La Revolución Cultural, de cuyo inicio se cumplen seis décadas, fue una de las etapas más complejas de la historia de China. En 1966, el líder comunista Mao Zedong ordenó una campaña nacional para purgar elementos considerados contrarrevolucionarios, influencias capitalistas y pensamiento burgués en el gobierno, la educación y el arte. La batalla no fue librada principalmente por la policía o los organismos de seguridad, sino por ciudadanos comunes —especialmente jóvenes— contra sus propios conciudadanos.

Según el historiador Yafeng Xia, profesor de la Universidad de Long Island en EE.UU., el mensaje de Mao era: ‘Rebélense contra su profesor, contra su maestro, contra su dirigente del partido, su superior, los jefes de fábrica. La rebelión está justificada’. La campaña, que oficialmente duró hasta 1976, transformó completamente la sociedad china y dejó profundas huellas políticas y culturales que aún siguen presentes en el país.

Mao llegó al poder en 1949 tras derrotar a las tropas nacionalistas del Kuomintang e instaurar la República Popular China. Tras siglos de dinastías imperiales, China había entrado en el siglo XX con un profundo atraso económico y marcada por las invasiones de potencias extranjeras. Las desigualdades entre ricos y pobres, entre el campo y la ciudad y entre hombres y mujeres eran enormes.

En 1958 lanzó el Gran Salto Adelante, un ambicioso programa para industrializar rápidamente la economía agraria. La agricultura fue colectivizada y se impusieron objetivos inalcanzables junto con erráticas políticas económicas. A comienzos de los años 1960, la economía y la agricultura chinas se habían hundido, lo que combinado con desastres naturales desembocó en una de las mayores hambrunas de la historia, con entre 20 y 40 millones de muertos.

El 16 de mayo de 1966, Mao promulgó una directiva destinada a deshacerse de sus oponentes políticos y revitalizar ideológicamente a la sociedad. La movilización fue masiva: campesinos, trabajadores y especialmente estudiantes fueron llamados a rebelarse contra sus superiores. El movimiento juvenil más emblemático fue la Guardia Roja, integrada por millones de estudiantes que surgieron por todo el país para hacer cumplir las enseñanzas de Mao.

La campaña se dirigió contra los ‘Cuatro Viejos’: viejas ideas, vieja cultura, viejas costumbres y viejos hábitos. Los guardias rojos recorrieron China destruyendo tradiciones consideradas incompatibles con la revolución. Maestros, intelectuales y personas señaladas como enemigas del Estado eran sacadas de sus casas, interrogadas, humilladas públicamente y golpeadas. Durante casi una década las universidades quedaron paralizadas y los hospitales funcionaron parcialmente. También fueron destruidos templos, tiendas, viviendas, libros y gran parte del patrimonio cultural chino.

En 1968 el movimiento se había salido de control y China estaba inmersa en violencia y caos. Se estima que cientos de miles de personas murieron en purgas y luchas de poder. Mao decidió frenar a la Guardia Roja y envió a unos 16 millones de jóvenes urbanos al campo para trabajar como agricultores. Aunque la historia oficial china considera que la Revolución Cultural se prolongó hasta 1976, los tres primeros años fueron los más radicales y violentos.

Mao murió en septiembre de 1976. Tras su muerte, el Partido Comunista chino lo presentó como un ‘gran héroe’ e intentó desvincularlo de los excesos. Los nuevos dirigentes procesaron a la llamada ‘Banda de los Cuatro’, integrada por su esposa Jiang Qing y otros radicales, condenados a cadena perpetua. Deng Xiaoping, quien se convirtió en líder supremo en 1978, impulsó un cambio de rumbo que combinó el comunismo político con la apertura económica capitalista.

Décadas después, la figura de Mao continúa generando divisiones en China. Según el historiador Yafeng Xia, más del 50% de los chinos todavía creen que Mao fue un gran líder, aunque las personas más educadas conocen lo ocurrido durante la Revolución Cultural.

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