De buscar a Messi a casi meterse en las entrañas de Ciudad de DiosDeportes 

De buscar a Messi a casi meterse en las entrañas de Ciudad de Dios

Un camino equivocado. Un GPS que no tuvo en cuenta el factor “Inseguridad“. Un momento de máxima tensión que terminó en un susto y en una anécdota. Pero en ese instante, todo fue nervios manipulados por todos los malos pensamientos que pudieran pasarle a alguien por la mente cuando ve a un par de personas acercarse con armas de fuego y haciendo gestos de “vengan, vengan”.

La ruta parecía no presentar inconvenientes. El Google Maps indicaba que entre el hotel y el predio de entrenamiento del Fluminense, lugar donde se prepara la Selección aquí en Río de Janeiro, más precisamente en el barrio llamado Jacarepaguá, sólo había unos 12 minutos de trayecto. Desde el área de prensa de la AFA habían advertido que las inmediaciones no eran “del todo seguras” y por ello iban a permitir el acceso al estacionamiento para esperar del lado de adentro hasta que llegara la orden de entrar a ver los últimos 15 minutos de la práctica de este martes.

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En dos taxis, los enviados de Clarín, Olé y La Nación partieron en esa dirección. Resultó extraño que uno de los choferes se persignara al ver el destino del viaje. “Debe ser muy creyente”, pensó uno. Los conductores se guiaron por las indicaciones del teléfono que, lejos de acertar al ingreso principal del predio, los hicieron tomar por una ruta alternativa que daba al portón trasero de la casa del Flu, que está todavía en construcción. De hecho, los accesos son de calles de tierras con serios desniveles.

Cuando el grupo de enviados se dio cuenta, ya era demasiado tarde. Algo andaba muy mal. Los taxis iban de curva en curva por un sendero rodeado de vegetación y basura, mucha basura y desechos. La zona no era nada agradable. Pero se llegó al fin hasta un portón del predio que estaba herméticamente cerrado. Nadie respondía. “Aquí no es”, dijo atinadamente alguien. Los choferes insistían en que sí. Un mástil con una bandera del Fluminense se veía del otro lado del paredón. Sí, era el predio donde se entrenaba la Argentina de Lionel Messi, pero por allí no se ingresaba. Eso seguro.

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Al pegar la vuelta y recorrer el mismo camino, a uno de los choferes se le ocurrió frenar y consultarle a un hombre subido a una carreta tirada por un burro. Al costado, un chancho comía del basural. Desde unos 30 metros otros dos hombres comenzaron a acercarse. Uno tenía un revólver que agitaba con su mano. El otro una metralleta Las manos no daban para subir las ventanillas y ambos autos partieron hacia la otra dirección raudamente.

Ese era uno de los ingresos a la famosa Ciudad de Dios, la gigante favela que se hizo conocida por la novela de Paulo Lins y que el cineasta brasileño Fernando Meirelles inmortalizó en la pantalla grande, que esta situada detrás del centro de entrenamiento del Flu. Otros periodistas argentinos cayeron en la misma trampa del GPS. Por suerte, luego de esos minutos de sudor frío, todos pudieron dar con el acceso correcto para poder encontrar a Messi y no a Ze Pequeno.

Río de Janeiro. Enviado especial.

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