Iba a ser la Copa América de Neymar, pero ya es la de Lionel MessiDeportes 

Iba a ser la Copa América de Neymar, pero ya es la de Lionel Messi

Iba a ser la Copa América de Neymar. O al menos a eso apuntaba el astro brasileño, porque más allá de haberse sacado la espina con el oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, ésta iba a ser una especie de revancha tras la frustración del Mundial 2014, con lesión incluida y eliminación histórica por 7-1 a manos de Alemania y él mirándolo desde afuera.

De repente, el foco principal viró. Sin Neymar, que en medio del escándalo por una acusación de violación sufrió un severo esguince en su tobillo derecho, que comprometió también el ligamento lateral externo (no será operado finalmente), la Copa América de Brasil es ahora la Copa de Messi. Por razones varias.

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Leo quedó como la máxima atracción de la competencia. Y, en consecuencia, las acciones de Argentina subieron. Sólo se repiten nueve futbolistas que estuvieron en Rusia 2018 y son diez los argentinos que afrontarán su primer gran campeonato con la Mayor. Pero a pesar de esta transición, que implica una renovación, el equipo de Lionel Scaloni tomó naturalmente mayor relevancia y los ojos de todos estarán sobre el “10” rosarino.

Es la Copa de Messi por sus ganas y su imagen renovada en estos tiempos de cambios. A no confundirse: es el Lionel de siempre, pero más relajado, más abierto, más cercano a la prensa, en otros tiempos vista como enemiga. Más humanizado, igual de argentino.

Messi, De Paul, Di María y Agüero, en Bahía.
Foto: Juano Tesone / Enviado especial

Ya es la Copa de Leo por más que el final -aún no escrito- no sea el de la gloria. Porque al revés de otras etapas, ahora parece refugiarse en la Selección de sus frustraciones recientes con Barcelona. ¿Quién dice que no se termine dando vuelta la historia esta vez?

Habló en largas entrevistas de su vida íntima, de sus hijos, de su mujer, de su padre, de sus gustos, de sus humores… Nunca antes se lo vio tan transparente. Y en San Juan, más allá de la poca monta del rival, Nicaragua, demostró que vino para ser uno más de este nuevo grupo y al mismo tiempo para guiarlo desde el césped.

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Aquí, en Salvador de Bahía, llueve casi sin parar y el pronóstico arroja que así seguiría durante toda la semana. El calor, casi 30 grados, se siente. Messi sale rodeado de los que quedaron de la vieja guardia a la puerta del Hotel Novotel, cercano al aeropuerto. Son Angel Di María, Sergio Agüero y Nicolás Otamendi. De infiltrado junto a ellos va Rodrigo De Paul, tomando mate y haciendo bromas. De los nuevos, es el más confianzudo el de Udinese.

Los demás ya están arriba del micro, esperando para salir rumbo al primer entrenamiento. “Tengo siete años y espero poder abrazarte”, dice una cartulina amarilla que sostiene Damiano, vestido con una camiseta de Barcelona, parado al lado de su mamá. Messi le sonríe a la distancia.

Hinchas saludan a los jugadores, que parte al entrenamiento.
Foto: Juano Tesone / Enviado especial

Hay gritos. Son de algunos argentinos, pero también de varios locales argentinizados por el imán del “10”: “¡Que de la mano de Leo Messi todos la vuelta vamos a dar!”, se escucha de parte del grupo de no más de 50 personas ubicadas del otro lado del vallado. Lionel se sube y saluda.

Al mismo tiempo, Brasil se entrena en San Pablo sin su crack. Periodistas locales coinciden en que sin Neymar, la expectativa disminuyó bastante. Y los torcedores lo demostraron: apenas hubo 16 mil aficionados en el amistoso contra Honduras, que se jugó en un estadio para 45 mil. Es cierto también que el público local demuestra su apoyo una vez comenzada la competencia. En la previa no hay mucho fervor.

Lionel Messi parte al primer entrenamiento en
San Salvador de Bahía.
Foto: Juano Tesone / Enviado especial

Pero el conjunto de Tite sigue siendo firme candidato, ojo. La ausencia de su estrella, aunque parezca contradictorio, puede tener su lado positivo. Los problemas de Ney afuera de la cancha no le hacían nada bien al equipo. Pierde al genio, pero gana mayor calma en el ambiente. Además, le sobran nombres de categoría.

En Salvador, siempre bajo la lluvia, el bus celeste y blanco se pone en marcha. Y arranca el sueño de la Copa de Messi. 

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