Sobrevivió al horror de Chernobyl y vino a la Argentina para curarse: “Este país me salvó”Sociedad 

Sobrevivió al horror de Chernobyl y vino a la Argentina para curarse: “Este país me salvó”

La bandera nacional de Ucrania está compuesta por dos franjas horizontales de color azul y amarillo. El primero representa el cielo y el segundo la tierra fértil. El 26 de abril de 1986 ambos se vieron cubiertos por la gigantesca nube de radiación que convirtió a Chernobyl en un territorio fantasma luego de que el reactor cuatro de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin estalló por los aires.

Oleksandr Zahorodnyuk era chofer de camión y por aquel entonces trabajaba en la construcción de la planta nuclear de Pereiaslav-Jmelnitski. Tras la explosión, la exUnión Soviética ordenó que trabajadores de otras centrales participaran de la “limpieza” de la zona del desastre. Olek fue seleccionado junto a 29 compañeros más y arribó a la planta el 1 de septiembre de ese año.

Oleksandr posa con su camisa ucraniana. Créditos: TN.com.ar.

Durante 30 días protegió su cuerpo de los desechos radiactivos con solo un barbijo y guantes de obrero. Estuvo a 150 metros del lugar en el que explotó el núcleo del reactor y fue testigo presencial de los trabajos que miles de hombres llevaron a cabo para evitar una tragedia aún mayor. Pero el costo fue alto: comenzó a sufrir de presión en los riñones. Para curarse se mudó a la Argentina, el país que, según dice, “le salvó la vida”. La serie de HBO sobre la catástrofe reavivó el interés por conocer la historia de los sobrevivientes. El viernes 14 de junio Oleksandr recibió a TN.com.ar en su casa, en la localidad bonaerense de Merlo, y realizó un viaje en el tiempo a aquel septiembre de 1986 que cambió su vida para siempre.

“Me mandaron casi obligado a trabajar. No nos dijeron la verdad, no sabía que era tan peligroso como se muestra ahora. Nosotros no teníamos información sobre el peligro de la explosión”, relata al recordar sus primeros días en Chernobyl. Durante ese mes durmió en una escuela abandonada de Pripyat, la “ciudad fantasma” que fue evacuada por completo 36 horas después de la tragedia. “No tenía miedo pero me sentía mal, tenía la piel de gallina. No hay olor, no sientes, la radiación está en el polvo”, aseguró.

Oleksandr aún conserva su documento de identidad ucraniano. Créditos: TN.com.ar

En los primeros 15 días de trabajo manejó una camioneta blindada en la que trasladaba dosimetristas, los especialistas que medían los niveles de radiación. Pero en la segunda y última etapa de su período en la planta de Chernobyl se acercó, y mucho, al sitio en el que se emplazaba el reactor. “Yo estuve frente al hueco, a unos 150 metros. Cuando llegué sentía algo en el cerebro, no sé cómo explicarlo, incomodidad, algo raro”, intentó describir Olek.

Esa proximidad con la zona en la que se encontraba la mayor cantidad de material radiactivo le trajo complicaciones de salud. Los dolores de cabeza se hicieron cada vez más intensos y un estudio médico en Ucrania determinó que sufría presión en los riñones. “De los 30 que fuimos, ocho ya no están. Todos eran menores que yo. La realidad es que todos murieron por el reactor”, se lamentó.

Tras años de padecimiento concluyó en que la Argentina sería la mejor opción para curarse y comenzar un nuevo capítulo: llegó al país en 1998, en el marco del acuerdo que el gobierno de Carlos Menem había sellado con su par ucraniano para recibir a aquellos que escapaban del desastre nuclear.

Oleksandr junto a su esposa, Soraida, y su hija, Irina. Créditos: TN.com.ar.

En sus primeros años en Capital Federal trabajó como mecánico en la Avenida Warnes y en una fábrica de muebles. A fines de los 90 conoció a Soraida, oriunda de Perú, y se enamoró. Años después nació Irina, la única hija de la pareja. “Acá comencé a mejorar. Vine en 1998 con 42 años y para 2004 mi presión pasó de 16.4 a 11.9. Dejé los dolores de cabeza y me siento bien”, contó con alegría Oleksandr.

De hecho, insiste en que la recuperación se debe a la geografía de la Argentina. “Es un país virgen con un buen aire, mucho campo. Vine por su naturaleza, por productos que hay acá. Argentina me salvó, este país me salvó, ocho compañeros ya no están, murieron, acá es todo bueno”.

En diciembre de 2015 se mudó a Merlo, en donde compró una casa en el barrio Río Alegre. Es su “paraíso” rodeado de perros, patos, gallinas y abundante vegetación. Un lugar diametralmente opuesto a Chernobyl.

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