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Felipe Solá, entre el fuego amigo y las internas por Estados Unidos

El Canciller Felipe Solá en Asamblea General de la OEA. Foto: Cancillería

El episodio del diálogo “inventado” entre el presidente Alberto Fernández y el mandatario electo Joe Biden respecto al representante de Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional no solo puso al canciller Felipe Solá en un aprieto al ser desmentido en público y privado por otros funcionarios: exhibió, una vez más, lo dañina que pueden resultar las internas en un gobierno donde conviven marcados personalismos y recelos. Al fin de cuentas, el único perjudicado cuando estas fuerzas colisionan a la vista de todos es el Gobierno y no quienes se baten a duelo en el campo de los medios

Desde la Cancillería no hubo una respuesta oficial al artículo periodístico que dejó en off side a Solá ni a los múltiples rumores que circularon en las horas siguientes. Luego que Fernández diera por cerrado el tema, también ellos lo entendieron del mismo modo. “Ya está”, aseguró un asesor cercano al canciller. No significa que no hayan quedado profundas lesiones de todo esto entre despachos. Y también bronca. Bastante, de hecho. Todos los índices apuntando desde la esquina de Esmeralda y Arenales en silencio hacia la oficina del ministro de Economía, Martín Guzmán.

Qué se dijo y qué no se dijo en los 35 minutos de conversación entre Fernández y Biden es algo que solo saben ellos y los funcionarios que participaron de la primera bilateral con el futuro jefe de Estado norteamericano. Solá no estaba presente porque se dirigió a Olivos y la comunicación se enlazó desde la Rosada. ¿Por qué se equivocó? Ayer circulaban todo tipo de especulaciones, desde las más conspiranoicas hasta la que lo atribuían al carácter disperso del ministro y parte de su círculo. Ninguna como versión oficial.

“Ya está”, aseguró un asesor cercano al canciller. No significa que no hayan quedado profundas lesiones de todo esto entre despachos. Y también bronca. Bastante, de hecho.

Un dato que emerge de la simple lectura de los comunicados es que el equipo de transición de Biden, como suele ser el estilo de la Casa Blanca, fue mucho más cauteloso a la hora de revelar los contenidos de la conversación. Apenas le dedicó unas diez líneas genéricas dentro de un parte informativo más extenso que incluyó referencias a otros diálogos que mantuvo el demócrata esa misma tarde con el presidente costarricense, Carlos Alvarado; el keniata Uhuru Kenyatta y el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres.  

Los comunicados de la Cancillería y Presidencia se extendieron con citas textuales atribuidas a Biden. Es cierto que en ninguna de ellas se hacía mención a la queja concreta contra el actual representante del gobierno de Donald Trump ante el FMI. También es evidente que en 35 minutos de reunión telefónica se habló mucho más que lo que describen esos tres comunicados en conjunto. Y que si en algún momento se abordó el tema, se hubiera hecho con cierta discreción. Después de todo, Guzmán, al igual que el representante argentino en el Fondo, Sergio Chodos, siguen conversando con Mark Rosen, el hombre en cuestión, y lo seguirán haciendo después del 20 de enero que cambie el gobierno.

¿Por qué Sola dijo lo que dijo entonces? Nuevamente, hay todo tipo de versiones que se alimentan al no haber una aclaración del canciller: desde las que lo atribuyen a una movida contra Guzmán, a sabiendas de los efectos colaterales que estos dichos pueden causar en Washington; una intervención pública para presionar, bajo el modelo de la carta de los senadores al Fondo, y hasta un sencillo hablar de más por parte del canciller en el intento por nivelarse en el duelo de protagonismos. Quienes abonan esta última lectura apuntan hacia el rol que le tocó jugar a Solá en esta administración: el de un canciller que disfruta más de la diplomacia interior, construyendo puentes con gobernadores y empresarios exportadores, que en los cónclaves y foros globales propiamente dichos. Y que no siempre se siente ponderado por el Presidente.

Los más cercanos al canciller relativizan la idea de una interna con Guzmán. Reconocen que es evidente su molestia pero niegan cualquier pretensión de Solá de quitarle un lugar que no le toca en la negociación de la deuda, uno de los grandes desafíos del Gobierno. Insisten en que el canciller no negocia, solo complementa la voz cantante del ministro de Economía, dando garantías en cada escenario que pueda. De hecho, durante la negociación con los acreedores, Guzmán articulaba directamente con el embajador en Washington, Jorge Argüello, y ni siquiera en ellos se agotaba la cantera de interlocutores con el Norte.

Solo con Estados Unidos, en los últimos meses el timón político pasó por el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz; Guzmán y Solá. Y eso sin contar la articulación con los diversos funcionarios intermedios, desde  Argüello hasta Chodos, los otros representantes oficiales que forman parte de la Task Force lanzada en el verano con injerencia en diversos estamentos multilaterales y nexos con los think tanks locales, como Cecilia Nahón y Guillermo Francos, y hasta el propio presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, que siempre ha tenido una línea propia con el Norte.

Por supuesto que esto no es un rasgo único del Frente de Todos si bien la heterogeneidad original en la coalición oficialista, a punto de cumplir un año en el poder, nunca se amalgamó, ni siquiera frente a una pandemia global. Y la política exterior es solo un emergente más de esas placas tectónicas en permanente reacomodamiento. “Me da la sensación de que esas diferencias en sus líneas son la marca indeleble del Frente. Y si al final tiene éxito, la gente va a decir que fue por eso. Y si fracasa, también la gente va a decir que fue por eso”, observa un funcionario del espacio.

La heterogeneidad original en la coalición oficialista nunca se amalgamó. Y la política exterior es solo un emergente más de esas placas tectónicas en permanente reacomodamiento.

Lo llamativo es que dichas resistencias se manifestaron incluso dentro de la Cancillería. Quizás porque también Solá se rodeó de propios y compartimentó el poder en torno a ellos, lo que generó cierto enfado en los diplomáticos de carrera del propio espacio que esperaban, al igual que él, un mayor reconocimiento luego de transitar cuatro años de Juntos por el Cambio. En las horas siguientes a la publicación de las supuestas “invenciones” de Solá, el grupo de whatsapp Diplomáticos Con Todos, que reúne a un centenar de hombres y mujeres de la carrera, estalló con todo tipo de comentarios.

Solá también optó por el silencio. Por la tarde, inauguró el II Foro Abierto de Política Exterior Argentina, organizado por la Red Argentina de Profesionales para la Política Exterior (REDAPPE), de forma virtual, una actividad que estaba programada de antemano y en la que no hizo alusión al tema ni se mostró afectado en su humor. Sí deslizó algún cuestionamiento a “una economía (nacional) difícil de entender desde afuera y, a veces, difícil de entender desde adentro” aunque rápidamente lo atribuyó al bimonetarismo. Y hasta lamentó la creciente pobreza en Argentina, sumida en una inercia que dará forma al “cuarto cordón del conurbano”. El resto de su alocución giró en torno a las acciones que desarrolla para incrementar el comercio exterior para multiplicar las divisas. El tópico que mejor le sienta.

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