Tras los cambios en la Ley ómnibus, Javier Milei se abre a negociar con la oposición pero advierte: Sólo pedidos lógicos

Javier Milei insiste con la necesidad de que en enero se avance en la Cámara de Diputado con el proyecto «Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos», la denominada «ley ómnibus» con la que impulsa cambios profundos en materia económica, política y social. Celebró, por esa razón, la gestión que hizo el ministro del Interior, Guillermo Francos, con el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, para asegurarse su apoyo y el de otros mandatarios patagónicos; y antes de emprender el vuelo rumbo a la Antártida, bajó línea puertas adentro del Gobierno para seguir negociando, aunque con una advertencia: convencido de que necesita al menos «el 70 por ciento» de lo que impone el proyecto de 664 artículos, avisó que aceptará «sólo pedidos lógicos».

Cerca del Presidente apuntan que la propuesta del Gobierno «no es que se vote a libro cerrado» pero que «tampoco se puede empezar con un toma y daca con cada sector porque si no se pierde la esencia del proyecto que es liberar a los argentinos de regulaciones que complican sus vidas».

También, reconocen, la estrategia es evitar mostrar señales de debilidad y negociar con dureza: «Si decís que vas a escuchar y cambiar lo que haya que cambiar, te van a querer cambiar todo», razonan. Por este mismo motivo, todas las voces del Gobierno repiten que no se prorrogarán las sesiones extraordinarias luego del 31 de enero, cuando hasta la propia hoja de ruta del oficialismo ya anticipa que para ser aprobada en el Senado requerirá hacerlo. «Primero que lo aprueben los diputados y después vemos», replican en un despacho de Casa Rosada.

El apuro que en el Gobierno presuponen que tiene un sector de la oposición obedece a la necesidad de los gobernadores de que se reviertan las modificaciones en Ganancias que hizo Sergio Massa en la campaña. A las provincias, que tuvieron que ajustar sus presupuestos porque el ex candidato de Unión por la Patria no pudo avanzar con la compensación que les había prometido, ya llegó el mensaje: «No se va a enviar el proyecto hasta que no salga la ley ómnibus».

Según un interlocutor inobjetable, en privado Milei marca que hay puntos de la ley que no cederá ni siquiera para conformar a la oposición más «dialoguista» que se divide entre querer apoyar los primeros pasos de su gestión pero entra en contradicción con que hay medidas que contempla el proyecto que le cuestionó a Alberto Fernández y al kirchnerismo en general. Por caso, la delegación de facultades extraordinarias para que el Ejecutivo actúe en el marco de una «emergencia pública» en materia económica, financiera, fiscal, previsional, de seguridad, defensa, tarifaria, energética, sanitaria y administrativa. Fue objetado por un sector del radicalismo, la Coalición Cívica y hasta en el ala no macrista del PRO.

«Es una herramienta que necesito sí ó sí, para tomar decisiones rápidas. En un momento como este no hay tiempo para esperar que algo salga en el Congreso, estamos ante una emergencia», le dijo Milei a una persona de su confianza en las últimas horas, pudo saber Clarín. «Es una pelotudez que me lo comparen con las facultades que pidió Alberto, esto no es nada», se quejó. En rigor, la ley 27.541 de «Solidaridad Social y Reactivación Productiva» aprobada en el marco de la pandemia tuvo similares alcances a los pretendidos por el actual oficialismo.

Es sólo un capítulo de los que el jefe de Estado considera inmodificables: «Estoy abierto a pedidos lógicos. Pero necesito sí o sí el 70 por ciento de lo que dice la ley, sin cosas que no puedo cambiar porque si no, no tiene sentido la ley».

Ese tercio restante podría servir de cartas en las distintas negociaciones que encará el Ejecutivo en los próximos días. «No hay intransigencia, sólo un norte claro hacia donde ir. No somos obtusos y vamos a trabajar para que salga la ley», completó un funcionario que habla con el mandatario todos los días y que, curiosamente, no es señalado como un «dialoguista» por la oposición.

El Presidente optó por mantener cierta distancia del debate interno que se generó en el Gobierno en torno a la falta de consultas previas a sectores políticos y empresariales que podrían verse afectados por la ley, como quedó expuesto en torno a la pesca. En la reuniones de Gabinete de esta semana, se limitó a ratificar el rumbo que pretende imponer su gestión pero evitó dar señales para uno y otro lado respecto a su postura.

Así, mientras no se subió a los trascendidos que dieron cuenta que los ministros Guillermo Francos (Interior) y Sandra Pettovello (Capital Humano), y el secretario de Trabajo, Omar Yasín, habían quedado descolocados por el alcance del proyecto en material laboral, por los puentes que tejieron para evitar que la CGT se sumara a las movilizaciones. Pero tampoco renegó del purismo evidenciado en el texto redactado por Federico Sturzenegger y supervisado por el jefe de Gabinete, Nicolás Posse.

Sucede que este último es, sin contar a su hermana -«El Jefe»- Karina Milei, la persona de mayor confianza del Presidente, por lo que todo lo que se valida en su despacho lleva implícito su aval. Y, más allá de que fue Sturzenegger quien elaboró el proyecto, ninguno de los capítulos pudo pasar sin su visto bueno.

Las versiones de diferencias entre Posse y Francos fueron desestimadas por el Presidente, que mandó a su vocero, Manuel Adorni, a aclarar que en el Gobierno «no hay ni una sola interna» y las atribuyó a «un rumor que generó la prensa sin ningún tipo de sustento». La desmentida oficial no significa que esas diferencias no existan.

Hacia afuera, Milei evitará hacer críticas a su tropa y está decidido a sostener la línea discursiva «a todo ó nada», para no mostrarse débil ante una oposición a la que advierte parapetada «porque quieren impedir que se terminen los curros». Pero puertas adentro el jefe de Estado admite cierta «falta de tacto» en el proceso de confección del proyecto. «Se sobregiró», dicen en su entorno sobre la postura de Sturzenegger.

Con esta premisa, el Presidente validó a Francos a convocar a Torres a Casa Rosada y dar la primera marcha atrás con el tema pesquero. «Es el limador de asperezas oficial, el que apaga el incendio», elogió Milei al ministro ante alguien que le consultó con preocupación sobre la posibilidad de que deje su cargo para ir de embajador: «No se va ni loco, es ireemplazable».

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