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Los emojis cumplen 40 años: la historia detrás del primer smiley que revolucionó internet

Los emoticones y posteriormente los emojis se han convertido en un elemento central de nuestras conversaciones. Te contamos cómo nacieron y cómo ha ido cambiando su uso.

A 40 años de la creación del smiley, el primer emoji. (Foto: AdobeStock)

La historia de los emojis ya tiene 40 años. La idea que nació como forma de transmitir emociones a través de líneas de texto con dos o tres caracteres fue un éxito instantáneo y acompañó al desarrollo y consolidación de la comunicación digital desde entonces.

Hoy, cuatro décadas después, los emoticones y emojis se han convertido en un elemento central de nuestras conversaciones, no solo en Internet, sino también fuera de la Red. Esta es la historia del nacimiento de 🙂, el primer smiley.

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Todo comenzó con un mensaje publicado en uno de los primeros foros online, allá por septiembre de 1982, en la Universidad de Carnegie Mellon, Pittsburg.

El smiley 🙂 es el antecesor de los emojis. Fue creado hace 40 años.(Foto: Adobe Stock)

En esa época, profesores y estudiantes de Informática, se enviaban mensajes a través de Arpanet, la red precursora de Internet, y los publicaban en muros digitales de los diferentes foros online.

La primitiva red se utilizaba para chatear de todo lo referente a la vida universitaria y mucho más. Scott E. Fahlman, un investigador de la universidad, notó que mucha gente solía quejarse por ciertos mensajes y respondían indignados. La comunidad que participaba en estos foros estaba formada en su mayoría por informáticos con predilección por el sarcasmo y el humor irónico. Por lo tanto, muchas publicaciones pretendían ser divertidas y en broma.

Pero como algunos no comprendían la intención jocosa de algunos mensajes, se ofendían y se enojaban. Y era entendible: los mensajes de texto carecen de los elementos que dejan claro en una conversación lo que alguien quiere decir. El tono de voz, así como las expresiones faciales y los gestos están ausentes en la comunicación escrita.

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Así fue que para evitar cualquier confrontación se discutió la posibilidad de etiquetar los chistes como tales y Fahlman sugirió una combinación de dos puntos, guion y paréntesis que debían mirarse de costado. Así nació el primer emoji, el “smiley 🙂.

Un tiempo después de su “invención”, Fahlman explicó que en realidad él solamente quiso divertir a las pocas personas implicadas en las conversaciones. Sin embargo, claramente dio en el blanco de algo que faltaba en la comunicación digital. Casi de manera instantánea, el smiley, o sonrisa, se extendió desde la universidad a través de Arpanet y años después por todo el mundo con la llegada de Internet y su posterior expansión global.

El uso de los emojis en la actualidad

En la comunicación escrita, los emojis con forma de caras, señales con las manos, corazones y otras imágenes en miniatura expresan el estado de ánimo del emisor o el tono del mensaje y su función ya se considera un parte importante de toda comunicación escrita.

Pero en los mensajes de texto actuales, los emojis y emoticonos también cumplen otras funciones, además de expresar cómo uno quiere que se entienda algo.

Por ejemplo, suelen servir como signos de puntuación. Si se pone un emoji en lugar de un punto, el texto adquiere un significado expresivo. Además garantizan una simplificación de la comunicación, como cuando se usa el pulgar para arriba en lugar de una respuesta escrita para aprobar o estar de acuerdo en lo que contó el interlocutor.

Por el contrario, si no se utiliza ningún emoji en un chat también puede tomarse como una señal de que la persona quiso decir realmente lo que escribió.

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Hoy ya hay más de 3600 emojis disponibles para expresar casi todas las emociones y tonos y abordar eficazmente ese problema original que identificó Fahlman: dar a nuestras palabras un sentido más profundo y claro, ya sea con una mano agitando, una cara llorando o un personaje curioso con un monóculo.

Ahí es donde la creación de Fahlman resulta útil: es casi imposible causar una gran confusión o una grave molestia si finalizamos una oración con 🙂.

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