La metrópoli china, conocida como la ‘capital del ciberpunk’, simboliza el avance tecnológico y económico del país, en un contexto de tensiones y diálogo con Estados Unidos.
Chongqing, una megaciudad en el suroeste de China, se ha convertido en un emblema de la transformación del país asiático. Con una inversión masiva en tecnología, robótica y energías renovables, la urbe muestra el rostro de una China que busca posicionarse como potencia global.
La ciudad, construida sobre montañas y con un paisaje vertical que combina rascacielos y puentes, atrae a turistas de todo el mundo. Su crecimiento, sin embargo, no está exento de desafíos: una deuda local elevada y tensiones económicas internas.
En el marco de la cumbre entre el presidente chino Xi Jinping y el mandatario estadounidense Donald Trump, Chongqing representa el contraste entre la planificación a largo plazo de Pekín y la política de ‘Estados Unidos primero’ de Washington.
La visita de Trump a China, casi una década después de su último viaje, ocurre en un momento de relaciones complejas, marcadas por disputas comerciales, tecnológicas y geopolíticas. Mientras tanto, Chongqing sigue brillando como un símbolo de la apuesta china por la innovación y la autosuficiencia.

