Raúl Pérez Roldán y los años de una “disciplina de tipo militar” que dejó heridas que nunca sanaránDeportes 

Raúl Pérez Roldán y los años de una “disciplina de tipo militar” que dejó heridas que nunca sanarán

“Siempre me interesó la docencia, por motivación y por necesidad laboral (…) Mi mayor virtud como coach creo que fue poder transmitir eso tan especial como no entregarse nunca, la valentía y jugar para ganar y no para no perder (…) Leía mucho de lo escrito por Hopman, pues sus jugadores fueron fenómenos (…) Su lema era: “Baso mi sistema en una disciplina de tipo militar”. Estas palabras forman parte de una columna escrita por Raúl Pérez Roldán en el libro “Historia del tenis en la Argentina”, de Roberto Andersen y Eduardo Puppo. Allí es el propio Pérez Roldán el que define su método de enseñanza y de entrenamiento, el mismo del que su hijo Guillermo hizo una descarnada versión en la entrevista que le dio al diario “La Nación” cuando habló de abusos físicos y psicológicos de su parte además de acusarlo de haberle robado -él y su madre- todo lo que ganó en el tenis.

El nombre de Pérez Roldán era conocido en aquellos primeros meses de 1984 pero sólo en el micromundo tandilense de Independiente, el club al que había llegado en 1971 cuando sus hijos Mariana y Guillermo tenían apenas 4 y 2 años, respectivamente. Tuvieron que pasar 13 años entonces para que el método Pérez Roldán mostrara su gran éxito en aquella gira que catapultó su nombre, los de sus hijos y los de Franco Davin y Patricia Tarabini a lo más alto del circuito junior.

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No le costó demasiado a Pérez Roldán convencer al escribano Juan José Vázquez y a Jorge Villadeamigo, presidente y titular de la subcomisión de Menores de la Asociación Argentina de Tenis (AAT) respectivamente, de la necesidad de enviar a los cuatro chicos a Europa. Había que foguearlos con los mejores. E hicieron estragos en aquel viaje inicial.

El entrenador fue quien coordinó todo: los torneos a jugar, los contactos en cada ciudad y establecer buenas relaciones con delegados de otros países. Habían salido de Buenos Aires con un calendario tentativo de un mes para jugar en Italia y Bélgica antes de llegar a Roland Garros pero a la vista de los resultados, Pérez Roldán solicitó el vía libre de la dirigencia para extenderse otros 30 días ya que los chicos fueron invitados a jugar más campeonatos. El equipo había viajado sin apoyo privado y sólo con un básico de la AAT. Algunas firmas proporcionaron las raquetas, la indumentaria y otros elementos, pero los gastos generales y los traslados se sustentaron con aquellos recursos y el apoyo de las familias.

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A los torneos junior se les alternaron algunos profesionales -no del circuito- y con los dólares conseguidos pudieron continuar el viaje de una manera más cómoda. Nadie imaginó semejante producción. Guillermo Pérez Roldán regresó con el título del trascendente L’Avvenire italiano, donde Tarabini fue finalista; y Mariana Pérez Roldán ganó en Gran Ville, Lyon Sur Mer, Bayraux, Cabourg y Fidenza hasta que en Charleroi se lesionó (en Alessandria venció en las semifinales a Gabriela Sabatini​ –que venía imbatible- y perdió la final con Mercedes Paz).

En 1985, con todo mucho más planificado, se repitió y se amplió la propuesta. Ya con Eduardo Infantino como mano derecha de Pérez Roldán, los argentinos recorrieron Italia en una combi: Reggio Emilia, Pádova, Módena, Verona, Salerno, Bari, Bolonia, Milán… De esa gira participaron otros chicos promisorios y, entre ellos, Alberto Mancini, por ejemplo. El grupo más selecto -el de Los 4 Fantásticos- volvió a rendir en los torneos más exigentes. A esa altura Pérez Roldán tenía propuestas firmes para sus jugadores de empresas de marketing deportivo como IMG, ProServ y Advantage, tres monstruos del rubro.

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En el ranking mundial junior de aquel 1985, Davin quedó tercero; Guillermo Pérez Roldan, quinto; Tarabini, segunda; y Mariana Pérez Roldán, quinta. Y al año siguiente, Guillermo Pérez Roldán y Tarabini hicieron doblete en Roland Garros (el menor de los hermanos repitió el título en 1987). Las semillas habían dado los mejores frutos…

“Los chicos jugaron 214 partidos en esa gira del 84 –recordó alguna vez Pérez Roldán-. Era fundamental que tuvieran también un apoyo afectivo y que supieran que tenían atrás a alguien que se preocupaba por cómo les iba”. Treinta y seis años después, a esa última frase la enterró su propia sangre.

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