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Grandes vinos. Cinco etiquetas de guarda que vale la pena conocer

Los vinos de guarda son como tesoros o piezas de colección. Los enólogos les dedican las mejores uvas, las barricas más cuidadas y mayor cantidad de tiempo para su elaboración y crianza. Al nivel de los mejores del mundo, llevan años en la botella al resguardo de la luz, las altas temperaturas y los ruidos, y en cada cosecha podemos saborear su evolución. La lentitud del proceso, la crianza en roble, la estiba y la penumbra los convierten en únicos e irrepetibles; por eso, no son vinos simples que uno prueba y olvida, sino que marcan un antes y un después. Son tintos profundos, con taninos, concentración y estructura, no pierden su valor con la edad y tienen una complejidad y una elegancia que otros no pueden brindar.

Bodega Luigi Bosca, Mendoza, $2500

Nuevo Cabernet Franc de una sofisticación inusual. Aristocrático, elegante y estructurado, elaborado con uvas de viñedos propios de Maipú (primera zona mendocina) y 10 meses de crianza en roble, tiene intensidad de aromas (frutos negros, tostados, especiados) y sabor dulce y frutal. Es sedoso y delicado al paladar; a su vez, corpulento y delicioso, con nervio, taninos redondos, recuerdo muy persistente y potencial de guarda de 12 años como mínimo.

L’ Esprit de Chacayes 2019

Bodega Piedra Negra, Mendoza, $1650

Nueva añada del vino emblema de la bodega: tinto importante de bajo perfil y alto puntaje, elaborado con Malbec y Côt de Los Chacayes (Valle de Uco) y 10 meses de crianza (solo el 70% del blend). Sus aromas casi pedregosos y austeros hablan del terroir en donde nacen las uvas, igual que su textura y su frescura. Si bien sus taninos finos y su elegancia permiten que se descorche hoy, guardarlo durante unos años (al menos tres) hará lucir sus sutilezas.

Bodega Achaval Ferrer, Mendoza, $1450

Este nuevo corte de Merlot muestra una gran complejidad escondida entre su músculo y su tensión. Elegante y fresco, proviene de dos zonas con características diferentes: Tupungato y Perdriel; fue criado durante 12 meses en barricas de roble francés y, aunque tiene un enorme potencial, ya se deja disfrutar. Muestra varias capas de aromas y sabores que van de las frutas negras a las flores y, por su cuerpo y taninos, puede guardarse al menos 10 años más.

Cadus Cabernet Sauvignon 2017

Bodega Cadus, Mendoza, $1350

Todos los vinos de esta bodega son de altísima calidad, ya que así fueron concebidos, como este Cabernet Sauvignon de Gualtallary (Tupungato) con 12 meses de crianza en roble francés. Se nota su estilo moderno y expresa su complejidad y potencia frutal con mucha elegancia, algo que solo los grandes vinos pueden lograr. Cuesta imaginar cuánto puede mejorar con la estiba porque ya casi lo tiene todo; igual, le queda mucha vida por delante.

Bodega Valle de la Puerta, La Rioja, $970

De gran concentración y capacidad de guarda, este blend maduro, frutal y diferente al resto proviene del Valle de Famatina y fue producido con partes iguales de Malbec y Cabernet Sauvignon. Sus aromas a confitura de frutas rojas más las notas de torrefacción del roble están muy bien integradas. En el paladar es suave, de buen cuerpo y tiene una armonía completa, pero seguirá ganando en elegancia y complejidad con el paso del tiempo.

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