Política Tinder: la semana en la que todos hablaron con todosPolítica 

Política Tinder: la semana en la que todos hablaron con todos

El mapa político es un Tangram. Como en ese milenario juego chino, depende cómo se ordenen las piezas puede formarse un monje o un gato. A 30 días del cierre de listas, no está claro si habrá dos, tres o cuatro vías electorales-la izquierda, al margen- y quién integrará cada escudería.

En Twitter, el politólogo Daniel Montoya [email protected]_- lo graficó con picardía: comparó la escena electoral con Tinder, la aplicación para buscar pareja o affaires, y señaló que, igual que en contexto, en la política todos se hablan con todos. Se “matchean”.

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Con la aparición de Alberto Fernández y el repliegue de Cristina Kirchner, quedaron atrás las posiciones estáticas.

Hasta entonces, el peronismo K logró expandirse pero hacia una frontera cercana, sin lograr ir más allá. Enfrente, Alternativa Federal se enroscó en su propia interna y Cambiemos buscó sin hallar socios-inversores para su aventura. El juego cambió el sábado.

Alberto Fernández logró la adhesión de gobernadores del PJ y sacó de la neutralidad -o del respaldo de Lavagna- a un puñado de sindicalistas: en la semana pasaron por su departamento de Puerto Madero Antonio Caló de la UOM y Andrés Rodríguez (UPCN), que suele moverse en sintonía con Gerardo Martínez de la UOCRA.

Sigilosamente, el candidato K operó a corazón abierto otro asunto: medió en la relación entre Domingo Peppo y Jorge Capitanich para que el peronismo no se rompa en Chaco y vaya dividido. Su primer medalla como candidato unionista podría ser un compromiso, con foto incluida, de ambos dirigentes prometiendo que serán parte de la misma boleta.

En el campamento “alternativo”, Roberto Lavagna reveló sus enojos. Cuando el martes dio por cerrado el capítulo Alternativa Federal –luego lo abrió, después lo volvió a cerrar– dio una explicación política a los que lo entornan y son, más bien, negociadores.

– Dejenmé a mí que yo lo conozco a Sergio. Cuando él te hace una movida, hay que dedoblarle la apuesta.

Traducción: Lavagna entrevió una jugada de Massa para sacarlo de la cancha y aislarlo de AF como antesala de una bajada de su candidatura.

En el lavagnismo dicen que eso no ocurrirá y ponen sobre la mesa otro asunto: los verdaderos enojos del ex ministro que no son solo con Massa sino, también, con Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey, los otros dos fundadores de AF.

Para Lavagna, Schiaretti y Urtubey no parecen hacer los esfuerzos necesarios para darle en verdad forma a la tercera posición y lo dice con todo de sospecha, en referencia a los contactos -públicos, pero sobre todo privados- entre el cordobés y el salteño con la Casa Rosada.

Más simple: en el lavagnismo creen que Massa está demasiado cerca de un acuerdo con los K, y que Schiaretti-Urtubey no descartan un entendimiento con Cambiemos.

En ese movimiento, el ex ministro pone el foco en el laboratorio PRO, donde en estas horas circulan las alquimias más insólitas. A la tesis de María Eugenia Vidal como vice de Mauricio Macri, se sumaron la de Martín Lousteau como escolta presidencial y una más pretensiosa: Vidal-Losuteau, con Macri off line.

En el mundo Macri flota un argumento sobre los riesgos de postular al presidente. Se sintetiza así: “puede ganar la presidencia pero perder el poder”.

¿Qué significa? Que al final, matemáticamente, no está descartado que el presidente reelija pero lo que puede ocurrir en que lo logre con un costo inmenso: que Cambiemos pierda en casi todas las provincias, incluso Buenos Aires, en el 80% de los municpios y tener un Congreso hostil y con mayoría opositora.

“¿Cómo gobierna ese Macri, sin poder y sin expectativas?”, se pregunta con más preocupación que malicia un cambiemita.

Ahí, del corazón mismo del PRO, aparecen malabares y artificios. Una fórmula sin Macri que encabece Vidal y sume a Lousteau, movimiento posterior a la convención donde se esperan más bulla que definiciones.

Quizá Alfredo Cornejo, que en Mendoza tiene a Macri 10 puntos abajo de Cristina en intención de voto, patalee y pida que el presidente se corra pero difícilmente eso sea, al final, el dictamen de la Convención de la UCR.

Hay, casi invisible, un garante: Daniel Salvador, que tiene lacrado a los convencionales bonaerenses y aporta muchas manos para sostener la postura acuerdista que puede incluir dos puntos de mucho simbolismo pero de poca aplicación.

La UCR pedirá que Cambiemos se amplíe y sume nuevos actores pero, hasta acá, no aparecen actores políticos que quieran subirse al tren. 

Puede, acto seguido, reclamar que haya PASO para elegir al candidato presidencial pero como dice Marcos Peña: “Al presidente no se le hace internas”. Es decir: si quieren primarias, van a tener que presentar listas en todas las categorías, gobernador bonaerense, jefe de gobierno porteño, diputados y senadores.

No huele a buen plan para el radicalismo.

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En el firmamento de Cambiemos apareció otra magia: dar marcha atrás con el decreto de Macri que, por pedido de Vidal, anuló las colectoras, ese formato que aparecía como una solución para el peronismo.

Ese es el modelo “Y”: dos candidatos presidenciales y un solo candidato a gobernador. Lo pensaron el PJ bonaerense y Sergio Massa pero lo abortó un decreto de Macri. Lo iban a usar los gobernadores del PJ en sus provincias para, llegado el caso, colgar su boleta de diputados y senadores del peronismo K y de Alternativa.

Ahora esa aventura vuelve a sonar pero como recurso para Cambiemos y consiste, dentro del manojo de versiones y tesis, en permitir que Vidal sea candidata a gobernadora con dos candidatos a presidente: Macri y, según esa película, un peronista alternativo.

A simple vista sería el sacrificio de Macri que dividiría votos con un peronista no K para que sobreviva Vidal. Lo hizo, con otra percepción de la política, Eduardo Duhalde en 1999 cuando dejó que Carlos Ruckauf se cuelgue de la boleta presidencial de Domingo Cavallo para que el PJ no pierda Buenos Aires.

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