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Chano Moreno Charpentier: cuando las luces de la TV encandilan, tapan y miran para otro lado

Esta semana, la tele se enfrentó al problema de abordar un episodio violento en el que estaba involucrado un famoso que hace lindas canciones: Chano Moreno Charpentier. Un cantante que salió con celebrities y que es amigo de Marcelo Tinelli. Qué dilema. ¿Lo atacamos porque “se volvió loco y quiso acuchillar a un policía”? ¿Lo santificamos porque “es un enfermo y viene pidiendo ayuda hace mucho”? O mejor aún: ¿decimos sin saber nada que “las leyes de salud mental están mal y que las fuerzas de seguridad no están preparadas para tratar casos de este estilo”? Un poco de todo. Como siempre.

Pero la misma tele que ahora se preocupa por su evolución y pregunta compungida si le quedarán secuelas del balazo que recibió, es la misma que festejó en su momento lo que definió como sus “delirios”. El mismo medio que hizo chistes cuando chocó a varios autos o la que habló de “amor” cuando se exponían sus noviazgos tóxicos.

En agosto de 2015, Chano contó por primera vez, públicamente, que consumía drogas. Lo hizo en una entrevista con Jorge Lanata, pocos días después del famoso accidente que tuvo en Belgrano, donde terminó estrellado con el auto sobre el portón de una casa. Y, si bien aseguró que esa noche no había consumido nada, reveló su adicción. “Yo creo que soy adicto, que tengo una enfermedad crónica y que hay que atenderla día a día”, dijo. Pero casi nadie de la tele lo escuchó. Todos siguieron como si nada, como si no fuera un enfermo o alguien peligroso.Quizás creyeron que así lo ayudaban, tapando el problema“> Quizás creyeron que así lo ayudaban, tapando el problema. Pero Chano se ocupó varias veces más de advertirlo. Al año siguiente, volvió a chocar. Se metió abajo de un camión con acoplado en la Ruta 3, camino a una filmación. Unos meses después fue internado de urgencia por un cuadro de excitación psicomotora. A las pocas semanas, Pampita lo invitó a su cumpleaños en Punta del Este y terminó en el Sanatorio Cantegril por voluntad propia. Ese mismo año volvió a chocar, esta vez, contra autos estacionados. En el término de dos años, no paró de llamar la atención, pidiendo a gritos ayuda, casi como un nene que se tira al piso para captar la mirada de sus padres.

Como pudo, siguió trabajando, pero mucho menos que antes y ya sin la compañía de su banda Tan Biónica, de la que se abrió abruptamente. Se distanció de su hermano Bambi, se hizo muy amigo de Esmeralda Mitre, quiso filmar un reality, escribió algunas canciones. Casi siempre antes de algún show, Chano se internaba voluntariamente en una clínica de rehabilitación de Entre Ríos. Estaba bien un tiempo, hasta que dejaba de estarlo. La noticia duraba un día y después nadie la recordaba. Chano reaparecía y era como si nada hubiera pasado. Lo invitaban a eventos, shows, boliches.

“El problema es que me ofrecen de todo”, dijo él, alguna vez. Y así como la tele se hizo la desentendida con sus adicciones, también se distrajo cada vez que alguna chica lo denunciaba. “La piba quiere prensa”, era la excusa. La tele ni siquiera se puso firme cuando Militta Bora, que había sido su novia durante dos meses, lo denunció penalmente por violencia y abuso sexual. “¿Cómo la va a atacar Chano, si es un divino?” Y no sólo eso: lo dejaron defenderse diciendo barbaridades sobre ella, que nadie dudó en poner al aire. Creyeron que lo ayudaban negando el problema, dando vuelta la cara, llevándolo a un VIP o invitándolo a cantar. Creyeron que lo ayudaban tapando todo, incluso una causa por violación. Esa tele ahora está preocupada, hace guardia en la puerta del Otamendi, debate sobre las Taser, dice con cara seria que “las drogas son malas” y condena a la única mujer que se animó a contar su verdad en la Justicia.

Las únicas palabras sensatas de esta semana, sin embargo, no las dijo ningún panelista, ningún conductor, ni ningún especialista. La frase más lógica fue dicha a viva voz por la madre de Chano, víctima absoluta de esta tragedia. A su manera, desde el dolor más profundo, intentó dejar en claro que estos temas merecen otro tratamiento. Y en medio de una crisis de llanto, frente a los micrófonos de todos los canales, miró a los ojos a los periodistas y gritó: “¡No vengan más!”

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