La historia del nieto 130 y una línea de teléfono que esperó 40 años el llamadoSociedad 

La historia del nieto 130 y una línea de teléfono que esperó 40 años el llamado

Javier Matías Darroux Mijalchuk es el nieto 130 y fue presentado este jueves por las Abuelas de Plaza de Mayo. Es hijo de Elena Mijalchuk y Juan Manuel Darroux, detenidos-desaparecidos en diciembre de 1977. Cuarenta y dos años después, anunciaron su restitución en una conferencia de prensa que encabezó Estela de Carlotto. Javier pudo encontrarse con su familia, saber su origen biológico e iniciar otra búsqueda, la de su hermano o hermana, ya que al momento de la desaparición, Elena estaba embarazada de dos meses. En la sede de Abuelas, se reencontró con Roberto, que lo buscó 40 años sin cambiar el número de teléfono esperando el llamado que finalmente llegó.

Juan Manuel Darroux trabajó en la Prefectura Naval Argentina de diciembre de 1961 hasta junio de 1966. De septiembre de 1969 a mayo de 1975 se desempeñó en la Universidad de Morón, en tareas administrativas, y allí conoció a Elena Mijalchuk, que estudiaba la carrera de Contadora Pública en ese establecimiento. Elena y Juan Manuel formaron pareja y aunque la familia de ella en un principio se opuso por la diferencia de edad. Finalmente aceptaron la relación y Elena se mudó con Juan Manuel, quien ya vivía solo en Capital.

El 5 de agosto de 1977 en el Hospital Alemán de Capital Federal, nació su primer hijo, Javier Matías, y si bien a Elena el nombre que más le gustaba era Matías, agregó Javier para que el niño llevara las mismas iniciales que su padre. Ya mudados a Caseros, a la propiedad de la familia de Juan Manuel, Elena volvió a quedar embarazada. Ella misma se lo contó a su madre y a su hermano Roberto, así como Juan Manuel también se lo había mencionado a su medio hermano Raúl Venturelli.

Lo último que la familia supo sobre Juan Manuel fue a través de sus primos Luis Molina y Domingo Carmelo Graziadio, a principios de diciembre de 1977. Se habían encontrado con él en un bodegón en la localidad de Valentín Alsina donde se solían reunir. Luego Juan Manuel le pidió a su primo Domingo que lo acercara hasta Paraná y Panamericana, zona norte del conurbano. Domingo lo dejó pero como lo notaba preocupado volvió a pasar y vio cómo su primo discutía acaloradamente con cuatro hombres que lo subieron a una Chevy azul metalizada. Fue la última vez que lo vio.

Elena se enteró de la situación. Juan Manuel no aparecía y ella no sabía dónde buscarlo. Hacia fines de diciembre de 1977, recibió una llamada y después una carta en la que su marido le indicaba que el 26 de diciembre debía encontrarse con unos compañeros en Capital Federal. En la víspera, Día de Navidad, Elena mostró la carta a sus padres y les pidió que la acercaran con su bebé al lugar. Al día siguiente, tal cual lo convenido, llevaron a Elena y al pequeño Javier Matías a la cita, en Pampa entre Lugones y Avenida Figueroa Alcorta, en Núñez. Esa fue la última vez que los vieron.

La familia Mijalchuk no conocía a nadie que les pudiera brindar información. A finales de los ’80, tanto ellos como los Darroux pidieron a la justicia la presunción de la muerte. Pero en mayo de 1999 Roberto Mijalchuk se decidió y denunció la desaparición de su hermana embarazada, su cuñado y su sobrino. Así se abrió un nuevo legajo de una mujer embarazada desaparecida en la CONADI y otros en la CONADEP.

Roberto dejó como contacto un teléfono de línea que, en estos años, nunca dio de baja, esperando recibir alguna vez una noticia. Las familias Mijalchuk y Darroux fueron incorporando sus muestras al Banco Nacional de Datos Genéticos. Abuelas, por su parte, solicitó a la justicia que se realizaran exhumaciones de familiares muertos para completar la información genética. La última muestra que se sumó, la de su abuela paterna, Natividad Arelano Venturelli, junto a la ampliación de los marcadores analizados por el Banco, permitió la identificación de Matías. A todo esto, los equipos de la CONADI investigaban las causas de desaparición de la pareja.

Mientras tanto, un joven con dudas sobre su identidad se acercó a la filial de Abuelas Córdoba. Él siempre supo que no era hijo de quienes lo criaron y su expediente de adopción consignaba que había sido encontrado por una mujer la noche del 27 de diciembre de 1977. Fue en la intersección de Ramallo y Grecia, a tres cuadras de la ESMA, cerca de donde esa misma madrugada Elena Mijalchuk fue vista con su bebé por última vez.

Por disposición de la justicia, el bebé fue entregado en guarda para adopción a un matrimonio, con quienes se crió en la Ciudad de Buenos Aires. El muchacho se mudó a Córdoba en 1999 y allí inició su búsqueda. Paralelamente, en Abuelas Capital se habían recibido denuncias sobre un joven presuntamente hijo de desaparecidos, que fueron incorporadas al caso para su investigación.

El tío Roberto Mijalchuk recibió el llamado tan esperado a ese teléfono fijo que nunca había dado de baja. La CONADI le comunicó que había encontrado a su sobrino y que podían reunirse. Javier Matías Darroux Mijalchuk conoció su origen

La emoción del tío y la historia de la línea telefónica

Durante la conferencia en la que se presentó al nieto 130, Roberto Mijalchuk estuvo presente y se emocionó hasta las lágrimas por reencontrarse con su sobrino: “Quería que conozcan mi voz, que sepan de qué se trata. Empecé la búsqueda solo, con 19 años, mi mama estaba operada por un cáncer, mi hermana estaba desaparecida y mi papá era carpintero”.

El tío de Javier Matías contó que se “la pasaba recorriendo” diferentes organismos, desde Abuelas hasta Madres de Plaza de Mayo, sin olvidar las innumerables visitas al Ministerio del Interior en busca de su hermana y su sobrino. “Les agradezco tanto porque nunca dejaron de llamarme y con cada relato me ayudaban a abrir un poco más los ojos”, destacó.

Con una media sonrisa recordó la importancia de ese teléfono que lo acompañó durante tantos años con la esperanza de recibir una buena noticia: “Tengo dos líneas, la de cable, quizás ya innecesaria, pero que nunca di de baja porque es la que tenía el número que conocía mi hermana y mi cuñado“. Y agregó: “Si mi sobrino estaba vivo, yo sabía que me podía llamar a ese teléfono“.

Cuando ese llamado llegó y le dieron los datos de contacto de Javier Matías, contó que los dos se quedaron “esperando a ver quién llamaba primero”. Pero la ansiedad le ganó a Roberto: “Matías no era un desaparecido, estaba en el lugar equivocado. Estaba con personas maravillosas que lo habían adoptado”, dijo muy conmovido.

El chico, por su parte, resaltó la perseverancia de Roberto y emocionó a todos con sus palabras: “Durante 40 años, mi tío nunca bajó los brazos ni perdió la esperanza de encontrarnos con vida, manteniendo ese número de teléfono y esperando el llamado que finalmente llegó. Gracias tío.”

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