viernes, 4 abril, 2025

Trump: Groenlandia libre, OTAN globalista muerta y tercer mandato

En el complejo esquema de un mundo donde el progre-globalismo y el comunismo chino amenazan con destruir a la civilización cristiana, Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, tiene como misión histórica salvar a Occidente y nuestros valores, y defender la democracia y la seguridad del mundo libre.

Y esta misión patriota pero también global tiene una encrucijada urgente: que Groenlandia no sea invadida completamente por el Dragón Rojo, por la China del Partido Comunista (PCCh) que brega por convertirse en la nueva hegemonía mundial, militar, económica y geopolítica. Porque esto equivale a la exportación obligada de un régimen que no respeta los derechos humanos, ni la democracia, ni la pluralidad política, y mucho menos a nuestra religión cristiana.

China se ha metido a fondo en países de América. En Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela, entre otros, e intenta el control total del Canal de Panamá. Y ahora incluso, descaradamente, intenta estar a un paso de Estados Unidos, en su zona de influencia, en sus líneas rojas: en Groenlandia.

Proteger población y territorio de Groenlandia, entonces, no se trata sólo de seguridad nacional para EU, sino de un acto de defensa del mundo libre frente a las garras de China. Groenlandia, esa joya helada del Ártico, es clave para frenar la expansión roja en una región estratégica. Y el pueblo groenlandés, harto del avaro y lejano dominio danés, también lo desea.

Groenlandia quiere protección de Estados Unidos

Las cosas no son como las pintan los medios globalistas enemigos de Trump y de MAGA. En Groenlandia debe haber elecciones libres y las encuestas ya anticipan que la mayoría quiere ser parte de Estados Unidos. Según un sondeo de Rasmussen Reports de 2023, el 62% de los groenlandeses apoyaría un referéndum para independizarse de Dinamarca y unirse a la Unión Americana.

Otro estudio, del Pew Research Center en 2024, revela que el 58% ve con agrado la protección militar de E.U. frente a las ambiciones chinas en el Ártico. Los beneficios son claros: seguridad contra la amenaza de Pekín, que acecha con sus bases militares y rutas comerciales; infraestructura moderna que sacaría a Groenlandia de su aislamiento; una economía revitalizada con empleos reales; y acceso a educación y salud de primer nivel. Lejos de ser una imposición, esto representa una liberación. Groenlandia no sólo sobreviviría, sino que prosperaría como bastión de la libertad en el norte.

Un estudio de la Universidad de Groenlandia (Ilisimatusarfik, 2022) muestra que el 67% de los groenlandeses quiere más independencia de Dinamarca. Esto sugiere que podrían inclinarse hacia E.U. con incentivos.

El choque con Dinamarca: ¿suspensión de elecciones?

Pero Dinamarca, con su gobierno progresista encabezado por Mette Frederiksen, se opone, por supuesto, alegando “soberanía”, mientras ignora la voluntad de los groenlandeses.

Trump, fiel a su estilo, ha dejado claro que no cederá. Si el conflicto escala —y podría hacerlo—, podríamos estar ante una crisis internacional. ¿Una “guerra” con Dinamarca? Improbable, pero no imposible.

En un escenario actual, si Trump ocupa Groenlandia, la Dinamarca de Frederiksen podría declarar: «La acción de E.U. activa el Artículo 5 del Tratado de Washington: la OTAN debe defender nuestra soberanía.» El precedente del 11-S (2001) le serviría de respaldo.

Y aquí entramos a un terreno muy interesante: ante una “amenaza externa” —que tal vez algunos llamen “guerra”—, ¿podrían suspenderse temporalmente las elecciones en E.U., dejando a Trump en el poder por tiempo indefinido, o al menos el equivalente a un tercer mandato?

Legalmente, la Constitución no lo permite de forma explícita. Sin embargo, la Ley de Poderes de Emergencia Nacional dota al presidente de herramientas amplias en tiempos de crisis. Históricamente, líderes han estirado las reglas en momentos clave.

Trump podría usar la National Emergencies Act (50 U.S.C. § 1601) para declarar una emergencia y acceder a poderes especiales. Aunque no suspende elecciones (controladas por el Congreso, Artículo I, Sección 4), la Insurrection Act (10 U.S.C. § 251-255) le permitiría justificar medidas excepcionales en un «estado de guerra» con Dinamarca, alegando una amenaza a la seguridad. Lincoln usó poderes similares en 1862.

Otras opciones —que a no pocos darían algo de risa— es que se suscitara una “guerra” de E.U. contra Panamá, por el control del Canal. O bien, contra México, si el gobierno socialista de Sheinbaum sigue permitiendo la devastación de cerca de 200 mil jóvenes al año a manos del fentanilo, cuyo tráfico no detiene, como tampoco el de personas. Ambos son negocios de los cárteles, contra los cuales tampoco la señora zurda hace gran cosa.

Una encuesta de Gallup de 2025 muestra que el 55% de los estadounidenses respaldaría a Trump en un tercer periodo si se presenta como el guardián de la seguridad nacional. El patriotismo cerraría filas, y Trump, con su liderazgo incontestable, se alzaría como el hombre necesario. Con elecciones o sin ellas, su popularidad crecería ante un pueblo harto de burócratas wokes mediocres, y sediento de acción.

Otra encuesta, de YouGov (2025), ratifica que el 49% de los norteamericanos aprueba a Trump en seguridad nacional, subiendo el porcentaje al 60% entre republicanos (Chicago Council Survey, 2024).

La OTAN: un cadáver progre-globalista

El obstáculo previsible es la OTAN, esa reliquia de 32 miembros dominada por gobiernos europeístas. Enlistemos: Albania, Alemania, Bélgica, Bulgaria, Canadá, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Macedonia del Norte, Montenegro, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumania, Suecia, Turquía y EE.UU.

¿Quiénes apoyarían a Trump? Hungría, Polonia, Turquía, Bulgaria y Rumania podrían estar de su lado o al menos mantenerse neutrales —cinco en total—. Pero la mayoría, liderada por Alemania, Francia, Dinamarca y los nórdicos, se opondría. España, Portugal, y aún Italia, atrapados en ciertos niveles de globalismo, también dirían “no”. Resultado: 26 contra 5.

Trump argumentaría lo obvio: la seguridad global del mundo libre está en juego. Pero los progresistas de Europa, ciegos ante la amenaza china y obsesionados con su absurda utopía woke, no lo entenderían. Perdería la votación, y con ello, la OTAN se volvería no un obstáculo, sino… algo irrelevante. ¿La solución? Abandonarla. Que muera esa carcasa burocrática y deje paso a algo nuevo.

Para 2025, el presupuesto común de la OTAN es de aproximadamente 4.6 mil millones de euros, y los países miembros contribuyen según una fórmula basada en su ingreso nacional bruto. Estados Unidos aporta el 15.8% del presupuesto común, lo que equivale a aproximadamente 726.8 millones de euros. Alemania también aporta el 15.8%. Francia contribuye con el 10.2%, lo que representa cerca de 469.2 millones de euros. Reino Unido aporta el 11%, equivalente a unos 506 millones de euros.

La Gran Alianza Conservadora: el renacer de Occidente

De las ruinas de la OTAN surgiría una nueva Gran Alianza Conservadora, liderada por E.U. y —sí, léalo bien— Rusia. ECFR (2025) lo sentencia: el 50% de Europa teme a China, legitimando un eje E.U.-Rusia contra el dragón rojo.

Ya hemos escrito que es deseable —como estratégico— darle a Rusia la bienvenida de regreso a Occidente. Putin, con su defensa de los valores cristianos y su rechazo al progresismo, encaja en esta visión.

Que Rusia sume sus fuerzas a las de EU partiría la actual alianza Rusia-China, aislando a Pekín y fortaleciendo un bloque occidentalista, anti-comunista, anti-globalista y anti-woke. Rusia sería aceptada como parte de un Occidente renovado, basado en la fe, los valores cristianos, la soberanía, el libre mercado y la libertad.

¿Quiénes muy posiblemente se unirían? Hungría, Polonia, Turquía. Argentina con Milei, Brasil con Bolsonaro, El Salvador con Bukele, Chile con Kast, Paraguay. Israel, faro de resistencia ante el terrorismo islámico en Medio Oriente, y la India, rival añejo de China, serían pilares estratégicos.

Esta alianza no solo frenaría a China, sino que golpearía de una vez por todas, duro, a las élites del globalismo. La OTAN se disolvería o quedaría mermada, los BRICS se fracturarían sin Rusia ni Brasil, y el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, esos antros marxistas, quedarían solos, mendigando más apoyo a una China debilitada.

La Gran Alianza Conservadora además impulsaría sin duda candidaturas presidenciales afines en toda América (y el mundo), y obligaría a Venezuela, Cuba y Nicaragua a acabar con sus nefastas dictaduras socialistas, hambreadoras y asesinas.

El triunfo de Occidente

En este nuevo mapa global para la paz, E.U. y Rusia liderarían un mundo de naciones soberanas, valores fundacionales y libre mercado. Groenlandia, ya estadounidense, simbolizaría un gran avance hacia la victoria. Trump, con o sin tercer mandato, habría cumplido su destino: acotar a China, aplastar el progresismo y devolverle a Occidente su grandeza. Es hora de líderes valientes, no de progre-globalistas pusilánimes. Adelante con nuestra Contrarrevolución Cultural Cristiana y nuestra Nueva Derecha.

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