El proyecto de ampliación del principal aeropuerto de Chile busca triplicar su capacidad y alcanzar 84 millones de pasajeros anuales hacia 2050, con una inversión estimada de US$4.000 millones.
En la periferia de Santiago de Chile, donde la ciudad se diluye entre autopistas, cordones industriales y el telón de fondo de la cordillera, el Aeropuerto Arturo Merino Benítez comienza a redefinir su escala. Allí avanza un proyecto de construcción que no solo ampliará la infraestructura, sino que busca reposicionar al país en el mapa global de la conectividad aérea.
Con una inversión proyectada de US$4.000 millones, la iniciativa apunta a transformar por completo su funcionamiento. Se prevé integrar una tercera pista, un nuevo terminal y una expansión territorial sin precedentes. El objetivo es triplicar la capacidad y alcanzar hasta 84 millones de pasajeros al año hacia 2050, lo que lo convertiría en el aeropuerto más grande de Sudamérica.
El plan, impulsado por el Ministerio de Obras Públicas de Chile, se desarrollará entre 2035 y 2050, con una etapa previa de diseño que ya se encuentra en licitación a través de la Dirección de Aeropuertos. La expansión implicará un crecimiento significativo en la superficie del aeropuerto, que pasará de poco más de 1.000 a cerca de 2.400 hectáreas, principalmente hacia el sector norponiente de Santiago.
En paralelo, se proyecta duplicar la infraestructura construida, superar el millón de metros cuadrados y aumentar considerablemente las posiciones para aeronaves. Este rediseño responde a un diagnóstico claro: desde 2010, el tráfico aéreo en el principal aeropuerto chileno ha crecido a un ritmo cercano al 10% anual, lo que llevó a priorizar su ampliación por sobre la construcción de un segundo terminal en la macrozona central.
Desde una perspectiva internacional, el plan se alinea con la tendencia de consolidar grandes aeropuertos como nodos estratégicos de conectividad global. En América Latina, donde la infraestructura aeroportuaria enfrenta desafíos de capacidad, iniciativas de esta magnitud buscan mejorar la competitividad y atraer nuevas rutas intercontinentales.
Además, el proyecto incorpora criterios de sostenibilidad, con estándares de eficiencia energética, reducción de emisiones y uso de energías renovables, en línea con los compromisos ambientales del sector. La conectividad también será un eje central: se sumarán nuevos accesos viales y un tren ligero que articulará el movimiento interno del aeropuerto con la red de transporte urbano. A esto se suma la creación de áreas verdes y espacios públicos en el entorno, con el objetivo de integrar el recinto a la ciudad.

