Paula Martin: Siempre fui intransigente con los materiales que elijo para trabajar

Nacida en Argentina, Paula Martini pasó la mitad de su vida en Uruguay. Pero en ella, no hay nada de corazones partidos. Como dice, el Río de la Plata es su columna vertebral y sus pulmones respiran al unísono esa sudestada que abraza las dos orillas. Muta el agua dulce color león del puerto de Quinquela, que se va tiñendo lentamente como sus hilados, en azules salitres del mar Atlántico cuando se abre en las costas de Jose Ignacio, sin haber perdido el acento porteño y extrañamente sin haber incorporado, por lo menos en la charla con coterráneos, los modismos charrúas. Hace 25 años nació “Bajo el Alma”, su marca de ropa de siluetas infinitas de fibras naturales moldeadas por el viento y olas y teñidas a mano en ollas como detenidas en el tiempo. Únicas, luego de un paso por Bellas Artes de Buenos Aires, Parsons de Nueva York y Saint Martins  de Londres, casi en simultáneo con el proyecto de amor junto a Martn Pittaluga (65) uno de los dueños del mítico restaurante La Huella y uno de los visionarios de José Ignacio, el pueblo de pescadores que la vio crecer y que hoy tiene fama internacional.“Un pueblo que adoro y que es básicamente maníaco depresivo porque tiene tres minutos de fama y el resto del año vive sólo con los perros y el viento”, acota quitando risueña, cualquier lustre que quiera darle aquel que busque escalarlo con los resorts de lujo internacionales. Como todo en su vida, y en su arte, a Paula le gusta seguir volando bajito, para no perder la costumbre de tener esa perspectiva intimista y amorosa que te dan la cercanía de las cosas.

Noticias: ¿Cómo era esa Paula que llegó por primera vez a Punta del Este?

Paula Martini: Siempre fui muy dedicada a lo manual. Mis padres estaban separados, así que en donde fuese que me tocaba estar, ya fuera con mi padre o con mi madre, siempre estaba  acompañadísima por mis quehaceres manuales. Vine a Uruguay por primera vez por mi segundo papá. En esa época pasábamos los veranos en una casa en el bosque de San Rafael. Era una chica más bien ingenua con una educación tradicional de clase media alta sin muchas estridencias, la típica porteña veraneante de Punta del Este.

Noticias: Pero después en los noventa llegó la aventura de José Ignacio… 

Martini: Era enero de 1995,  yo tenía 22 años y estaba triste porque acababa de dejarme un novio, y una amiga mucho más viva que yo, estaba contratada para cocinar en El Galpón, restaurante nocturno y disparatado comandado por Martín Pittaluga y Arnaud Le Forrestier. Quedaba en la playa brava de José Ignacio, pegado a lo que hoy es La Huella, y me sumé a su proyecto sin ningún tipo de talento ni capacidad, así que aterricé a la aventura y valió la pena. Jose Ignacio era medianamente ignoto, un lugar con sus proyectos y mucha gente que venía a estar en lo suyo. Fue interesante la experiencia de servir a otra persona. Algo lindo en mi vida, al margen de la aventura, me impactó la experiencia de conocer otras miradas sobre la vida, otros pensamientos, otras formas de vivir. ¡Sin dejar de lado que en ese largo y bello verano también conocí a Martín (Pittaluga) mi actual marido!

Noticias: ¿Pero no se quedó?

Martini: No, me volví obediente a seguir en la Escuela Nacional de Bellas Artes, y atrás vino él. Cada uno siguió sus proyectos y diferentes actividades, hasta que nos casamos, y entonces volvimos a José Ignacio Y ahí combinamos nuestros quehaceres y armamos un proyecto en nuestra casa. El primer restaurante juntos.

Noticias: Volvió al lugar donde había comenzado todo, a comenzar otra nueva página de su historia

Martini: Martín ya tenía un recorrido laboral, trabaja en gastronomía desde que tiene 15 y hace 50 que trabaja en hospitalidad. Yo seguí siempre en torno a lo textil, pero cuando lo conocí en Jose Ignacio fue bastante orgánico que nuestro proyecto fuera irnos a vivir allí.

Noticias: Y nace “Bajo el alma”.

Martini: Desde el primer minuto “Bajo el alma” fue nuestra casa. Ahí siempre tuve un espacio propio que fue mi taller. Tenía todo el invierno para trabajar y en el verano lo convertía en una tienda pegada al restaurante, y mientras lo atendía iba y volvía. Él me acompaña a mi para conseguir cosas que yo necesito y yo lo apoyo en sus proyectos. 

Noticias: Durante años convivió con el éxito de La Huella, el restaurante de su marido, que en cuanto a demanda debe haber sido intensa.

Martini: ¡Fue un embole! Al principio sentí que padecía el síndrome de Estocolmo: estaba enamorada de mi secuestrador. Me quedé en José Ignacio con un cuento divino llamado “Bajo el alma”, pero a los años me quedé acá atrapada entre los proyectos de Martin. La movida de “Bajo el alma” a La Huella fue fuerte, porque rompió un poco lo que era el proyecto personal de una pareja, se abrió el juego. Arrancamos proyectos independientes, cada uno se fue a hacer lo suyo, y eso sumó y restó. Sumó, porque tener más proyectos te permite quedarte en el lugar donde quisiste quedarte y restó, porque La Huella demandó la presencia física de mi pareja. Se chupó todo el tiempo de Martín, y eso hizo que mis tiempos no fuesen tan míos. Mi lucha no fue contra La Huella en sí, sino contra el tiempo que Martín le dedicó a La Huella, que fue tiempo que me robó a mi hijos.

Noticias: Hace un año se mudaron a Buenos Aires, ¿fue por sus hijos? (Lorenzo, 16 y León, 9) 

Martini: Te miento si te digo que fue por ellos, porque en el fondo fue por nosotros. En parte, es verdad que nos pareció buena idea que crecieran con la percepción que la escala de la vida no es tan pequeña. Lo iban a aprender igual, pero me parecía interesante que una persona tan curiosa e interesada en la geopolítica como Lorenzo pudiera salirse de un mundo donde el colectivero lo llevaba a dar una vuelta a la plaza para soplar las velitas el dia de su cumpleaños, algo que es divino, pero que me parecía interesante que conociera una escala citadina. Pero la razón real por la que decidimos pasar tiempo en la ciudad fue por la necesidad que teníamos en dejar de repetirnos. Sentíamos que estábamos un poco automatizados en ciertas cosas y queríamos tener la oportunidad de romper esa situación.

Noticias: ¿Qué le enseñó Uruguay?

Martini: Me enseñó a bajar veinte cambios, a tratar de hablar en un lenguaje que el otro me entendiera. Cuando me mudé, tuve que ajustar un montón de lentes para volver a entender nuevas bellezas, valores, tiempos. Todas las personas que están a mi alrededor han sido impresionantes maestros de la pausa. Yo soy estridente, motivada, una persona llena de una fuerza que a veces me excede, y también me gustó poder intercalar un poco de otras miradas, tener un poco de feedback de personas creativas de gente que hace otras cosas. Cuando vivís aislada, porque yo viví aislada estos 20 años, no es lo mismo que cuando estás rodeada de otra escala de otro motor.

Noticias: En estos 25 años estuvo haciendo un apostolado de lo artesanal, del teñido a mano, algo que hoy se revaloriza como lujo pero que entonces había que sostenerlo

Martini: Desde el origen fui intransigente con los materiales que elegía para trabajar. Siempre fueron fibras de origen natural. Eso fue un compromiso enorme, profundo e inquebrantable. Después de eso hay manos, que hacen determinadas cosas que van surgiendo aquí y allá, y después pensas en que hacer, y eso es lo más fácil, lo más lúdico. Es un diálogo que vas tejiendo con vos misma. 

Noticias: Su marido dice que en dos años deja La Huella, y usted acaba de festejar sus 25 años y se expande a Buenos Aires, ¿polos opuestos?

Martini: Son los ciclos de la vida. Vas avanzando. Me importa que lo que hago me siga motivando y cuido que todo eso sea así. Tengo 50 años y esto llega en un momento en el que tengo seguridad, estoy más plantada y no tengo que estar justificando lo que hago. Y si Martín en dos años tiene ganas de hacerse a un lado de su trabajo, ojalá esté yo a su lado para poder apoyar lo que él apoyó durante tanto tiempo, porque si hay algo que yo pude hacer fue trabajar sabiendo que en los primeros años había alguien que me cubría las espaldas. ¡Ojalá que sea una rueda! 

Noticias: ¿Le vendería a una gran marca?

Martini: Jamás en gran escala. Mi meta es que me siga gustando lo que hago. A veces la economía te obliga a crecer un poquito para que todo siga estando estable. Muchas marcas se arrepienten de escalar porque les mata el espíritu del hacer, la motivación del trabajo, que no la sacas por arte de magia, y si no estás motivado, escalaste al pedo. No quiero que nada me mate lo que sostuve con un esfuerzo enorme contra vientos huracanados.  

Noticias: Después del festejo, ¿dónde se ve en cinco años? 

Martini: Me di cuenta de los 25 años a fin de año. Me puso contenta darme cuenta que habíamos resistido un montón de momentos que fueron re dificiles y salimos. Festejé saber que sigo haciendo algo que me gusta hacer y me proyecto haciendo lo mismo. En la película “El gusto de las cosas”, Juliette Binoche dice: “La felicidad está en seguir queriendo lo que uno tiene”, y me agarré de esa frase. 

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Se enamora de todas sus prendas, en especial de los materiales. | Foto:Gentileza Pompi Gutnisky y Grupo Mass.

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