En el corazón de Plaza Italia, un monumento recuerda a un hombre cuya historia está profundamente entrelazada con la de Sudamérica. Giuseppe Garibaldi, nacido en Niza en 1807, es celebrado como el ‘Héroe de los Dos Mundos’, un título que evidencia cómo su destino se forjó tanto en Europa como en América.
El exilio y la formación en América del Sur
Tras una condena a muerte en Italia por sus actividades revolucionarias, Garibaldi llegó a Río de Janeiro en 1835. Su primera experiencia bélica en el continente fue en la Guerra de los Farrapos en Brasil, luchando por la República Riograndense. Allí conoció a Ana María de Jesús Ribeiro, ‘Anita’, quien se convertiría en su compañera y símbolo de lucha.
Posteriormente, se estableció en Montevideo, inmerso en la Guerra Grande que enfrentaba a colorados y blancos, con la influencia de Juan Manuel de Rosas en el conflicto. Fue en este escenario donde Garibaldi, iniciado en la masonería local, comenzó a perfeccionar el estilo de combate que lo haría famoso.
La Legión Italiana y la guerra fluvial
Al mando de la Legión Italiana, Garibaldi adoptó y adaptó tácticas criollas. Organizó una fuerza móvil que combinaba infantería irregular con caballería ligera, integrando incluso lanceros a la usanza gaucha. Dominó el uso de boleadoras y se especializó en incursiones rápidas por los ríos Paraná y Uruguay, utilizando embarcaciones ligeras y brulotes (barcos incendiarios).
Sus acciones militares fueron significativas. Logró una destacada victoria en la Batalla de San Antonio en 1846, donde, con unos 400 hombres, resistió durante más de trece horas el asedio de una fuerza muy superior. Sin embargo, su paso por territorio argentino también dejó episodios controvertidos, como el saqueo de Gualeguaychú en 1845, actos que el propio Garibaldi admitiría en sus memorias.
De las pampas a la unificación italiana
En 1848, con la ebullición revolucionaria en Europa, Garibaldi regresó a Italia. La experiencia sudamericana fue fundamental: las tácticas de guerrilla, los movimientos rápidos y el aprovechamiento del terreno que había practicado en el Río de la Plata las replicó con los ‘Cazadores de los Alpes’.
Su momento cumbre llegó en 1860 con la Expedición de los Mil, que conquistó Sicilia y Nápoles, allanando el camino para la proclamación del Reino de Italia en 1861. La toma de Roma en 1870 completaría el proceso de unificación. Tras una vida de campañas, se retiró a la isla de Caprera, donde falleció en 1882.
Un legado entre dos mundos
La estatua en Mendoza no es solo un homenaje a un prócer italiano, sino el recordatorio de un capítulo compartido. Los años de Garibaldi en Sudamérica fueron su escuela militar y política, un periodo donde el futuro unificador de Italia se forjó en los conflictos y aprendió de las tradiciones bélicas rioplatenses, dejando una huella indeleble que conecta ambas orillas del Atlántico.

