El amplio margen de EE.UU. para seguir reduciendo la tasaEconomía 

El amplio margen de EE.UU. para seguir reduciendo la tasa

La tasa de desocupación actual en los Estados Unidos es 3,6%, la más baja en 51 años; y el nivel de inflación es 1,6% anual, por debajo del objetivo fijado por la Reserva Federal (2% anual) por cuarto año consecutivo.

La tasa de interés tiene un nivel similar a la pauta inflacionaria por necesidad, lo que significa que tiende a cero, como sucede en Japón desde hace más de 20 años, y también en Alemania, donde los “bunds” a 2 años pagan tasas de interés negativas (-2% anual) en los últimos 5 años. Esto implica que los inversores abonan 2% por año al Bundesbank por el privilegio que les otorga de recibir sus capitales.

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Este cuadro es el que define la “tasa neutral de interés” (r-start), en la que hay plena utilización de los factores (capital/trabajo), sin que aparezcan señales de alza de la inflación o subutilización de recursos.

La Reserva Federal presume que la “r-start” es 1,6% anual, igual a la inflación. Pero el titular de la Reserva de Nueva York, John C. Williams, cree que “…ha caído significativamente en los últimos años”, y ha alcanzado una pauta de 0,5% anual, 2 puntos porcentuales por debajo del nivel que tenía en 2000, cuando ascendía a 2,5% por año.

Hay así un amplio espacio para reducir la tasa de interés hasta 4 veces en los próximos 12 meses; y esto puede ocurrir sin desatar ningún tipo de proceso inflacionario, en una economía “superexigida” como la actual, que ha crecido 3% anual en los últimos 5 trimestres (a contar de los últimos 3 meses de 2017). La Reserva Federal bajó la tasa 0,25 puntos porcentuales esta semana, y la llevó a 2% / 2,25%.

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La causa del crecimiento de excepción de los EE.UU. es la oleada de inversiones que ha recibido del mundo entero (US$12 billones entre 2017 y los primeros 6 meses de 2019), encabezada por las transnacionales estadounidenses, que han repatriado US$1,4 billones en ese periodo.

El mandato constitucional de la Reserva le fija un doble objetivo: el máximo de empleo, combinado con la estabilidad de precios. De ahí que el contenido actual de este doble mandato sea ampliar significativamente el empleo (hay 163 millones de ocupados en los EE.UU., récord histórico), extrayéndolos de los que fueron excluidos o abandonaron la fuerza de trabajo en los últimos 10 años (8,4 millones de trabajadores).

Hay que sumarles los 4 millones que integran la inmigración calificada en los últimos 3 años, una cifra que se multiplicarían por 2 o por 3 en la próxima década.

“No hay nada particular en el capitalismo, fuera de lo general”, dijo Marx, regla que se intensifica al surgir una sociedad global creada por la revolución de la técnica, a través de un proceso de hiperintegración de carácter superintensivo que se realiza desde el mundo entero hacia los niveles más avanzados del sistema, que son los de Estados Unidos. “Todo lo que asciende, converge”, agrega Teilhard.

La cuestión en los EE.UU. —y en general en el mundo— no es la desocupación, ni siquiera las consecuencias del pleno empleo, sino el aumento sostenido de los salarios reales de los trabajadores, algo que solo es posible mediante el incremento de la productividad.

Elevar la productividad no es una cuestión tecnológica, sino política, económica y cultural. Hay que ampliar la participación de la fuerza de trabajo en el PBI, con mayores salarios y mejores bonificaciones; y la única vía para lograrlo es aumentar la calificación de los trabajadores, con un alza significativa del “capital humano”.

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Amazon, la principal empresa norteamericana, que lidera el despliegue de la “nube” o “cloud computing” en los EE.UU. y en el mundo, dispone de una capitalización de US$1,2 billones; y resolvió este año someter a un curso superintensivo de calificación a un tercio de sus trabajadores estadounidenses (250.000 aproximadamente), centrado en la inteligencia artificial y en la capacidad para codificar algoritmos.

Pronto estima abarcar a más de 7 millones de operarios a través de un programa de calificación liderado por el gobierno de Donald Trump, plenamente comprometido con esta iniciativa.

Los ingresos de los trabajadores norteamericanos se estancaron o retrocedieron en los últimos 20 años; y esto sucedió cuando comenzaba a desplegarse una nueva revolución industrial y tecnológica en la historia del capitalismo, fundada en el conocimiento, que valoriza por definición el trabajo altamente calificado y deprecia el de menor calificación.

Este cruce de tendencias determinó la participación de la fuerza de trabajo en el PBI estadounidense se redujera casi 15 puntos en este periodo; y esto limitó por consiguiente la expansión económica de los Estados Unidos.

Esta es la raíz del “fenómeno Trump”; y EE.UU. se convirtió como nación en la gran perdedora del proceso de globalización, como se reveló en la crisis financiera internacional de 2008.

Esta es la contradicción principal del capitalismo norteamericano en el siglo XXI: el retraso de la fuerza de trabajo frente a las exigencias cualitativamente superiores de calificación de la nueva revolución industrial, que se concentra en el escaso dominio de la “inteligencia artificial” y de la codificación.

“El capital es trabajo”, sostenía Marx. Este es, precisamente, el eje y la razón de ser de la crisis estadounidense, y también el futuro del mundo.

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