Punteros digitales: cómo piensan y trabajan los influencers políticos para conseguir votos en las redes socialesPolítica 

Punteros digitales: cómo piensan y trabajan los influencers políticos para conseguir votos en las redes sociales

El mundo digital es desde hace tiempo un territorio que los políticos se disputan como un distrito más. Los influencers de la política sirven para marcar tendencias y -aun más importante- generar “conversación”. No consiguen beneficios ni manejan planes sociales como los viejos punteros de barrio, pero muchas veces acortan la distancia entre los candidatos y sus votantes.   

Tributan para el macrismo, el Frente de Todos y demás fuerzas de la oposición. Cada uno con su libreto. En el primer encuentro nacional de Juntos por el Cambio, Marcos Peña (@marquitospena, 830 mil seguidores) se refirió a la “territorialidad digital”, a la que definió como más “abstracta” que la tradicional, pero territorialidad al fin.

Newsletters Clarín

Lo que tenés que saber hoy | Las noticias más importantes del día para leer en diez minutos

De lunes a viernes por la mañana.

Recibir newsletter

No todas las redes son iguales. A pesar de que los más jóvenes ya no la frecuenten, los asesores digitales del mundo PRO siguen apostando por Facebook -y por lo que consideran su evolución: Instagram. La red fundada por Mark Zuckerberg tiene una lógica más territorial que las demás y, a pesar de la presunta baja, sigue siendo la preferida: prácticamente todo el padrón nacional está en Facebook. Y con pauta se puede llegar a todos.

Ernesto Calvo (@ecalvo68, 6 mil seguidores), profesor de Ciencia Política en la Universidad de Maryland, y autor de Anatomía política de Twitter en Argentina (Capital Intelectual, 2015) explica cómo funciona la territorialidad virtual. “Los punteros digitales están en Facebook, que es dominante en política local en Argentina. Estudios recientes muestran que la proximidad territorial es particularmente importante para las interacciones en esa red”, observa.

¿Y Twitter? Para Calvo, la relación allí es más tenue y está dominada más por temas que por lugares. “Twitter forma comunidades digitales, pero la relación de influencer es muy distinta a la de puntero. En política, el puntero sigue a la gente. En Twitter, los usuarios siguen a los influencers, quienes a su vez requieren de los usuarios para propagar sus mensajes”, explica.

“Twitter es para la prensa. Sirve para marcar posiciones”, dicen en el comando de campaña del PRO, el partido que más desarrollo tiene en el mundo virtual. Sin embargo, algunos de los asesores de mayor prominencia en el oficialismo le bajan el pulgar al microblogging. “Twitter es tierra de fanáticos. Es un lugar en donde la gente ya tiene decidida su opinión (y su voto). Los que tienen miles de followers le hablan a gente que ya está decidida, al voto duro de un lado o del otro”, dicen.

Esa visión no impidió que el 12 de junio pasado una docena de twitteros visitara las instalaciones del búnker del PRO, a solo tres cuadras de la Casa Rosada. Entre otros, estuvieron el usuario Diego Álzaga Unzué (@atlanticsurff, 122 mil seguidores) y Apu (@apuntes_, 29 mil seguidores), quienes desde hace años apuntalan al gobierno de Mauricio Macri (@mauriciomacri, 4,9 millones de seguidores) cada uno con su estilo, en 140 o 280 caracteres.

Cuando futuras generaciones me pregunten que es el Kirchnerismo, les mostraré este video. Cumpa, esto vas a votar el Domingo. Cómo los humillan a los orcos, Dios mío. Un minuto sin desperdicio. Vean. ?✌????? pic.twitter.com/o2HJO1N0Mk

— Diego Álzaga Unzué (@atlanticsurff) August 5, 2019

La dra @spitta1969 debería poder decir y votar a quien se le antoje sin que un ✌?Candidato a Presidente✌? la nombre en un acto partidario como la disidente. No ves el nivel de bullying? https://t.co/KYZQIydu8f

— pola oloixarac ?? (@poliamida) August 1, 2019

Apu suele explicar algunas medidas del Ejecutivo mejor que el propio Gobierno. Muchos funcionarios, empresarios e investigadores lo consultan. Es el creador del “broteverdismo”, el término que sirvió para iluminar los sectores de la economía que empezaban a desperezarse en 2016. “Mi vínculo con la política es pasional y amateur. Prefiero remarcar la importancia de mantener el diálogo con el que piensa distinto para evitar el sesgo de confirmación donde todos estamos de acuerdo con nuestro microclima y al final parece que vivimos en países diferentes”, le dice a Clarín sobre la convivencia política online.

Álzaga Unzué (no es su nombre real) elige en cambio posiciones más agresivas. “Así opera el hermano del hippie melenudo poco afecto al trabajo”, escribió días atrás para referirse a Sergio Maldonado, el hermano de Santiago, muerto en el río Chubut. Sobre todo publica videos de archivo para dejar en evidencia las contradicciones del kirchnerismo.

El 12 de junio ambos respondieron a la invitación de Federico Morales, a cargo de la red de voluntarios “Defensores del Cambio”, que se ocupa de rastrear y convencer a indecisos, principalmente a través de sus teléfonos celulares. El encargado de contactarlos fue Martín Pugliese, que también trabaja en el G25, la red oficialista que busca atraer a trabajadores del sector privado al público.

“Se les mostró el edificio y Morales les contó cómo se estaba organizando el partido para afrontar la campaña. Es una manera de agradecerles y contenerlos”, minimizaron en el PRO. En la práctica, de esa reunión se formaron nuevos grupos de WhatsApp para compartir contenidos oficialistas. Esta red de mensajería vía celular es un nuevo protagonista de campaña: desde allí el oficialismo busca un contacto uno a uno con los votantes, quienes replican los mensajes originales y fabrican nuevos.

Más que las solicitadas de macristas puteandote me parecen más ofensivos esos intentos de convencerte de votar a Cambiemos por “sensatez”, tono elegido por los votantes de Macri con papiros y dialoguismo. Postura paternalista, soberbia y bastante boluda

— inca (@LaInca_) August 3, 2019

Tengo razones y argumentos para votar al Frente de Todos. Pero el mas importante, es que espero un gobierno que garantice la plena vigencia del Estado de Derecho, de las garantias constitucionales y del derecho a defensa. No quiero inocencias por decreto. Quiero juicios justos

— Graciana Peñafort (@gracepenafort) August 8, 2019

El Frente de Todos también se organiza y da pelea en el frente digital. Semanas atrás se filtraron sugerencias del comando de campaña sobre cómo debían compartir contenidos los militantes. Pedían que abrieran cuentas en las redes sociales en las que no tuvieran perfiles, que compartieran los contenidos “con afecto”, que no contestaran agravios con violencia y que utilizaran determinados hashtags en Instagram y Twitter.

“No tenemos trolls como Marcos Peña. Solo generamos y movemos contenidos de las cuentas oficiales de Alberto Fernández (@alferdez, 227 mil seguidores) y del Frente”, explican los voceros del candidato desde las oficinas de la calle México. Cecilia Hermoso es la CM detrás de la cuenta del aspirante presidencial y de la de Dylan, su perro.

En el barro de Twitter los perfiles de los influencers pueden variar desde lo institucional al humor. Todo es válido. Anita Montanaro (@anitamontanaro, 11 mil seguidores) administró las cuentas oficiales de la Casa Rosada durante el gobierno de Cristina Kirchner (@CFKArgentina, 5,5 millones). “Ahora el oficialismo tiene diferentes usinas con diferentes niveles de organización que son visibles. Del otro lado de la grieta el nivel de organización es menor, lo que no es una evaluación de valor sino simplemente un hecho objetivo. Es un mito que el gobierno anterior también utilizaba trolls. Es falso; de hecho muchos se oponían hasta a hacer anuncios en redes sociales, cosa que siempre consideré un error grave”, señala y rememora.

@CasaRosadaAR, la cuenta oficial del Gobierno hasta 2015 -que el kirchnerismo se llevó consigo al dejar el poder-, fue dada de baja. Todo un síntoma de un cambio de época.

El fantasma de Cambridge Analytica y el Gran Hermano

Macri, Horacio Rodríguez y Diego Santilli llegaron a Netflix. No es una buena noticia para el oficialismo. Una imagen de los tres celebrando en 2015 aparece en el documental Nada es privado (The great hack), de Jehane Noujaim y Karim Amer.

Mirá también

En el film se sugiere que la empresa Cambridge Analytica -contratada para la campaña de Donald Trump y para el Brexit- realizó trabajos en la Argentina contra el kirchnerismo.

En el Ejecutivo y en el PRO lo negaron rotundamente, tal como hicieron cuando estalló el escándalo por la manipulación de datos de Facebook a los que supuestamente accedía la compañía. Aseguran, en cambio, que para dirigir mensajes específicos a posibles votantes utilizan las segmentaciones de Facebook y Google.

Algunas dependencias contratan consultoras que hacen lo que se llama “escucha de redes”: un servicio de seguimiento de tópicos y conversaciones para conocer hacia dónde se dirige la opinión pública. Sin embargo, quienes dirigen la estrategia digital del oficialismo relativizan el valor de ese tipo de herramientas. “Le damos poca importancia, porque la preeminencia de Twitter es muy fuerte y sesgada”, dicen.

En en el encuentro de julio pasado de Juntos por el Cambio en Parque Norte, el asesor preferido del Presidente, Jaime Durán Barba, echó por tierra las versiones sobre el uso de trolls y pidió no hacer campaña sucia. “El tono de campaña debe ser esperanzador, positivo. Lo de los trolls es un disparate, es de tontos eso y nosotros somos inteligentes. Ni difundimos mentiras. No insultamos”, explicó entonces. 

Mirá también

Para el profesor Ernesto Calvo, no existe tal cosa como el fenomenal ejército de trolls en Twitter que denuncia la oposición y que el oficialismo niega. “Se parece más a un cardumen”, describe. El PRO no descuida, sin embargo, su relación con influencers digitales de peso, y suele inundar las redes con videos propios, algunos cuyo origen no siempre reconoce.

La lógica de las redes -en especial de Twitter- fomenta la polarización. Y, en alguna medida, la confusión; porque es la misma red social que utiliza “un mecánico para hablar de fútbol” en la que “Donald Trump denuncia una alianza entre Corea del Norte y China que pone en peligro la paz mundial”. Así lo expone Alessandro Baricco en su ensayo más reciente The Game (Anagrama, 2019), libro que por estos días recomienda Marcos Peña y leen varios de sus subalternos en Jefatura de Gabinete.

Un consultor aporta que la batería de servicios digitales que los partidos y candidatos con más recursos utilizan se completa con el entrecruzamiento -mediante softwares- de los perfiles de los usuarios de redes sociales con otras bases de datos para asociarlos a los nombres reales que figuran en el padrón. En el oficialismo niegan utilizar esas herramientas.

Queda resonando la pregunta que se hace David Carroll, en los primeros minutos del documental de Netflix, y que no encuentra una respuesta concluyente tampoco al final. “¿Cómo es el que sueño de un mundo conectado nos separó?”

Humor y tuitstars

En el medio de las agresiones periódicas, el humor también sirve para tender puentes. O para romperlos. “La diferencia principal entre las cuenta K y las M es el humor. Tanto cuando fueron oficialistas como ahora que son opositores, a los twitteros K siempre se les complicó el detalle de ser aunque sea un poco graciosos. A todo le imprimen una cuota de solemnidad insoportable. Uno pensaba que desde la oposición iban a ser más entretenidos, pero no. Asignatura pendiente. De hecho, los mejores chistes sobre Macri han sido de twitteros antikichneristas. El humor ha quedado de un solo lado de la grieta. Del otro lado hay cartelitos y ñañañeos.”, explica @MisOdios (365 mil seguidores). Con el pseudónimo de Gustavo Beaverhausen saltó de Twitter al libro con Manual para demoler progresistas, publicado en 2018 por Edhasa.

Mirá también

En la vereda de enfrente, @SuperSecretario (35 mil seguidores) nació cuando Guillermo Moreno pisaba fuerte en la secretaría de Comercio. “Era una joda y quedó”, detalla ahora. En diciembre pasado, Cristina Kirchner retuiteó una encuesta suya en clave de humor que llegó a todos los diarios.

A pesar de sus miles d seguidores, @SuperSecretario no se considera un influencer político del kirchnerismo, pero tiene sus preferidos. “Los verdaderos influyentes, a mi gusto, quienes creo articulan/modifican la tendencia y utilizan sus nombres son Sebastián Fernández (@rinconet, 65 mil seguidores) Horacio Torres (@Horacio246, 37 mil), @MarceOzz (28 mil), y @nanothompson (33,4 mil)”, enumera. “Usan su nombre real, no son cuentas fake ni necesariamente de humor, pero son verdaderos ‘influencers’ en el mundo K que enojan a los M por su estilo y/o solida argumentación”, detalla.

El éxito de @rinconet le sirvió para llegar a la grilla de la radio El Destape, de Roberto Navarro. Por sus tuits trabó amistad con varios referentes del firmamento kirchnerista: Graciana Peñafort, Amado Boudou y Juliana Di Tullio, entre otros. Para él, las diferencias entre los tuiteros opositores y oficialistas tiene que ver con los contenidos. “Los tuiteros K defienden un espacio político en base a iniciativas que apoyan mientras que los antiK no apoyan iniciativas específicas del gobierno que llaman a reelegir, sino que denuncian las calamidades del kirchnerismo”, destaca.

Mirá también

Peñafort (@gracepenafort, 124 mil seguidores), que fue abogada de Cristina Kirchner, Guillermo Moreno y Héctor Timerman, también encontró en los 280 caracteres un eco para sus posiciones políticas y judiciales. “Twitter no es la vida real; no es el territorio efectivo de la política. Pero en Twitter también se construye sentido, así que muchas de mis actividades laborales las comento ahí”, dice, y asegura que no sirve para convencer a votantes, pero sí para llegar a los medios.

Twitter suspendió días atrás la cuenta de @luanapascual (La Leona), quien, en videos y emponchada como María Eugenia Vidal, acumuló miles de seguidores por sus imitaciones a la gobernadora. “Vidal es un personaje muy bien armado para que funcione marketineramente, con ese tono de voz, esos mensajes esperanzadores, esa imagen virginal y pura, que les ha funcionado. Yo vi a alguien muy parodiable: había que mostrar que, por más que te hablen bonito y de manera serena, lo que termina importando son las políticas que se implementan”, afirma. 

El llamado de Marcos Peña

Camila Crescimbeni (@camicrescimbeni, 7.400 mil seguidores), directora del Instituto Nacional de Juventud, titular de la Juventud PRO y candidata de Juntos por el Cambio en la Provincia, está a cargo del segmento influencers de la campaña macrista. Twitter no es su prioridad. Está más pendiente de los posteos de influencers ajenos al mundo de la política en las redes sociales que puedan coincidir con alguna medida de la gestión. Un contacto puede derivar en un mensaje del Presidente o en un like de ellos a la cuenta del Jefe de Estado o, como ocurrió en el pasado, a una invitación a Olivos. Responde directamente al jefe de Gabinete, que suele recomendarle a sus funcionarios que no sean ellos quienes administren sus cuentas en las redes sociales.

Peña levantó el teléfono un par de veces para pedirle moderación a su diputado más famoso y polémico en las plataformas 2.0: Fernando Iglesias (@FerIglesias, 269 mil seguidores). “No critiques a los periodistas, porque al ser una figura conocida dentro del Gobierno alguien puede interpretar que es una forma de apriete”, le dijo el ministro coordinador, según él mismo recuerda. Iglesias había cruzado a María O`Donnell (@odonnellmaria, 273 mil seguidores) en Twitter. “Tu forma de hacer periodismo es desastrosa”, le dijo Iglesias. La periodista lo calificó como el Luis D’Elía del Gobierno. La polémica que originó la discusión fue casualmente un informe de Amnistía Internacional sobre trolleo -agresiones coordinadas- en redes sociales.

Iglesias llegó a la boleta porteña del oficialismo en 2017 por orden del Presidente, que estaba deslumbrado por su manera de defender al Ejecutivo en televisión. “Twitter es la red más activa y dinámica, aunque no la más masiva. Concentra el mayor nivel cultural y político de las redes. Sirvió para que tengamos buena memoria. Muchas cosas han salido a la luz, como las declaraciones de Alberto Fernández contra Cristina o Axel Kicillof. La gente accede rápidamente a los archivos”, explica. A través de Twitter popularizó expresiones como “El club del helicóptero” -para referirse a los sectores que agitaban una salida rápida de Macri-, o “El frente reciclador” para hablar de la fuerza de Sergio Massa.

Algunos funcionarios del Gobierno, de diálogo frecuente con periodistas, suelen reclamar a los cronistas cuando publican información y opiniones en sus cuentas personales en lugar de hacerlo en diarios o portales. Allí -en las redes sociales- el daño es mayor.

Con los tuiteros pasa algo similar. Aunque “Gustavo Frondizi” (@gfrondizi, 275 mil seguidores) es oficialista, en ocasiones logró llamar la atención de algunos funcionarios. “Charlo en privado con muchos funcionarios del gobierno y políticos en general. Muchas veces me responden por privado las críticas que hago, lo que me causó sorpresa”, cuenta este arquitecto de más de 50 años que le dedica una hora por día a la red social que considera el nuevo “cuarto poder”.

Ironías salvajes y posverdades

Pola Oloixarac (@poliamida, 8300 seguidores) irrumpió en el mundo de la literatura argentina contemporánea hace 10 años con Las teorías salvajes, que Beatriz Sarlo definió como un tratado de microetnografía. Traducida a varios idiomas es una rara avis del mundo literario. Se atreve a expresar si pudor su preferencia por Macri, sus cuestionamientos al kirchnerismo y a marcar disidencias con algunas de las referentes feministas con más seguidores en las redes.

Lo hace en Twitter y también en el diario Perfil, donde levantó polvareda al volver sobre los dichos de la propia Ofelia Fernández, la candidata más joven a la Legislatura porteña. “Twitter es un videogame con palabras. Sombras de ejércitos de likes, blocks y metrallas de sarcasmo hacen la adrenalina. Ahora la pantalla que se juega es elecciones”, afirma la también autora de Mona, quien meses atrás participó de un encuentro de intelectuales afines al oficialismo.

Desde hace un año inauguró una guerra dialéctica con inca (@LaInca_, 42 mil seguidores), quien le había dedicado un extenso artículo (poco elogioso) en la revista Crisis. “Debería agruparme en los K pero hay muchísimas posturas más complejas que esa división, que es muy gruesa. No sé si veo diferencias ‘esenciales’; sí creo que el macrismo, bajo la égida de Durán Barba y su mirada de la política y las comunicaciones, puso más recursos y atención a Twitter, con lo cual muchas veces las cosas se pusieron un tanto desagradables en términos de trolls y ataques dirigidos a usuarios y usuarias opositores”, reflexiona @LaInca_ quien, a diferencia de Oloixarac, prefiere clausurar los cruces sarcásticos entre ambas.

Mirá también

El doctor en filosofía Santiago Gerchunoff (@sangerchu, 6700 seguidores) defiende en su ensayo Ironía On (Anagrama, 2019) el carácter provocador de las redes sociales. “La conversación pública está convirtiéndose en una experiencia de masas y, al mismo tiempo, leyéndose como una supuesta fuente de degradación cultural, democrática y política. Está por llegar todavía el tiempo en el que la conversación pública de masas tenga su propio proceso legitimador”, escribe. Para él la ironía -antes reservada para las élites- se masificó gracias a Twitter, plataforma en la que -al igual que su padre, el historiador económico Pablo Gerchunoff (@pgerchunoff, 27 mil seguidores) – es un activo usuario.

@OrwellGeorge (35 mil seguidores) es otro tuitero M, convencido de que su aporte fue valioso para “resistir” contra el kirchnerismo. Afirma que tiene una inmobiliaria y que vive en Temperley. Su experiencia, sin embargo, da cuenta de la confusión y el daño que puede infligir la impunidad del anonimato en las redes. En 2012, cuando el valijero Leandro Fariña fue preso hizo una cuenta con su nombre. “Me escribían productores, sacaban mis tuits por la tele. Un día al aire Polino preguntó si me podía llamar. Ahí vi que se me estaba yendo de las manos y di de baja la cuenta. Nunca más. Pero probé al máximo el poder de las fake news”, dice.

Liberales contra todos: por afuera de la grieta y sin candidato propio

En el oficialismo creen que el candidato presidencial de Unir-Despertar, José Luis Espert (@jlespert, 323 mil seguidores), es un producto de las redes y de algunos medios de comunicación. Al mismo tiempo que irrumpió en el escenario público, usuarios -que se definen liberales- emergieron para criticar con la misma virulencia al kirchnerismo y al macrismo, al que le objetaron su ineficiencia para controlar el gasto público y bajar impuestos.

Espert no logró contenerlos. Pablo Abdón Torres Barthe (@AlberdianoArg, 37 mil seguidores), amigo personal del economista-candidato, es uno de ellos. Abogado de profesión, desde su cuenta de Twitter viralizó que la Cámara de Diputados gastaba $2,5 millones en pines de oro para los legisladores.

Además, mantuvo cruces con Pedro Robledo (por gastar $1,4 millones en pendrives) y con Fernando Iglesias, que luego de mantener una polémica por un viaje a los Estados Unidos, terminó donando 100 mil pesos a la Fundación Garraham. “Casi no veo diferencias entre los tuiteros K o los M. A lo único que se dedican es a justificar a sus políticos preferidos cual zombies. Me da risa cómo intentan justificar las cosas y los cambios”, dice Abdon, a quien sus tuits le abrieron la puerta de Infobae. Una curiosidad: aunque Abdon cuestiona la administración de Horacio Rodríguez Larreta, colaboró para uno de los libros del flamante aliado del jefe de Gobierno: Martín Lousteau.

Como tantos influencers, @VoteCerebro (17 mil seguidores) tiene una vida paralela. En la real es periodista. En la virtual dice que quiere ser jefe de Gobierno. “Siempre tuitié sobre el malgasto en Diputados y en Senadores, en los gobiernos municipales de Macri y de Larreta, y en los nacionales del matrimonio Kirchner y de Macri. Últimamente, veo muchos tuiteros preocupados por cómo se malgasta el dinero de todos”, relata.

Prueba de la atención que le prestan en lo más alto del poder son las múltiples respuestas públicas de cuentas oficiales a sus observaciones. Por privado, en cambio, le han preguntado si trabaja para el kirchnerismo o para el macrismo.

Claves teóricas para entender un fenómeno global

El politólogo argentino Andrés Malamud (@andresmalamud, 37 mil seguidores) es uno de los analistas con mayor predicamento en Twitter. De origen radical logra saltar (casi siempre) los agravios.

Radicado en Portugal, donde da clases en la universidad de Lisboa, explica que el uso que la política local hace de las redes no tiene nada de particular en tiempos en los que Donald Trump gobierna la primera potencia mundial a través de Twitter.

Cuestiona el concepto de territorialidad digital, porque considera que no tiene que ver con la relación clásica entre la geografía y el poder (votos, recursos, etc.), aunque la reconoce como una plataforma de visibilidad. Tampoco -añade- sirve para convencer a nadie. “Las redes funcionan como cámaras de eco: la mayoría de la gente selecciona a los emisores que piensan parecido y reproducen las propias creencias. Persuadir no es la especialidad de esta ágora, pero sirve para galvanizar la tropa propia”, sentencia.

El periodista Diego Rojas (@zonarojas, 28 mil seguidores) fue uno de los pioneros a la hora de analizar el vínculo entre la política doméstica y Twitter. “No hubo cambios, sino consolidaciones. Si antes había un interés más general en el uso de Twitter por parte de actores sociales más diversos, ahora se ha consolidado como una red donde fluye el intercambio entre políticos y periodistas; aunque los candidatos pueden utilizarlo para mostrar un costado íntimo y subjetivo con la publicación de sus mascotas”, reflexiona el autor de Argentuits. Pasiones políticas en 140 caracteres (Planeta, 2012).

Ernesto Calvo otra vez vuelve a relativizar la supuesta intensidad nacional en relación al resto del mundo. Para él, la Argentina es un país con alta actividad en Twitter, pero no es el más activo en cantidad ni en intensidad; una plaza ocupada por los Estados Unidos. “El alto número de interacciones en Argentina, sin embargo, nos dice algo sobre el estado de la política nacional. En Argentina, como en otros países del mundo, Twitter se ha transformado en una plataforma privilegiada por la política ‘grande’. Esto es particularmente cierto en lugares con altos niveles de polarización política como Estados Unidos Brasil, México, Venezuela y Argentina”, explica. Calvo añade que la penetración de la red de microblogging es “modesta” en Chile y Uruguay, un fenómeno que responde al “tono” con el que se plasma la política en esos países.

Resulta imposible calcular cuánto pesa la opinión de las redes en relación a las variables clásicas de la territorialidad, de la política y de la economía. Como nuevo campo de batalla de la política, las redes sociales son después de todo, y como sugiere Baricco, un juego. Sus reglas, trampas y códigos se mueven y cambian demasiado rápido. Se transforman al punto de que la estrategia de los partidos -y por supuesto, todas estas líneas- resultarán con seguridad obsoletas en tan solo 4 años.

Articulos relacionados