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“Se dice de mí”, ese hit que Alfredo Cornejo impuso entre sus fans y sus detractores

En el radicalismo de Mendoza (y fuera de ese ámbito) se amplifican las murmuraciones partidarias sobre Alfredo Cornejo. Que vuelve por la gobernación. Que se queda en CABA para consolidar su proyección nacional. Como el tero, pega el grito en un lado, pero pone el huevo en otro.

Cualquiera que conozca el pedigrí político del actual senador nacional sabe que de atribulado tiene poco y nada. Espera el momento. Le gustaría cumplir su promesa de que hasta febrero o marzo no hablará (en público) de candidaturas “sino de programas de gobierno” para una futura gestión de Juntos por el Cambio”.

Algunos atribuyen su supuesta indefinición a que no quiere debilitar al gobernador Rodolfo Suarez largando al ruedo, sin bozal legal, a los precandidatos radicales al sillón de San Martín. Otros traducen su falta de precisión informativa a que en realidad él quiere seguir en el orden nacional, pero no en un puesto difuso donde no pueda decidir. A él lo que le gusta (para decirlo en términos cristinistas) es usar la lapicera.

Cada vez que puede, Cornejo desliza que para lograr algún cambio efectivo en la Argentina hay que estar en las grandes ligas, algo difícil de concretar desde una gobernación. Ese es uno de los argumentos que parece avalar su supuesta decisión de jugar en el gran escenario nacional.

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El narrador

El sancarlino Cornejo ha sabido sacarle provecho a su cargo en la Cámara de Senadores de la Nación, donde es el presidente del Interbloque de Juntos por el Cambio. Anteriormente hizo lo mismo cuando fue jefe de la UCR nacional. Ha logrado organizarse y mejorar su poder de comunicación.

Día a día amasa “una narrativa” ( es decir, lo que para Cristina es “el relato”) a fin de defender el republicanismo, el liberalismo político y el saneamiento económico del país.

Ha ampliado sus lecturas. Ahora no sólo se sumerge en ensayos políticos sino que se ha enfrascado en la novelística. Su figura integra ese pequeño pelotón de referentes políticos que siempre tienen algo que decir. Si la señora de las cuatro décadas, de Ricardo Arjona, era la síntesis perfecta de experiencia y juventud, Alfredo Cornejo dice que para hacer política se debe lograr una combinación inteligente de pasión y raciocinio.

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Alfredo Cornejo desliza que para lograr algún cambio efectivo en la Argentina hay que estar en las grandes ligas, algo difícil de concretar desde una gobernación.

El detestado

Los kirchneristas, en general, y los camporistas mendocinos, en particular, lo detestan. Dentro de las huestes de Anabel Fernández Sagasti, se destaca en ese rubro el senador Lucas Ilardo y su espectáculo de stand up “Derribando Mitos Mendocinos”, que este año estuvo de gira por los departamentos de la Provincia.

En dicho show Ilardo se da a la tarea de desmontar lo que para él es un fenomenal cuento. Su tesis es que los radicales nos han hecho creer que ellos son más ordenados y criteriosos para manejar la cosa pública que, digamos, un Celso Jaque o un Paco Pérez, y que el responsable de esa mentira es “el petiso”.

Hay alguien del Frente Cambia Mendoza que lo saca de quicio a Cornejo. Es el referente del PRO y ex PD Omar de Marchi, hoy armador de Horacio Rodríguez Larreta. Lo que le molesta de ese lujanino, según suele explicar el ex gobernador, es que viva amenazando con que está por irse de Juntos por el Cambio, Cornejo lo cataloga de un buen dirigente que ha tenido éxitos por mérito propio, pero sobre todo por estar en Juntos por el Cambio. Traducción: por fuera de la coalición no los hubiera conseguido.

El chicote

¿Vio lector/a que los políticos con vocación de líderes nacionales siempre tienen a mano uno o varios “armadores”? Pues bien, en el caso de Cornejo, él es el armador excluyente de sí mismo. Y “esa voz” le dicta que se debe esperar “el mejor momento” para liberar el terreno de las candidaturas en la Provincia. Por lo bajo, algunos de los afectados comentan cosas como: “claro, los demás nos jodemos”.

Cornejo se agranda como galleta en agua cuando otros políticos de influencia nacional lo mencionan como “un dirigente de gran prestigio”, pero sobre todo cuando referentes de la sociedad civil hablan de las cosas que se hicieron bien en Mendoza durante su gobernación. Él, de manera particular, entiende que uno de sus aciertos fue haberle puesto un freno al “cogobierno” que las dirigencias de los gremios estatales habían instaurado en el Barrio Cívico con el aval de gobernadores peronistas.

Todos los precandidatos que están en la gatera provincial de la UCR dicen lo mismo de él. Que es, les guste o no, el mejor candidato para gobernador y que ganaría a chicote alzado. Y concluyen: si finalmente se decide a volver, yo me bajo.

Dirigentes de peso dentro del radicalismo nacional coinciden en que a Cornejo le ha llevado mucho tiempo y esfuerzo el consolidarse como figura nacional y que raramente vaya a posponer todo ese trabajo para volverse a Mendoza. Lo que de ninguna manera dejará es la costumbre de tener influencia sobre el candidato que finalmente pelee por la gobernación.

La incógnita es dónde concluirá si decide insistir con la aventura nacional. Su sueño de máxima es ser candidato a presidente pero sabe que, por ahora, a esa posibilidad le falta mucha vitamina.

Si Juntos por el Cambio instaura la fórmula presidencial mixta (uno del PRO y otro de la UCR), las loterías ya lo ubican a él como un posible vicepresidente, lo cual no le disgusta del todo, pero tampoco termina de convencerlo porque sabe que el historial argentino no les depara a los N° 2 grandes posibilidades de saltar luego a la Casa Rosada.

“Se dice de mí”, en versión Cornejo, parece que seguirá siendo un “hitazo” hasta bien entrado el verano.

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