Sinisa Mihajlovic: las dos tragedias del perfecto pateador de tiros libresDeportes 

Sinisa Mihajlovic: las dos tragedias del perfecto pateador de tiros libres

Fue la conferencia de prensa más traumática de su historia y de la de los tantos que lo quieren y lo conocen. Se paró allí, vestido con su ropa habitual de entrenador del Bologna, y contó un dolor.  Y una verdad contra la que lucha y seguirá luchando. Cara seria, sin exageraciones.

Con ustedes Sinisa Mihajlovic, 50 años, uno de los mejores pateadores de tiros libres de la historia:

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“Desde el comienzo de la pretemporada siempre tuve fiebre, mi esposa ni siquiera podía creer que podía estar enfermo. Hice algunas pruebas y los resultados dicen que tengo leucemia. Hago siempre pruebas médicas, puesto que mi padre murió con cáncer. Siempre piensas que no te tocará. Mi esperanza es que se haya detectado la enfermedad en una fase inicial”.

Hubo una interrupción en el desarrollo de la confesión. No pudo con las lágrimas. Las soltó. Y las explicó:

“No son lágrimas de miedo las que tengo. Respeto la enfermedad y la enfrentaré con el pecho hinchado, mirándola a los ojos, como siempre hice”.

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Tenía también una queja guardada el hombre nacido en Vukovar, espacio croata, en tiempos de la Yugoslavia unificada. No quería que la noticia fea fuera pieza del mercado mediático. Lo explicó:

“Quise ser yo el primero en comunicar mi situación. No todo el mundo me respetó, prefiriendo vender 100 o 200 periódicos más y renunciando a una amistad de 20 años. Eso me duele mucho”.

Pronto llegaron los apoyos de todos los clubes en los que jugó y/o en los que dirigió. Lo comprobó: en todos lados lo recordaban con afecto, con admiración, con añoranza. En definitiva supo que lo querían mucho. La lista de adherentes a su nueva y más relevante de las luchas: Vojvodina, Estrella Roja (el último campeón de la Champions surgido del Este de Europa, con un Mihajlovic de 21 años como figura relevante), Roma, Sampdoria, Lazio e Inter como en los que dirigió Catania, Fiorentina, Milan, Torino y Sporting de Lisboa. Curiosidad o no tanto: por un rato, los archirrivales del Meazza se juntaron para acompañar a Sinisa. 

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Mihajlovic conoció las angustias de la guerra (en su caso La Guerra de los Balcanes) a la distancia, con el dolor de las ausencias, de las novedades de muertes cercanas, de odios que no le eran propios.

Lo retrató alguna vez el periodista Toni Padilla, en la revista Panenka: “Belgrado, 8 de mayo de 1991. Sinisa Mihajlovic, con 21 años, se dispone a jugar su primera final de Copa de Campeones con el Estrella Roja. Fichado esa misma temporada de Voivodina, el talentoso centrocampista está nervioso: en los últimos días no ha conseguido hablar con sus padres. Natural de la región de Eslavonia, en la frontera entre Croacia y Serbia, Mihajlovic sabe que en su Vukovar natal se están produciendo incidentes entre nacionalistas croatas y serbios. Hay muertes, emboscadas. La región está estallando y, con ella, toda Yugoslavia. Faltan pocos días para el inicio de la guerra que estremecería al Viejo Continente”.

Antes de la lluvia se llama la preciosa película (nominada al Oscar en 1994 como mejor film extranjero) que desnuda las contradicciones de aquellos días, de esos enfrentamientos entre vecinos. El fútbol, que aparece ínfimamente en un lejano relato de radio o de televisión, latía como casi nunca antes y como nunca después en esa geografía que se deshizo con espantos. Mientras la gloria abrazaba al Estrella Roja de la Yugoslavia unida; la República Federativa Socialista de Yugoslavia comenzaba a desintegrarse en sangre.

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Esa larga sucesión de enfrentamientos en sus Balcanes lo afectaron frecuentemente. Vivía pendiente de lo que pasaba en esa Serbia que sentía como propia y en todo el territorio que vivía entre infiernos.

Ya en tiempos de la Lazio, en 1999, Mihajlovic, habló -otra vez- con lágrimas en los ojos:

“No puedo vivir así. Entreno y esta fecha jugaré, pero mi mente y mi corazón están en mi tierra. No duermo, vivo constantemente pegado al televisor, hablando por teléfono con mi gente allá. Hay que terminar con este genocidio de la OTAN”.

Pedía el fin de los horrores. Ponía su cara en nombre de una paz que entonces parecía imposible. Lo había aprendido de su papá Bogdan -camionero, serbio nacido en Bosnia, fallecido en 2011- y de su madre Viktorija -empleada de una fábrica de zapatos, croata-.  

Días después, Sinisa volvería a demostrar su condición de crack. Y sobre todo de perfecto pateador de tiros libres. Cuentan los especialistas: estuvo y está a la altura de los mejores de todos los tiempos. Sí, Maradona, Messi, Zico, Ronaldinho, Cristiano Ronaldo, Juninho Pernambucano. Beckham. Con un récord del que sólo él se puede jactar: con la camiseta de Lazio, un año antes de ese 1999 de mensajes al mundo, le hizo tres goles de tiro libre a la Sampdoria en un mismo partido.   

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Ahora, incluso con cinco décadas en el pasaporte y en el cuerpo, Mihajlovic no pierde su técnica, su pegada de crack. Łukasz Skorupski -arquero polaco del Bologna- lo suele padecer en las prácticas. Y cuentan quienes presencian esas prácticas -como el argentino Rodrigo Palacios- que no hay en el plantel alguien con semejante técnica para la pelota parada.

Esas escenas de entrenamiento y su intensidad al borde del campo de juego continuarán habitando bajo el cielo de Bologna. El Director Deportivo del club, Walter Sabatini, lo confirmó como técnico de este plantel de la Serie A, que en la campaña 18/19 finalizó décimo: “Toda la institución está con Sinisa. Seguiremos con él. No es una cuestión humanitaria, pero un tema técnico; él es el mejor, aún no estando al 100%”.

La lucha de Sinisa, otra vez, continuará abrazada al fútbol. El está convencido de que es el mejor de los modos de escapar a los dolores y los tropiezos que la vida ofrece. 

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