Las baldosas con relieves que se ven en veredas y esquinas mendocinas tienen un origen japonés y una función clave para la accesibilidad urbana.
Caminar por Mendoza y ver esas franjas o relieves en las veredas es algo cada vez más común. Sin embargo, pocos saben que se trata de un invento japonés que cumple una función vital. Esas baldosas con puntos y franjas, por lo general de color gris, sirven para guiar y proteger a las personas con discapacidad visual.
Se llaman baldosas podotáctiles y fueron creadas en Japón en la década de 1960 por el ingeniero Seiichi Miyake, con el objetivo de ayudar a las personas ciegas o con baja visión a desplazarse de manera autónoma y segura en espacios públicos. Estas superficies tienen relieves que pueden percibirse con los pies o con el bastón, permitiendo “leer” el camino.
El diseño de líneas en relieve indica dirección segura para avanzar; los puntos advierten peligro o la necesidad de detenerse porque hay esquinas, cruces o escaleras. Básicamente, este sistema permite anticipar obstáculos y orientarse en entornos urbanos complejos. La primera vez que se colocaron fue en 1967 en Okayama, cerca de una escuela para ciegos.
En una ciudad como Mendoza, donde el tránsito y el movimiento peatonal son intensos, sobre todo en hora pico a las salidas escolares, estas baldosas cumplen un rol fundamental en la inclusión. Su instalación en veredas, esquinas y espacios públicos busca garantizar el derecho a circular de forma independiente. Aunque muchas personas pasan por encima sin notarlo, este invento proveniente de Japón representa un avance enorme en la accesibilidad urbana.

