Federer-Nadal: un duelo como los mejoresDeportes 

Federer-Nadal: un duelo como los mejores

La historia los recuerda como los grandes duelos del deporte de tiempos pasados: Nicklaus-Palmer, Bird-Magic Johnson, Ali-Frazier, Borg-McEnroe, Karpov-Kasparov, Prost-Senna, Evert-Navratilova, Bartali-Coppi… El presente, en cambio, considera a tres como las grandes batallas contemporáneas: Lionel Messi (684 goles y 35 títulos en clubes y seleccionados)-Cristiano Ronaldo (691 y 30), Marc Márquez (cinco coronas y 48 victorias en MotoGP)-Valentino Rossi (cuatro y 48) y… Roger Federer-Rafael Nadal. Los dos que dominaron el fútbol en los últimos diez años, los dos que son amos y señores en el motociclismo casi desde el principio del nuevo milenio y los dos que, más allá del enorme Novak Djokovic, le toman el pulso al tenis desde hace una década y media nada menos, respectivamente.

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Federer y Nadal estarán hoy frente a frente en un partido que eclipsará la otra semifinal de lujo que tendrá Roland Garros en la que se medirán el número 1 del mundo y quien está llamado a ser uno de los potenciales candidatos a sucederlo en los próximos años. El choque entre el suizo y el español se llevó todos los flashes en la previa. Y si bien el candidato es Nadal por antecedentes y actualidad en el polvo de ladrillo, pocos dejan de lado un dato estadístico importante: Federer le ganó los últimos seis partidos que jugaron a quien no lo supera desde hace cinco años. Y, además, Federer es el mejor de la historia…

Los dos escribieron la historia más grande del tenis. Tanto con lo que produjeron adentro (títulos, semanas como N° 1, partidos ganados) como afuera de la cancha (marketing, idolatría, capacidad de seducción tanto en los fanáticos como en las marcas). Y los dos se potenciaron. Se hicieron mejores. No son amigos, pero se necesitaron y se buscaron con respeto, admiración y hasta con una cierta dosis de simpatía. Siempre.

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Son distintos en el estilo. Pero son iguales en la ambición y la manera de entenderse uno al otro. Saben que no hace falta ser prepotente, grosero o desubicado para ser exitoso. Y hoy, más allá del resultado, darán otra muestra de ello y de su grandeza.

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