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Senna-Prost, esa rivalidad que cambió a la F1 y que ahora reeditan Hamilton y Verstappen

Mientras los fanáticos de la Fórmula 1 esperan ansiosos el lanzamiento de Drive to Survive 4 (Netflix) para revivir una temporada que le devolvió a la categoría su adrenalina, el campeonato se retomará este fin de semana en Arabia Saudita, donde Lewis Hamilton intentará evitar que Max Verstappen -el líder con 8 puntos de ventaja- se consagre a una prueba del final.

Si bien esta es la definición más ajustada desde 2010, cuando el sistema de puntuación cambió, su atractivo recae en una rivalidad en la pista entre el inglés y el neerlandés que ya sumó varios capítulos y que recuerda a aquella de hace tres décadas entre Ayrton Senna y Alain Prost, que justamente tuvo su primer episodio álgido en la penúltima fecha de la temporada 1989, cuando el multicampeón francés y el ídolo brasileño chocaron en Suzuka, episodio que se repitió en el mismo escenario un año después.

A diferencia de Hamilton -emblema de Mercedes- y Verstappen -criado por Red Bull-, Prost y Senna eran compañeros en la escudería McLaren. Incluso, el francés le había recomendado a Ron Dennis -el jefe del equipo- a quien luego sería su máxima competencia. “Tienes que elegir a Ayrton, es el piloto con más talento”, le había dicho cuando buscaban al piloto que reemplazaría a Stefan Johansson en 1988; descartando al campeón de 1987, Nelson Piquet.

“Para mí el equipo era lo primero. Si ahora mismo fuera a empezar de nuevo mi carrera, actuaría de forma diferente, me concentraría más en mí y en mi trabajo. Una de mis virtudes es que normalmente, cuando tomo una decisión, no me arrepiento de ella, pero desde mi punto de vista, definitivamente me equivoqué en aquella ocasión”, le confesó el francés al periodista Nigel Roebuck en 1998. Ya había pasado una década de aquella nueva sociedad en McLaren y cuatro años desde la muerte de Senna.

La rivalidad entre ambos, una de las más ardientes entre compañeros de equipos, no nació durante aquella primera temporada. Ni siquiera cuando Senna fue campeón -logrando en 1988 el primero de sus tres títulos- y Prost, bicampeón en 1985 y 1986, quedó segundo por el sistema de descartes, en el que solo se tomaban los mejores 11 resultados de las 16 carreras disputadas.

La relación entre Prost y Senna era buena -más allá de aquella chispa inicial del GP de Portugal de 1988- hasta que dejó de serlo el 23 de abril de 1989 en Imola, el circuito maldito en el que el brasileño moriría cinco años después. El Gran Premio de San Marino marcó el inicio de la rivalidad por un acuerdo tácito que para el francés se había roto y para el brasileño no. Y la lucha fue tomando temperatura hasta alcanzar su punto máximo en la penúltima prueba, el 22 de octubre, a la que el francés llegaba como líder.

En Japón, el brasileño necesitaba ganar para tener todavía chances en el Gran Premio de Australia, que cerraba la temporada en Adelaida. Pero Prost estaba harto del favoritismo de Honda -proveedor de los motores- hacia Senna y no pensaba cederle ni un metro en el circuito de Suzuka, lo que provocó el toque que los dejó afuera a los dos.

El choque menos pensado

Senna necesitaba ganar; a Prost le bastaba con terminar adelante de su compañero de equipo y así lo estaba consiguiendo al cabo de 46 de las 53 vueltas del GP de Japón. El brasileño, un especialista en las maniobras de adelantamiento, planeó su jugada y la ejecutó a seis giros del final, cuando buscó la parte interna de la chicana. Las ruedas delanteras de su coche ya estaban a la altura de la cabina del francés, que entonces giró a la derecha provocándose el choque.

Mientras Prost se bajaba del auto, consciente de que el abandono de ambos le permitiría ganar su tercer título, curiosamente Senna lograba que los comisarios de pista lo ayudaran a regresar a la competencia. Logró completar la vuelta con el alerón roto, pasó por boxes para que se lo arreglaran y pulverizó los cinco segundos de ventaja que Alessandro Nannini le había sacado en la punta para ganar la carrera. Sin embargo, en las estadísticas es el Benetton el que aparece en el primer lugar porque Senna había sido descalificado.

La FIA, entonces presidida por Jean-Marie Balestre, lo sancionó por haberse salteado la chicana al volver por la vía de escape tras el incidente con Prost y lo multó con 100.000 dólares y una suspensión deportiva de seis meses. “Sé que todo el mundo cree que lo hice a propósito. No quería acabar así, había ido adelante desde la salida y quería ganarla”, explicó quien se vio favorecido por la sanción al brasileño para ganar el título con 14 puntos de ventaja.

La prensa estaba escandalizada (“Guerra Civil por el título mundial”, tituló Autosport) pero más enojado estaba Senna, quien declaró públicamente que eso era “manipulación del campeonato” e inició una batalla con Balestre, quien meditó no entregarle una superlicencia para la temporada siguiente.

Pero Senna corrió en 1990, ya sin Prost como su compañero de equipo ya que su continuidad estaba arreglada con Ferrari, y en Japón volvieron a protagonizar un incidente similar, aunque esa vez con los roles cambiados porque si el francés no ganaba, el campeón sería Ayrton.

La lucha, sin embargo, se agotó en la pista apenas comenzó: a los 10 segundos de la largada, en la primera curva del circuito, el tricampeón tomó la delantera pero el brasileño llegó con la cuerda, ninguno cedió su posición y terminaron los dos afuera.

Pese a que las malas relaciones entre compañeros no eran una novedad en aquella Fórmula 1 de fines de los ’80, Senna y Prost aumentaron los niveles de exposición y ambición que despertaron el interés de un público que tiempo después vibró con la feroz lucha interna entre Lewis Hamilton y Nico Rosberg en aquel inicio de la era híbrida, pero que desapareció con el repentino retiro del alemán tras ser campeón.

Con Red Bull finalmente a la altura de Mercedes, Verstappen es -por personalidad y talento- a un rival a la altura de encarnar una batalla punto por punto con el heptacampeón y, por qué no, evitar así que el récord de Michael Schumacher caiga en las manos del inglés, que con ocho títulos se transformaría en el máximo ganador de la historia.

Dos antecedentes en un 2021 caliente entre Hamilton y Verstappen 

Lo que todos los fanáticos especulaban que podría pasar el último 18 de julio, finalmente pasó. En Silverstone, apenas largado el GP de Gran Bretaña, Verstappen, entonces líder del campeonato, partió desde el primer lugar tras quedarse el sábado con la carrera sprint y consiguió defender el primer lugar cuando se apagó el semáforo ante Hamilton, que había quedado segundo en esa carrera de clasificación.

Pero el inglés presionó demasiado y en la novena curva tocó de atrás el monoplaza del neerlandés, que terminó impactando de costado contra el muro. El de Red Bull pudo salir del auto por sus propios medios pero terminó en el hospital, mientras su rival recibía una sanción de 10 segundos que no le impedía ganar la carrera ni festejar en el podio.

Menos de dos meses después, el 12 de septiembre, Monza fue testigo del segundo incidente, uno que, de no ser por la implementación del halo en los coches de F1, podría haber terminado en tragedia.

En la vuelta 26, Hamilton lideraba la prueba y Verstappen intentó superarlo por adentro en la curva, mientras que el siete veces campeón mundial trataba de defender su posición. Cuando los dos hicieron contacto, el monoplaza del neerlandés -que luego fue sancionado por los comisarios por considerarlo responsable y penó con tres posiciones en la grilla de partida del GP de Rusia- se elevó y pasó por encima del británico

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