Tras el acuerdo por la deuda, cómo sigue el vínculo con Trump y Estados UnidosEconomía 

Tras el acuerdo por la deuda, cómo sigue el vínculo con Trump y Estados Unidos

Trump recibiendo las cartas credenciales de Jorge Argüello como embajador argentino en Washington. Foto: Twitter

¿Cómo sigue el vínculo con Estados Unidos tras la renegociación alcanzada con los grandes grupos de acreedores privados? La pregunta no tiene una sola respuesta. El Gobierno nacional mira a Washington satisfecho por lo que hizo (y no hizo) para hacer posible un anuncio exitoso en torno a la reestructuración de la deuda privada; esperanzado por las inversiones que prometen destrabarse con el horizonte un poco más despejado pero indeciso, al mismo tiempo, respecto a si es conveniente que Donald Trump siga después de diciembre en la Casa Blanca.

Así, el vínculo con Estados Unidos solo se puede interpretar por capítulos si se quieren comprender los matices de un relacionamiento que el Gobierno define como “maduro” y “estratégico” desde el primer día. No es casualidad que Alberto Fernández haya puesto a dos de sus hombres de mayor confianza a apuntalar las negociaciones del ministro de Economía, Martín Guzmán, con los bonistas privados: Jorge Argüello, embajador ante el gobierno de Estados Unidos pero también los organismos con sede en su capital, y Gustavo Béliz, secretario de Asuntos Estratégicos, con un pasado en ese universo de la multilateralidad.

No es casualidad que Fernández haya puesto a dos de sus hombres de mayor confianza a apuntalar las negociaciones de Guzmán con los privados: Argüello y Béliz

En lo que refiere a la deuda, Argüello actuó como un enlace con el establishment financiero y político local. También ante la burocracia del Departamento del Tesoro, con quienes mantiene vínculos desde su primer paso como embajador, para ayudar a un acercamiento en las posiciones de la negociación con eje en un grupo en particular, BlackRock. El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, hizo sus propias gestiones con el CEO Larry Fink. Tanto Fernández como el canciller Felipe Solá se lo reconocieron en expresiones públicas.

Desde Buenos Aires, Béliz es el interlocutor político de la Casa Blanca frente a la apuesta regional fuerte del gobierno de Trump, América Crece. Un intento por contrabalancear el megaproyecto chino de la Ruta de la Seda. Por si acaso, también atienden a Pekín en el mostrador opuesto: mientras celebraban el acuerdo con los acreedores del Norte, Christian Asinelli, subsecretario de Relaciones Financieras Internacionales de la Secretaría de Asuntos Estratégicos, participó del plenario de las comisiones de Relaciones Exteriores y Culto y de Presupuesto y Hacienda en el Senado para aclarar dudas sobre el ingreso de la Argentina al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) que impulsa China, en carácter de miembro no regional.

Porque si China es hoy el segundo socio comercial de la Argentina —y en abril y mayo llegó al primer puesto—, Estados Unidos se mantiene incólume en su rol de primer inversor extranjero en el país. En ese equilibro se mueve el Gobierno nacional. “Uno de los grandes legados del peronismo en política exterior es su tercera posición”, comenta a PERFIL un funcionario de la Cancillería. Más que nunca frente a una Casa Blanca que empuja al juego de las polarizaciones. Allí anida la duda respecto a qué puede resultar mejor para la Argentina en las presidenciales de noviembre. No se trata de republicanos o demócratas tanto como de certeza e imprevisibilidad.  

Si China es hoy el segundo socio comercial de la Argentina —y en abril y mayo llegó al primer puesto—, EE.UU. se mantiene incólume en su rol de primer inversor extranjero

Hay números que avalan esta necesidad de mantener un equilibrio. Aún habiendo decrecido en lo general, Estados Unidos se mantiene como principal inversor extranjero en el país con un 30% de participación a lo largo de la última década frente al 8% de España y el 6% de Brasil, en el segundo y tercer lugar, respectivamente. Durante el primer semestre, y en plena pandemia, el porcentaje aumentó levemente por sobre el promedio, aunque puede que esa variación se relacione con el impacto más temprano del Covid-19 al otro lado del Atlántico, arriesga una lectura uno de los especialistas del oficialismo en el rubro.

No obstante ello, desde el Gobierno, no ocultan su ilusión con un posible viento de cola más intenso a partir de ahora. Las voces se escuchaban un tanto más aliviadas al otro lado de la línea telefónica que hace apenas unos días, siquiera horas. Refieren a una serie de inversiones en carpeta que esperaban el acuerdo con los bonistas privados como condición necesaria para el arranque. Uno en particular: el Data Center de Amazon, en Bahía Blanca, un desembarco en el que la Argentina le ganó la pulseada a Brasil y Chile y que ya había avanzado en la búsqueda de una locación. Un poco más prudentes, mencionan posibles planes de desarrollo en el sector agroindustrial, energético y minero. Dentro de unos días nomás, la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio organizará una ronda virtual de negocios entre agro y start ups de ambos países en el marco del congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) con la mira puesta en ventas, inversiones y hasta alianzas.

Refieren a una serie de inversiones en carpeta que esperaban el acuerdo con los bonistas privados como condición necesaria para el arranque. Como el de Amazon, en Bahía Blanca.

Otro efecto post-acuerdo con los acreedores privados que se abre en el horizonte, explican, es la ventana de acceso a crédito para los privados. “A tasa de no default”, subrayan. Y esto incluye también la posibilidad del crédito para la exportación, el que brindan los grandes importadores, también sujeto al Veraz internacional. Mejores tasas y plazos para financiar las ventas al exterior, una apuesta en la que la Cancillería juega fuerte, sobre todo, en lo que respecta al sector agroindustrial. “Este veto al intervenir en países con problemas con sus acreedores corre por igual para los países en general y Estados Unidos en particular. Falta todavía la negociación local y el Fondo pero todo parece indicar que puede alcanzarse un entendimiento para liberar estas trabas”, insiste un funcionario del área.  

Por último, en el capítulo político, el Gobierno decodifica con satisfacción el papel de la Casa Blanca con una actitud más constructiva que la que mantuvieron demócratas y republicanos en el pasado. En esto es válido pensar en clave de trumpismo, por fuera de los partidismos. La política de lo pragmático y lo intempestivo de Trump, con dos líneas claras por el momento, en lo que atañe a la Argentina: la presencia de Evo Morales —aún más que Venezuela, si bien la pandemia diluyó, en parte, la molestia— y el biodiesel, con aranceles desorbitantes. Los productores ya recibieron el mensaje de que deberán ir a pérdida, por un tiempo, si insisten con ese mercado.

Así y todo, hay quienes temen más en el Gobierno a lo impredecible de un Trump recargado, a partir de noviembre, que a la posibilidad de un Joe Biden presidente, aunque esto no signifique, necesariamente, un gobierno menos proteccionista. Podrían cambiar las formas, deslizan por lo bajo. Para algunos es suficiente. Hasta entonces, más vale seguir haciendo equilibrio. Todavía queda la renegociación con el Fondo Monetario Internacional por delante y Estados Unidos —el de Trump— retiene su voto de accionista mayoritario.

MB / DS


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