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Domingo Tellechea, el mendocino que fue el último restaurador del cadáver de Evita

Una de las aristas mágicas que aún conservan las redacciones de los diarios es que siguen siendo un punto adonde llegan historias reales que parecen de ficción. Esta es una, y comenzó el martes pasado cuando Fabricio, encargado de las redes sociales en UNO, se acercó a un periodista y le comentó: “Che, parece que murió el último restaurador del cadáver de Eva Perón. Era mendocino”.

Fabricio se refería a Domingo Isaac Tellechea, pero los demás datos se le volaban. Los tenía su tía Tita, que vive en San José (Guaymallén) y es sobrina de don Domingo.

A la mañana siguiente, la bicicleta del cronista se estacionó en la puerta de lo de Tita, ubicada en una calle estrecha, muy cerca del Espacio Cultural Le Parc.

Alicia “Tita” Vidal (76) invitó a pasar y, tras las presentaciones de rigor, contó que su tío Domingo había muerto hace poco.

“Pero me gustaría que desde el cielo él sepa que no lo olvidamos“, dijo. Y se puso a repasar las experiencias vividas con aquel coterráneo que -ella también lo asegura- fue la última persona que restauró el cadáver de Evita.

“Lo hizo sin cobrar un solo peso, porque él era peronista y lo consideraba una obligación moral“, sentenció la señora, mientras sacaba de un sobre notas periodísticas de los 90′ y fotos que había preparado para cuando alguien le viniera a preguntar sobre el tema.

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Tita prefiere que no la retraten, pero conserva un recuerdo entrañable de Domingo Tellechea.

El museo ambulante

“Yo conocí bien a mi tío Domingo porque trabajé con él en un museo ambulante de figuras de cera que montó en Mendoza hace sesenta años. Ubicó a los muñecos en una sala que nos daba Canal 7, y cada tanto íbamos por los departamentos cargando en un camión a la réplica de Mahatma Gandhi, o a una reconstrucción de los indios huarpes o de José de San Martín”, relató Tita.

“Es más: al San Martín le hicimos una capa; entonces le poníamos un ventilador enfrente y la capa flameaba como si estuviera cruzando la cordillera”, ilustró.

Domingo, apasionado autodidacta, estudió anatomía, química, física y dibujo. “Después hizo un viaje a Brasil y se trajo unas arañas así de grandes que yo me ponía en los brazos y que sumamos al museo. También me enseñó a manejar serpientes”, repasó la vecina de San José, muy emocionada.

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Tita Vidal cuenta que Domingo participaba de los carnavales de Guaymallén durante su adolescencia y que “siempre ganaba, porque hacía unas máscaras buenísimas”.

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La llamada de 1974

El 18 de noviembre de 1974, Domingo Tellechea -que estaba en Buenos Aires- escuchó que tocaban a su puerta. Eran dos tipos que nunca había visto.

-Lo espera con urgencia el ministro de Educación Oscar Ivanissevich. Tenemos que ir a casa de Gobierno- le dijeron.

Corrían tiempos raros. Perón había vuelto al poder en septiembre del 73, pero había muerto el 1 de julio de aquel año 74. Su nueva esposa, Estela Martínez, asumió la Presidencia mientras el ministro de Bienestar Social, el “brujo” José López Rega, la envolvía con su fe en la brujería y su afán por “aniquilar” a las organizaciones de izquierda sin respetar los derechos más básicos.

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Tellechea saludando a Estela Martínez de Perón. En la parte posterior, la foto original -que está en casa de Tita Vidal, en Guaymallén- tiene el sello de Presidencia de la Nación.

En ese ambiente tenso fue que Tellechea llegó a Casa Rosada. Allí, el ministro Ivanissevich le informó que había que restaurar el cadáver de Eva Perón.

La colega Carolina Muzi recuperó aquel intercambio en una nota que publicó Clarín el 14 de enero de 1996: “A mí no me preguntaron si quería o podía hacerlo, me dijeron que lo haga“, le contó Tellechea a la periodista en aquella oportunidad.

“Y asumí el trabajo como una obligación moral, sin cobrar nada. Yo no fui militante, pero sí afiliado peronista, aunque ellos no lo sabían. Estaban desesperados por reparar el cuerpo”, rememoró el mendocino.

Tita lo describió a su modo cuando UNO la visitó en Guaymallén: “él decía que se había pasado quince días dentro una cripta que hay en Olivos, concentrado en restaurar a Evita, y -aunque no sufrió presiones- estaba muy vigilado. Le daban de comer ahí mismo y cada tanto llegaba López Rega para tomar fotografías y filmar lo que estaba pasando“.

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Una de las imágenes que se tomaron mientras Tellechea trabajaba para reparar el cuerpo vejado de Eva Perón.

Lo cierto es que el cuerpo de la “abanderada de los humildes” había atravesado un periplo que supera a cualquier thriller.

Su camino puede rastrearse en las letras argentinas arrancando con “La señora muerta” (David Viñas, 1963), pasando por “Esa mujer” (Rodolfo Walsh, 1965) para llegar a “Santa Evita” (Tomás Eloy Martínez, 1995) y a la serie televisiva que se estrenará el próximo 26 de julio en Star+ y que está basada en el texto de Martínez.

En ninguno de esos trabajos se hace honor al aporte fundamental que hizo el mendocino Domingo Tellechea.

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El afiche que promociona a la serie “Santa Evita”, que se estrenará el próximo 26 de julio.

Un hombre reservado

Tanto en los textos citados arriba como en investigaciones posteriores se descubrió que, tras el golpe de 1955, los restos de Eva habían sido retirados de la CGT y llevados a varias dependencias oficiales entre militares que se obsesionaron con ese “trofeo”. Incluso el cuerpo estuvo enterrado durante 16 años en un cementerio de Milán, bajo una lápida que tenía otro nombre.

Eva, que había sido embalsamada por un especialista español, Pedro Ara, no encontró paz. En los traslados, con una mezcla de descuido y odio, le habían roto la nariz, los pómulos y las rodillas. En sus pies se veían algunos restos químicos, en tanto que las rodillas también estaban destrozadas. Y eso por no contar detalles peores.

Frente a esa saña se encontró don Domingo, y trató de revertirla como mejor pudo. Tal vez por eso fue moderando sus palabras cuando se refería a Eva y su calvario post mortem, hasta hacer referencias puramente técnicas cuando le consultaban sobre la líder justicialista que hoy yace, ya restaurada, en el cementerio de Recoleta.

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Domingo Tellechea más allá de Eva

Pero la vida de Tellechea se remontó mucho más allá.

Durante más de tres décadas vivió en Brasil y fue director del Instituto Técnico de Restauración de San Pablo. También fundó el Museo Histórico de Cera de Buenos Aires, que ubicó en la misma casa donde décadas atrás había funcionado el primer comité socialista de América Latina, en el barrio porteño de La Boca.

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Tellechea en su etapa de madurez.

Y la suya fue una existencia tan atípica que, llegado cierto punto, uno se imagina que a lo mejor si llama al Museo de la Cera atienda Domingo y le de un giro aún más inesperado a esta nota. El cronista marca el número telefónico: atiende Marcelo Juárez (55), el yerno de Tellechea.

-Domingo falleció el 10 de noviembre pasado, a los 86 años– revela Marcelo desde la sede ubicada en Del Valle Iberlucea 1261 (CABA).

Marcelo dice que en los últimos tiempos el especialista venía a la Argentina dos veces al año para ver a su familia. Uno de los motivos que lo retuvo en Buenos Aires fue que en 2015 lo contactaron para que restaurara la estatua de Cristóbal Colón que fue removida de la parte posterior de la Casa Rosada. Él aceptó.

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El monumento a Cristóbal Colón en Buenos Aires, cuando estaba al lado de Casa Rosada.

“Se lo tomó muy en serio. Es una estatua grande en mármol de Carrara. Hasta tuvo un pico de estrés y perdió 20 kilos. De todos modos, el monumento fue arreglado y hoy lo tenemos aquí en Buenos Aires, justo frente al Aeroparque“, revela Juárez.

Y resume: “Domingo fue un bohemio, aunque con un profesionalismo enorme. Era arqueólogo, taxidermista, dibujante… se interesaba por todo ¿Y sabés qué? Su velorio fue pequeño, pero resultó una jornada muy alegre, porque todos los que estábamos ahí nos acordábamos de diferentes aventuras que habíamos compartido con él. Vivió la vida como quiso y fue un hombre feliz“.

Más tarde viene el momento de escribir esta nota, ya en la redacción. Atravesando el concierto de los teclados pasa Fabricio, el colega que trajo la historia a la cocina diaria de UNO. Camina buscando agua para el mate y tira: “¿Y? Cómo te fue con el asunto del restaurador?

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