natalia-oreiro-esta-casi-muerta-dirigida-por-fernan-mirasEspectáculos 

Natalia Oreiro está Casi muerta dirigida por Fernán Mirás

Natalia Oreiro no parece exhausta, yeso que es el último día de rodaje de Casi muerta, la película dirigida por el actor Fernán Mirás, que la tiene junto a Diego Velázquez como protagonistas, junto a un elenco donde se destacan Paola Barrientos, Ariel Staltari, Alberto Ajaka y Violeta Urtizberea.

El filme contará la historia de María (Oreiro) y Javi (Velázquez), amigos entrañables de toda la vida, distanciados desde hace un tiempo cuando él se fue a vivir a Montevideo. Un llamado provocará el regreso a Buenos Aires. A ella le queda sólo un mes de vida y le pide a su amigo que la acompañe para intentar encontrarle sentido a todo lo que está ocurriendo.

Uno de los enormes estudios que alberga Non-Stop, en la localidad de Munro, es el marco en el que se desarrolla una ficticia cena de Nochebuena. En el gran living con sillones, donde transcurre la acción, hay una biblioteca blanca y un sugerente árbol navideño. A un costado, el enorme ventanal deja entrar el reflejo de la luz solar artificial. Afuera el calor es insoportable, pero la ilusión del cine logra hacernos creer que el clima de las fiestas se adelantó unas semanas.

Natalia le pidió a Fernán que cuando dirigiera una próxima película, la llamara. Y lo hizo.

Bajo la atenta mirada y las indicaciones de Fernán Mirás, Oreiro ensaya con el niño Filippo Carrozza. La comunicación entre ambos es inmediata y tras la improvisación, viene el repaso de las líneas del diálogo, antes de rodar. Debemos ver todo a través del vidrio de una de las pesadas puertas herméticas, ya que no hay demasiado tiempo cuando se trabaja con pequeños. Sólo se dispone de cierta cantidad de horas para filmar y se requiere una absoluta concentración.

El clima es intenso y febril, aunque impera el silencio. Rodrigo Vila, productor y adaptador de la versión junto a Beatriz Carbajales, está pendiente de los mínimos detalles. Se ajustan luz y sonido mientras, bajo la mirada del director de arte Pepe Uría, se mueven de lugar algunos adornos que forman parte del decorado para lograr la armonía de colores que la circunstancia requiere. La maquilladora retoca los rostros para que el brillo no se imponga en la imagen. Se escucha la voz del asistente: “¡Silencio! ¡Acción!”

Tras terminar la escena, en un jardín aledaño poblado de árboles de tilos y plantas de jazmines, los actores y el cronista se sientan en bancos de cemento, en medio de ese perfume embriagador, tratando de aislarse del parloteo que los rodea.

Oreiro dice que ama a Fernán, “él lo sabe”.

-¿Qué opinión tenés de Fernán tras cinco semanas de rodaje?

-Oreiro: ¡Lo amo! Estoy enamorada de Fernán y él lo sabe…

-Mirás: No lo sabía…

-Oreiro: Bueno, te lo estoy confesando. Me encanta su energía, la forma de trabajar, la sensibilidad que tiene. Es una persona altamente sensible. Cuando me mudé en el ’94 a Buenos Aires, veía por todos lados el cartel de Tanguito (Tango feroz) y finalmente tuve la suerte de trabajar con él en la peli Relocas.

La claqueta del último día de rodaje del filme, en Munro.

Justo acababa de estrenarse El peso de la ley, su primera película como director, y me encantó. En ese momento le pedí, por favor, que cuando hiciera la segunda me avisara para hacer lo que sea, porque quería estar. Así que le puse un poco de presión para que me llamara y acá estamos. Íbamos a filmarla hace un año, pero recién ahora pudimos hacerlo.

-¿Cómo fue trabajar con un director actor?

-Oreiro: Es la primera vez que me pasa y es diferente. Hay algo de soltar de mi parte, que me cuesta mucho en todos mis trabajos. Con él lo logré, porque me pide las cosas desde la actuación, desde el intérprete. Él me habla con un lenguaje propio y confío. Soy una loca del monitor, de mirar a ver cómo salió la escena porque me cuesta mucho no controlar. Es una de las cosas que más tengo que trabajar, porque siento que, no poder soltar, atenta contra mi interpretación.

Oreiro cuenta que “soy una loca del monitor, de mirar a ver cómo salió la escena porque me cuesta mucho no controlar”.

-¿Cuesta tirarse al abismo sin red?

-Oreiro: El juego del actor es probar, porque es donde surgen las cosas más imprevistas, pero me cuesta confiar en no hacer un disparate. Lo hacía más de pendeja y ahora, con los años, me controlo mucho más. Ensayo antes y voy con una propuesta ya cerrada.

-Mirás: Es como que querés saber lo antes posible un montón de cosas…

-Oreiro: Nos pasaba que terminábamos lo del día y yo le preguntaba si podíamos ensayar lo del día siguiente. Necesito saber qué va a pasar, así me quedo sola, preparándolo. La inseguridad es mía, pero con él me sentí muy segura porque es un gran actor y desde su interpretación ve con sus ojos lo que me quiere pedir. Así que todo es culpa de él, es su responsabilidad…(ríe)

-Mirás: ¡Ah, mirá! Si sale para el orto ya sabemos (risotada).

Ya habían trabajado juntos, como actores en “Botines”, la tira de El Trece

-¿Qué te atrajo del guion?

-Oreiro: Es una comedia sobre la vida y los temas simples y cotidianos como la muerte, el amor, la amistad. En una misma escena podés llorar y matarte de risa al mismo tiempo, y eso lo logra él. Son situaciones tan trágicas que de tanto serlo te empezás a reír.

-¿Qué opinión tenés vos de Natalia?

-Mirás: Por un lado, conozco su carrera y siempre sentí que era una gran comediante, y por otro lado veo que los últimos diez años busca más cosas para no quedarse en la comodidad. Ella es lo más sincero que hay. Te puede decir si una escena le parece una mierda o te puede ser honesta y decir que no sabe si puede hacer lo que le estás pidiendo.

Mirás, a los pocos días de ser dado de alta, ya estaba buscando locaciones para “Casi muerta”.

Antes de la película en la que trabajamos juntos como actores, habíamos hecho un capítulo para Botines, una serie del Trece y nos sentimos muy cómodos. En los ensayos era muy obsesiva, pero al momento de actuar soltaba y estaba muy relajada, o ese día estaba muy drogada… (ambos ríen a carcajadas)

-¿Cuando actúas, pensás como director?

-Mirás: No, pienso lo que tengo que hacer y me gusta que ahí no debo decidir nada, salvo lo que yo tengo que hacer. Veo que el director padece porque le vienen a hablar al oído y hay mil cosas que tiene que atender, y para mí es como una vacación.

El buen clima entre Oreiro y Mirás se refleja durante la sesión de fotos para Clarín en el inmenso jardín de los estudios. La tarde va apaciguando el ritmo del día y ambos se entregan a posar para la lente, distendidos y en medio de bromas y chistes.

-¿Oreiro fue la primera opción?

Oreiro aceptó trabajar en el filme sin leer el guion.

-Mirás: Sí. Cuando se estaba adaptando el guion, les dije a Rodrigo (Vila) y Bea (Carbajales), que había trabajado con Natalia y que me encantaría ver si quería participar. La llamé desde un viaje que estaba haciendo…

-Oreiro: Yo sin leerlo, dije, sí, quiero.

-Mirás: Después empezó a tener miedo, porque pensó que tal vez era una cagada…(risas)

-Oreiro: ¡No!

-Mirás: Trabajé toda mi vida con actores y siempre siento como si fuera una cooperativa donde decidimos que hoy me toca dirigir. Es un rol, siento que eso me obliga a cumplirlo.

-Oreiro: Es que nuestro trabajo es una cooperativa porque es en equipo. Es algo colectivo, no podemos trabajar solos, y el director tiene una responsabilidad muy grande.

El detrás de escena, en pleno rodaje en los estudios en Munro.

-Mirás: Mi fantasía, cuando le propongo algo a un actor, es descubrir que es lo que tiene más ganas de hacer. Lo estoy pensando ahora al decirlo. Como actor, cuando alguien me propone algo que me interesa, todo sale a favor, mi disponibilidad y mi inconsciente asocian y sale fácil. Hay mucho de ir a pescar en un rodaje… La toma buena ya estaba hecha, pero hagamos otra y juguemos un poco a ver qué sucede. Encima, al tener un elenco de la puta madre, me sentí muy confiado.

-¿Cuál fue la escena más difícil?

-Mirás: La cena navideña…

-Oreiro: ¡Dieciséis páginas del guion!

-Mirás: Es una escena larga, muy de actuación, donde no hay ninguna cosa rara con la cámara. Sólo ellos actuando en un registro muy cómico generado por una serie de confusiones. Todos teníamos miedo de llegar a ese momento. Fue filmar las dieciséis páginas de guion con cada uno de los actores presentes, y luego habrá que editar el diálogo con las diferentes reacciones.

-Oreiro: Él hace muchas tomas, no de la escena sino muchos planos de opción.

-¿Fueron cinco semanas de rodaje, dos en Montevideo?

-Mirás: Sí, ahí fue difícil por el idioma… Todo se puso un poco más lento (risas).

-Oreiro: En la mayoría de mis trabajos tengo un coach, acá no, fue Fernán. Por ejemplo, en Eva (Santa Evita) tenía dos, uno para actuación y otro para trabajar la voz.

La película debería haberse filmado el año pasado, pero el problema de salud de Mirás demoró el inicio. Por esos días, en octubre, estaba protagonizando en teatro Art, junto a Pablo Echarri y Mike Amigorena. Comenzó a sentir dolor y mareos, y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente por un aneurisma cerebral. A los 52 años, y a pesar de algún pronóstico poco alentador, veinte días después recibió el alta.

Mirás volverá a “Art”, y Oreiro se tomará un descanso tras dos años de trabajo intenso.

-¿Cómo enfrentaron esta situación?

-Oreiro: El día anterior habíamos estado ensayando todo el día en casa. Cuando me enteré fue tremendo. Al día siguiente de la operación me llama haciéndome chistes desde la clínica. No podía creer las cosas que me decía… Estoy viendo locaciones, contaba…

-Mirás: La morfina tiene ese efecto…(ríe)

-¿Se adelantó a lo que ocurriría en esta película?

-Oreiro: ¡Tal cual! Yo preguntaba, ¿cómo hago esto? ¿Cómo lo resuelvo? Y él respondía, viste cuando me preguntabas cómo hacerlo…

-Mirás: Era un reflejo de lo que le ocurre al personaje de Natalia. Empezamos a evaluar a ver si estaba bien el guion, y los médicos y las enfermeras me asesoraban…

-Oreiro: ¡No hay mal que por bien no venga!

-Mirás: ¡Tan profesional que hice trabajo de campo! (ríe)

La escena navideña, dicen, fue la más difícil de todo el rodaje, con 16 páginas de guion.

Con producción de Particular Crowd, Cinema 7 Films y Non Stop, en coproducción con Montelona Cine (Uruguay), la comedia es una adaptación de Bypass, la película de origen vasco que fue nominada a 15 premios Goya, incluidos mejor película y mejor guion. El estreno está previsto para el año próximo, primero en cines y luego en la plataforma HBO Max.

Próximos pasos

Natalia Oreiro tendrá un descanso luego de dos años muy intensos. Pasará su tiempo libre en familia, con su hijo Merlín, de diez años y aprovechará para ocuparse de sus plantas. También en 2023 será el estreno de la segunda temporada de la serie Iosi, el espía arrepentido, que ya filmó junto al actor Gustavo Bassani, para Prime Video y que estará ambientada en 1994, durante el atentado a la sede de la AMIA.

“Tengo mucho respeto al teatro, aunque básicamente es miedo. Siempre que me ofrecen algo no puedo. La única vez que hice teatro (Las mariposas son libres) no tuve una buena experiencia con la directora”, afirma.

Fernán Mirás ya está editando la película y trabajando con Emilio Kauderer en la música. Luego irá a Chile en diciembre para unas funciones de Art (“Espero acordarme cómo era la letra”, dice. “Cualquier cosa yo puedo reemplazar a Amigorena”, sostiene Oreiro), y a partir del 18 de enero reestrenará la obra de Yasmina Reza en la cartelera porteña.

POS

Articulos relacionados