Quién quiere ser millonario: la lucha de Adrián contra la obesidad mórbidaEspectáculos 

Quién quiere ser millonario: la lucha de Adrián contra la obesidad mórbida


Adrián llegó a pesar 262 kilos.
11 de junio de 2019  • 01:07

“Yo había renunciado al amor porque no estaba bien conmigo, y cuando uno no está bien consigo mismo no puede estar bien con alguien”. Adrián Zukowski -hoy de novio con Viviana- llegó a pesar 262 kilos y no aguantó más: “Estaba en un infierno, no podía salir de mi casa. Me subía a un remise y pasaba dos cuadras sin poder hablar. No podía caminar ni a la esquina, iba del sillón a la cama, y de la cama al sillón. Estuve un año y medio sin salir de casa”.

Por supuesto la preocupación no era la estética, sino de salud, aun cuando el aspecto psicológico era clave: “El codazo del nene a la madre, como diciendo ‘mirá ese gordo’, si no estás en tu eje te voltea. Y hay otras cosas, como ir a un lugar observar primero qué sillas hay. Lo que para los demás es ‘normal’, para el que tiene sobrepeso es muy difícil”.

Con la ayuda de los profesionales del hospital Posadas, el participante de

Quién quiere ser millonario

comenzó un tratamiento y en dos años logró bajar 60 kilos. En ese momento su vida cambió: “Hoy con 200 kilos a lo mejor ustedes me ven mal pero yo estoy muy bien. Tomo tren, viajo en colectivo”.

Adrián vive con su madre de 87 años y tiene dos hijos que ama y lo aman: “Nuestro papá es un capo, estamos muy orgullosos de él”, coiniciden ante la pregunta de

Santiago del Moro

.

El comodín del participante es su hermana, además de “culpable” del gran bagaje de conocimiento que mostró a lo largo de la noche: “No soy un bocho pero tengo algo de memoria. Leo mucho gracias a mi hermana, que de chico en vez de regalarme autitos me regalaba libros”. También ella fue quién lo empujó a que se trate diciéndole: “Basta, si seguís así te morís”.

300 mil pesos se llevó el concursante la noche del lunes. Un incentivo no solo para acompañar su tratamiento sino también para iniciar “un negocio. Me gustaría asociarme con mi novia y poder emprender algo juntos, además de darle un gusto a los chicos, porque se lo merecen”.

El camino de Adrián, que hoy es telefonista en una remisería, todavía es largo. Estando en una meseta, sin poder seguir adelagazando la única opción es una operación, pero para ello necesita bajar 50 kilos más. “Esto es un día a día, te vas a caer mil veces. Con mi hermana luchamos por la obesidad desde que tenemos uso de razón. No es sencillo, hay muchas ganas de dejar todo pero siempre aparece algo que te hace seguir”.

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