Roto y en crisis, el radicalismo pone a prueba su “resiliencia” a una derrotaPolítica 

Roto y en crisis, el radicalismo pone a prueba su “resiliencia” a una derrota

Hubo un 71,51%, aquel del balotaje que entronizó a Mauricio Macri en 2015 y un 48,5% en la legislativa del 2017 que empujó a Juan Schiaretti a “enterrar” la marca Unión por Córdoba (UPC) y apurar el lifting electoral del peronismo.

Son las cifras monumentales que anudó Cambiemos en Córdoba en los dos últimos turnos electorales, ecos de una otra dimensión, casi una historia paralela comparada a la fractura que expresa el espacio de armó Mauricio Macri.

El titular de la UCR nacional, Alfredo Cornejo. Foto: Federico Lopez Claro.

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La bifurcación en dos espacios, de Mario Negri con Cambia Córdoba y Ramón Mestre con la UCR -la histórica lista 3- es la magnificación de una aritmética tremenda para la Casa Rosada: perdió en las ocho elecciones provinciales que jugó en 2019.

El PJ respiró aliviado, quizá antes alimentó la enemistad interradical, cuando fracasó la negociación entre Negri y Mestre que reprochan en Córdoba la comandancia táctica de Marcos Peña no supo, no quiso o no pudo ordenar.

El gobierno se apurará, el domingo por la noche, a sumar lo que Negri y Mestre acumulen por separado y fijarlo como el piso electoral de Macri para las PASO de agosto. Y lo comparará con los 33 puntos que Oscar Aguad logró en 2015 cuando perdió, por 6 puntos, con Schiaretti.

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El ejercicio de cotejar el segmento gobernador-goberandor es el más lógico. El otro procedimiento es teorizar que parte del votante de Schiaretti es potencial votante de Macri, hipótesis que valida el rechazo a Cristina Kirchner en Córdoba.

Elude un detalle: a diferencia de 2015, ninguna de las alternativas cambiemitas, enarbola la figura y la gestión de Macri.

Fuera de las cuentas queda otro fenómeno: la crisis de la alianza Cambiemos, con un PRO con poca representación -Héctor Baldassi, candidato a vice, y Dario Capitani, jefe del partido, tercero como diputado- y las heridas por la fractura de la UCR a días de la Convención donde se define el cómo de la pertenencia a Cambiemos.

Negri avisó, en una entrevista con Clarín, que luego de la elección hablará sobre cómo debe discutirse la convivencia dentro del radicalismo. Sin decirlo, apuntó a la autonomía del comité cordobés que fijó una hoja de ruta ajena a la UCR nacional.

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El factor Mestre, que controla el partido en Córdoba, tiene dos efectos brumosos. El intendente tiene un número importante de convencionales nacionales que pesan en el tironeo interno sobre si la UCR sigue, o no, dentro de Cambiemos, apuesta a una tercera vía.

En paralelo, la filial cordobesa del radicalismo debe poner demostrar su resiliencia a la derrota y la fractura pero logra recomponer la convivencia con el PRO y el ala de Negri para inscribir, de cara a las elecciones de diputados nacionales, el frente Cambiemos a nivel provincial

“Esa tarea tendrá que empezar el mismo lunes: no es fácil y tenemos poco tiempo” apuró el trámite un cambiemita que admite errores propios y anticipa que será cuestarriba.

La convención se reúne a fines de mayo; el plazo para inscribir alianzas caduca el 14 de junio.

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Aislado por el dispositivo Cambiemos, Mestre vio desfilar a Elisa Carrió -la única figura nacional cuya presencia se anuncia en el búnker de Negri, en el Holiday Inn, este domingo-, la bonaerense María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales por Córdoba para respaldar a Negri.

Ese desbalance de respaldos, mérito personal de Negri, puede intoxicar las negociaciones del día después con Mestre que, además, se topa con el riesgo de una sangría densa: puede perder la Capital, la base de su poder territorial.

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