La activista iraní Narges Mohammadi ganó el Premio Nobel de la Paz 2023 pero está presa

La activista iraní Narges Mohammadi, recientemente galardonada con el Premio Nobel de la Paz, se encuentra actualmente encarcelada por su lucha contra la opresión de las mujeres y por los derechos humanos.

«El Comité del Nobel ha decidido conceder el Premio Nobel de la Paz 2023 a Narges Mohammadi por su lucha contra la opresión de las mujeres en Irán y su lucha por promover los derechos humanos y la libertad para todos«, dijo el comunicado oficial en la mañana de este viernes.

En enero de 2022 la condenaron a ocho años de prisión y 70 latigazos En enero de 2022 la condenaron a ocho años de prisión y 70 latigazos

El premio de este año, según el Comité, «también reconoce a los cientos de miles de personas que, el año anterior, se manifestaron contra las políticas de discriminación y opresión del régimen teocrático de Irán contra las mujeres«.

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Las chicas iraníes posan sin los hijabs obligatorios como modo de protesta. La lucha de las mujeres en Irán se ha difundido en diversas generaciones a pesar de la presión de los sectores conservadores. Foto: Human Rights Watch.

Las chicas iraníes posan sin los hijabs obligatorios como modo de protesta. La lucha de las mujeres en Irán se ha difundido en diversas generaciones a pesar de la presión de los sectores conservadores. Foto: Human Rights Watch.

Una vida de lucha

Periodista de 51 años, madre de gemelos adolescentes y activista por los derechos de las mujeres en su país, Irán, Narges Mohammadi dedicó su vida a defender los derechos humanos oponiéndose al uso del velo obligatorio para las mujeres o a la pena de muerte, por lo que fue reiteradamente detenida y encarcelada.

Condenada por última vez en enero de 2022 a ocho años de prisión y 70 latigazos, Mohammadi fue detenida por primera vez hace 22 años.

Según Reporteros Sin Fronteras, Mohammadi, encarcelada actualmente en la prisión de Evin en Teherán, es objeto de «un hostigamiento judicial y policial para silenciarla«.

El 16 de septiembre, ella y otras tres prisioneras quemaron sus velos en el patio de la cárcel, conmemorando el aniversario de la muerte de Mahsa Amini, según su cuenta de Instagram, gestionada por su familia.

Amini, una kurda iraní de 22 años, murió tras ser detenida por vulnerar presuntamente el estricto código de vestimenta para las mujeres, un episodio que desató un amplio movimiento de protesta en la República Islámica.

Dos meses antes, Mohammadi publicaba en Instagram un texto contra el velo obligatorio: «En este régimen autoritario, la voz de las mujeres está prohibida, el cabello de las mujeres está prohibido. (…) No aceptaré el hiyab obligatorio«.

Nacida en 1972 en Zanyán, en el noroeste de Irán, estudió Física antes de volverse ingeniera y se inició paralelamente en el periodismo, trabajando para diarios reformistas.

En los años 2000 se unió al Centro de Defensores de los Derechos Humanos, fundado por la también Premio Nobel de la Paz iraní Shirin Ebadi (distinguida en 2003, la primera mujer iraní y musulmana galardonada por el comité) y del cual es hoy vicepresidenta, luchando entre otras causas por la abolición de la pena de muerte.

«Narges podría haber salido del país pero siempre se negó, (…) se convirtió en la voz de los sin voz. Incluso en prisión, no olvida su deber e informa sobre la situación de los prisioneros», afirmó Reza Moini, activista iraní que reside en París.

En su libro «White Torture» («Tortura blanca»), Mohammadi denuncia las condiciones de vida de las prisioneras, especialmente en aislamiento, abusos que ella misma afirma haber sufrido.

Entre mayo de 2015 y octubre de 2020 fue encarcelada por haber «formado y dirigido un grupo ilegal», instando a abolir la pena capital, y fue condenada de nuevo en mayo de 2021 a 80 latigazos y 30 meses de detención por «propaganda contra el sistema» y «rebelión» contra la autoridad penitenciaria.

En noviembre de 2021 fue detenida cerca de Teherán, donde asistía a una ceremonia en memoria de un hombre muerto en 2019 durante una manifestación contra el aumento del precio del combustible.

«El precio de la lucha no es solamente la tortura y la cárcel, es un corazón que se desgarra con cada privación, un sufrimiento que penetra hasta la médula«, escribió Mohammadi a la agencia de noticias AFP en septiembre.

«Hace más de ocho años que no veo a Kiana y Ali, y hace más de un año y medio que no he escuchado siquiera su voz. Es un dolor insoportable e indescriptible», lamentó. Sus hijos gemelos, de 17 años, y su esposo, Taghi Rahmani, viven en Francia.

«En 24 años de matrimonio, hemos tenido solo cinco o seis de vida común«, indicó recientemente Rahmani, quien destaca que su esposa tiene una dolencia cardíaca.

Sin embargo, admite también que Narges «es la persona más decidida que conozco. Nunca se ha rendido, no pueden romperla«.

Por su parte, Mohammadi admitió no tener «prácticamente ninguna perspectiva de libertad», pero no ha dejado de destacar en su red social que «el pabellón de mujeres de Evin es uno de los pabellones de presas políticas más activos, resistentes y alegres de Irán».

«La prisión siempre ha sido el corazón de la oposición y de la resistencia en Irán, y para mí también encarna la esencia de la vida en toda su belleza«, sentenció la nueva Premio Nobel de la Paz.

►TE PUEDE INTERESAR: El escritor noruego Jon Fosse ganó el Premio Nobel de Literatura

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