Lionel Messi, su enojo y un aporte al victimismo nacionalDeportes 

Lionel Messi, su enojo y un aporte al victimismo nacional

Acaso contra su voluntad, acaso por aquello de las “120 pulsaciones”, acaso porque no no sabe medir políticamente, Messi metió la pata. “Corrupción” sigue siendo una palabra fuerte, aún cuando de tanto aparecer en boca de cualquiera vaya quedando vacía de contenido. No deja de ser una acusación fuerte para quien la reciba. Leo se metió en un lío del cual saldrá como pueda, según la relación de fuerzas en el tire y afloje entre la AFA y la Conmebol. Sin embargo, otra vez involuntariamente, ha contribuido a abrirle la puerta al victimismo argentino, esa señal de identidad en la que poco se repara.

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Cualquier equipo sabe que en un Mundial o una Copa América, el local tiene ciertas ventajas. Algunas intangibles, otras groseras. Un árbitro inteligente “hace los deberes” sin barbaridades escandalosas, evidentes, sino que inclina la cancha con habilidad. De visitante hay que saber jugar contra 12 y “no entrar”. Debería hablarse de eso en el vestuario, Desde “La mano de Dios” habría que hacer silencio. O de la otra “mano de Dios”, en Italia ‘90, con el penalazo que hizo Maradona ante Unión Soviética y no fue concedido.

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En el fondo, persiste la resistencia histórica a asumir las derrotas. Hubo dos penales no otorgados ante Brasil, se sabe. Y se entiende que desde la emoción alterada, Messi se haya ido a la banquina. También le cabe lo de “el que no llora no mama”, que se empata con otra verdad argentina: “los calaveras no chillan”. Seamos buenos, lo más salomónico es el universal “hoy por ti, mañana por mí”.

MFV

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