Viaje a lo desconocido: del Conurbano a dirigir la selección de CamboyaDeportes 

Viaje a lo desconocido: del Conurbano a dirigir la selección de Camboya

“Mi mayor virtud fue seguir intentando a pesar de todo”, dice Félix Dalmas, aquel pibe de un humilde barrio de Moreno que hoy -a los 31 años- es director técnico de la Selección de Fútbol de Camboya.

Deambuló como futbolista en varios países y al final su vida dio un giro que lo llevó a dirigir en la lejana Camboya, en el sudeste asiático.

No sólo se encarga del Seleccionado Mayor, sino también de las otras categorías. Día a día hace el seguimiento de los 45 jugadores de la Sub 23, con los que viene de alcanzar -por primera vez en la historia- las semifinales en el Southest Asian Championship.

“Fue maravilloso lo que logramos. La relación con ellos es buenísima, son chicos que quieren aprender y superarse. Varios de ellos van a tener la oportunidad de ser los primeros en dar un salto de calidad”, dice entusiasmado Félix.

A pesar de su lesión en el tendón, el DT Félix Dalmas continúa con los entrenamientos de la selección de fútbol de Camboya.

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Ahora Dalmas tiene una vida muy distinta a la de cuando era chico. Creció en el barrio de Santa María en Moreno, y si bien no tenía mucho nunca le faltaron amigos y una pelota de fútbol de por medio.

Jugaba a la pelota en la calle y los chicos más grandes me llamaban para que participara con ellos en varios torneos. Después estuve en un club que se llamaba “Torito”, donde tenía un entrenador que no recuerdo su nombre pero sí su apodo, “Pacha”. Si bien mis papás querían que estudiara, y siempre intenté hacerlo, nunca me prohibieron seguir mis sueños“, cuenta el seleccionador.

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Poco después tuvo que despedirse de su barrio de la infancia. A sus 12 años, su familia decidió mudarse a Estados Unidos para escapar a la crisis del 200. Allí se destacó como delantero de la Universidad de Northridge, hasta que decidió probar suerte en diferentes países. Uno de ellos fue Japón: ”Mi mejor amigo de la universidad me convenció de intentar en su país. Extrañamente ahí tuve mi primera experiencia como entrenador. El presidente del club me pidió que dirija a alumnos y equipos menores de fútbol porque pensaba que era la mejor forma de aprender japonés”.

Los hinchas de la selección de fútbol de Camboya apoyaron al equipo en los entrenamientos y se sacaron selfies con el DT.

Así continuó viaje pasando por otros países, hasta que a los 28 años decidió retirarse. “Empecé a analizar mucho el fútbol, a estudiarlo y  a verlo como entrenador. Por eso me retiré y volví a la Argentina para estudiar la carrera de entrenador”, explica Dalmas.

De regreso en Buenos Aires, Dalmas comenzó a dirigir algunas categorías inferiores. Pero nunca imaginó un hecho que cambiaría su vida. Al mismo tiempo su mejor amigo trabajaba con el futbolista y empresario japonés, Keisuke Honda, uno de los jugadores nipones más conocidos (jugó en el Milan de Italia entre 2014 y 2017).

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Honda estaba por iniciar un proyecto futbolístico de formación de jugadores con bases en distintos países y necesitaba un intérprete que hablara español e inglés.

“Me llamó estando en Milán y tuvimos una entrevista por Skype, yo estaba muy nervioso. A los pocos días me propuso que trabajáramos juntos y me pidió que lo acompañara en su primer proyecto, el Pachuca de México”, precisó el morenense.

Felix no sólo se enfoca en lograr que sus jugadores tengan un buen nivel, si no que quiere lograr un cambio más profundo en Camboya: “Queremos crear héroes para que los chicos tengan a quien seguir y mirar. En el país faltan muchas cosas, nuestra idea es ayudarlos y hacer una diferencia. Por ejemplo trabajamos con el departamento de deporte para cambiar su alimentación y que tengan buena salud”. 

La vida en Camboya

Aunque las diferencias culturales son enormes, Félix trabajó mucho para vencer estas barreras. Una de sus primeras decisiones al mudarse a Camboya fue quedarse en un lugar alejado del centro de la ciudad, con el objetivo de estar tranquilo y poder relacionarse con la gente.

“Sigo aprendiendo su cultura todos los días, intento escucharlos, entenderlos, caminar las calles y ver de dónde vienen, cómo ven la vida. Mi idea al venir no era imponer reglas, si no hacer algo junto a las personas para que sea sostenible en el tiempo”, aclara el morenense.

Luego de un año de trabajo, confiesa que ya se adaptó a la vida allí: “ Me gusta porque siempre hace calor. El único inconveniente es la comida, si bien es rica, a veces es muy picante y eso lo trato de evitar. Logré adaptarme porque dejé de lado lo que sabía, tomé todo lo que me decían y siempre me interesó su por qué”.

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