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Terminó “Better Call Saul”: poesía visual, simbolismo y potencia actoral en un cierre que derrochó calidad

La serie protagonizada por Bob Odenkirk llegó a su final con todas las referencias posibles a su predecesora, “Breaking Bad”.

Bob Odenkirk es el protagonista de “Better Call Saul”. (Foto: Netflix)

*Esta nota contiene spoilers.

“¿A qué época viajarías con una máquina del tiempo?”. La pregunta que un par de veces hace Saul Goodman en los flashbacks de Better Call Saul que van apareciendo en su magistral y poético último episodio es apropiada para descifrar su cierre.

Ese interrogante no tiene nada de ciencia ficción. Es una excusa perfecta para desgranar a un personaje que siempre tuvo una esencia y, ahora, busca redimirse con uno de sus tantos perfiles. ¿Hasta dónde llegar dentro de la mente para aceptar errores del pasado?

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El abogado más rápido de Albuquerque, el que sacaba presos a cualquier hora, el que pergeñaba las mejores estafas que hubiera va hasta lo más profundo de sus recuerdos para salvar a su propio ser. Saul Goodman busca en todos sus recursos profesionales y mentales, elementos para rescatar del ocaso a Jimmy McGill, su verdadera identidad, el hermano menor, el desplazado, al que siempre postergaban.

Qué pasó en el último episodio de “Better Call Saul”

El episodio 13 de la temporada final fue dirigido por Peter Gould, el cocreador de la serie junto a Vince Gilligan. Su hora y nueve minutos de duración es un finísimo y elaborado epílogo que hace concluir todo lo que ya se vio a lo largo del último tiempo: Saul/Jimmy/Gene no logra escapar por mucho más de su pasado sucio de lavarle dinero a Walter White/Heisenberg en Breaking Bad.

Los creadores de Better Call Saul Vince Gillian y Peter Gould tomaron la decisión de segmentar en dos partes la última temporada. Fue tortuosa la realización del final debido a las limitaciones para rodar por la pandemia de coronavirus que complicó a Hollywood y, también, por el reordenamiento de la agenda debido al infarto que sufrió el protagonista, Bob Odenkirk, en medio del rodaje.

En esta imagen difundida por AMC, Bob Odenkirk en una escena de “Better Call Saul”. (Greg Lewis/AMC vía AP)

A la vez, la división que hicieron -un poco a la fuerza- también se volcó al estilo. Mientras que los primeros episodios siguen el andarivel del color y el blanco y negro aparece solo por momentos, en los últimos esta elección es la que predomina.

Los tiempos de la trama son importantes. Unos son el pasado; los otros, el futuro. Gould y Gilligan lo plantean desde el primer minuto. El destino opaco de Gene Takavic es la antítesis de los colores histriónicos tanto de los trajes del comienzo de Saul Goodman y Jimmy como de la textura de la imagen.

Pero también hay un correlato con el contenido de lo que se ve. Porque los últimos episodios están lejos del tono explosivo de la mitad de temporada en la que se resuelven los impactantes finales de Nacho Varga, Howard Hamlin y Lalo Salamanca, mientras Gustavo Fring y Mike Ehrmantraut terminan de formar su perfil.

Los capítulos parecen haber sido cocinados a fuego lento, con un desborde de simbolismos, citas al cine de suspenso de la década del ‘60 y referencias directas a Breaking Bad. Todo, sí, sin dejar de lado la tensión, las dudas y el misterio de lo que los fanáticos querían saber: ¿qué pasó entre Saul Goodman y Kim Wexler?

Rhea Seehorn y Bob Odenkirk, como Kim Wexler y Saul Goodman en “Better Call Saul” (Foto: Netflix)

Como un boomerang que le explota en la mano, la última gran estafa que buscó hacer Jimmy/Saul, en su identidad de Gene Takavic, no le salió del todo bien. Una anciana llamada Marion, encarnada por la fenomenal comediante Carol Burnett, lo descubrió y, entonces, la última parte tiene a Saul caído en desgracia.

Por qué se usó el blanco y negro en los episodios finales de “Better Call Saul”

Su habilidad irá marcando el pulso de un episodio que vuelve a dejar retazos de colores en el blanco y negro. Como hizo Steven Spielberg en La lista de Schindler con el vestido de una nena que se ve rojo mientras camina por un campo de concentración, los creadores, también, realzan dos únicos momentos en los episodios que dirigieron.

Gilligan hace que se iluminen en los lentes de Saul el amarillo furioso de la publicidad de “Better Call Saul” que el personaje ve en el cierre del anteúltimo episodio. Gould le da algo de fuego rojo a la chispa apagada entre Kim y Jimmy cuando, en la cárcel, ella le prende un cigarrillo a él. Donde hubo fuego, cenizas quedan, dice el refrán.

Los encuadres, la iluminación, los saltos de eje, los primeros planos, los planos generales: todo está puesto por algo. Un cartel de salida que se ve al revés, una sombra que tapa una cara, un círculo que engloba a Kim, un fundido que pone en paralelo a dos personajes, otro que apaga a Chuck y enciende a Saul, o una reja que ubica a Mike en un lugar diferente.

En los últimos episodios de “Better Call Saul” predominó el blanco y negro. (Foto: Netflix)

Nada de lo que la imagen saca a relucir está puesto porque sí, como ocurre con infinidad de ficciones. Por eso Better Call Saul se convirtió en una de las mejores series de la televisión y le compite de igual a igual a Breaking Bad, la historia de la que salió.

Better Call Saul funciona todo el tiempo como un espejo de Breaking Bad. Por momentos se miran entre sí y replican ciertas estructuras. El final, un poco, tiene eso, porque sale a luz la esencia de sus protagonistas. Mientras que Walter White salva a Jesse Pinkman de los nazis que lo tenían esclavizado cocinando la metanfetamina con un elaborado invento armamentístico, Saul Goodman engaña a todos, aunque esta vez con la verdad, para pasar la menor cantidad de tiempo preso.

La pregunta del comienzo de esta reseña, a la vez, está relacionada con una novela que se ve en la mano del hermano de Jimmy, Chuck, en uno de los flashbacks. En el epílogo de La máquina del tiempo, la novela de HG Wells, hay una reflexión sobre el futuro que se emparenta exactamente con lo que vive el personaje principal de Better Call Saul.

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“Para mí el futuro sigue siendo negro y blanco: es una gran ignorancia, iluminada en algunos lugares casuales por el recuerdo de su historia. Tengo a mi lado, para mi consuelo, dos extrañas flores blancas para atestiguar que incluso cuando la mente y la fuerza se fueron, la gratitud y una ternura mutua aún vivían en el corazón del hombre”.

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