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Cómo fue el partido de Lionel Messi: apenas diez minutos de magia antes de caer en la trampa de Arabia Saudita

Leo tuvo un gran comienzo de partido, pero después se fue apagando. Se lo notó en modo “ahorro de energía”.

22/11/2022 10:00

Actualizado al 22/11/2022 10:00

Lionel Messi empezó su aventura en su quinto Mundial. Y no fue un buen inicio. Para nada. Fue, en realidad, una desventura. Estuvo lejos, muy lejos, de brillar en esta inconclusa Ciudad de la Energía, donde se erige el estadio Lusail, el más grande de todos los lujosos escenarios que disfrutan del mejor fútbol en este atípico Mundial de fin de año en Medio Oriente, el otro lugar en el planeta donde muchos lo adoran como a un dios pagano. 

Lo hizo con un partido en el que nada fluyó. Él, el mejor del mundo, el que llegaba tranquilo y confiado, se fue desdibujando con el correr de los minutos. Se apagó. Le costó a Leo interpretar el partido que le propuso Arabia Saudita. Lució maniatado por el planteo táctico súper celoso que diseñó el francés Hervé Renard, que no le hizo marca personal, pero sí le quitó espacios con un bloque compacto que se movió acompasadamente, achicando espacios, para dejarlo siempre sin alternativas para descargar con claridad o acelerar a fondo.

Lionel Messi maniobra ante la marca de Al Dawsari. (Fernando De la Orden, enviado especial)

Y eso que todo había comenzado con el viento, eso que escasea por acá, a favor. Un minuto y medio se demoró para tener su primera chance de gol en su estreno Qatar 2022. Encontró una pelota suelta en el área rival, un regalo, tras un intento de media vuelta de Lautaro Martínez. Remató franco al arco, sin oposición, casi desde el punto penal. Pero el arquero Mohammed Al Owais se estiró y le sacó el grito de gol que hubiera sido tranquilizador. Para la Selección Argentina. Y también para él, siempre letal en el área a lo largo de su carrera, pero con poca fortuna en Mundiales.

Sin embargo, Messi se sacó rápido la mochila de encima luego del ¿penal?, vía VAR, que le cometieron a Leandro Paredes. Remate suave a la derecha de Al Owais, que esta vez no tuvo los dotes de adivino para amargar al capitán argentino. Era su séptimo grito en 20 partidos en Mundiales.

Esos diez minutos fueron los mejores de Messi. Es que al igual que sus compañeros no se sintió cómodo a lo largo del primer tiempo. Recién en el último tramo del período inicial el equipo empezó a hacer circular la pelota para tratar de encontrar espacios. Fueron los pocos rasgos de Scaloneta que mostró la Selección en este caluroso mediodía qatarí. Leo buscaba su lugar para finalizar las jugadas y no lo encontraba. Tampoco buscó vestirse de enganche. Se lo notó en modo ahorro de energía. Justo en la Ciudad de la Energía.

Messi se cubre el rostro en el debut de Argentina frente a Arabia Saudita. (Fernando De la Orden, enviado especial)

No vino lo mejor después. Apenas se vieron unos pocos chispazos de Messi en una segunda parte que fue para el olvido. Perdió la pelota, fruto de la presión de Arabia, en el 1-1. Luego, seis minutos después llegó el segundo. Y la confusión se transformó en desesperación.

A la Pulga se lo vio impreciso, por momentos fastidioso. Agobiado por el partido que no le salía y porque no encontraba jamás espacios para hacer una diferencia. Tuvo un tiro libre, de esos que mete casi siempre, que se fue demasiado alto. Antes había participado de una buena triangulación con Di María y De Paul, pero cuando se aprestaba a rematar llegó el cierre salvador de Hassan Altambakti. Tampoco supo qué hacer cuando el arco había quedado desprotegido. Quiso tirar una gambeta y terminó sin chances de nada. También tuvo un cabezazo, ya sobre la hora, pero volvió a toparse con Al Owais. 

Messi probó de cabeza, pero tampoco pudo cambiar la historia del partido. (Fernando De la Orden, enviado especial)

Demasiado poco para Messi, que seguramente estará con la sangre en el ojo. Scaloni siempre se preguntó cómo respondería este equipo, que dejó atrás un invicto de 36 partidos, ante la adversidad. La adversidad llegó en el estreno mundialista. Una inteligente y rigurosa Arabia Saudita le puso un violento freno de mano al entusiasmo. Es una derrota dolorosa, sí. Es una derrota que también puede ser un punto de partida. Eso sí, para subir la cuesta se necesitará mucho más del mejor Messi.

Doha, Qatar. Enviado especial.

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