Yoshi’s Crafted World, el videojuego más tierno que hizo Nintendo con puzzles para los más chicosTecnología 

Yoshi’s Crafted World, el videojuego más tierno que hizo Nintendo con puzzles para los más chicos

Yoshi es una especie de dinosaurio que acompaña a Mario desde décadas. Con Yoshi’s Island (Super Nintendo, 1995), este simpático personaje debutó en un spin off que fue uno de los mejores juegos de plataformas que se hayan hecho. Ahora, con Yoshi’s Crafted World la franquicia viró completamente para tener un perfil mucho más infantil: niveles fáciles, algunos puzzles para resolver y una estética de un mundo hecho a mano entre cajas de cartones, papeles, clips, piolines y todo lo que alguna vez usamos de pequeños.

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El principal problema para los que jugaron Yoshi’s Island, hace más de 20 años (se lanzó en 1995) es que es un juego completamente diferente: no es desafiante, no representa mayores problemas y si bien hay que resolver puzzles, están orientados casi con exclusividad a los más chicos.

La parte gráfica es sencillamente impecable: Yoshi se mueve en un mundo de cartón, papeles, vasos de plástico, origamis y todo lo que se pueda imaginar a partir de un par de tijeras, cinta scotch, y algo de creatividad.

Y la estrategia del cartón no parece casual: Nintendo impulsa, por fuera de sus juegos tradicionales, el proyecto de Nintendo Labo, un set de gadgets de cartón que ahora incluyen hasta VR (Realidad Virtual).

Acá, lo mejor del juego, lo que tendría que ajustar y el veredicto final.

Yoshi’s Crafted World. (Nintendo)

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Un mundo feliz de Yoshis

La historia comienza con los Yoshis (de distintos colores, como siempre), que viven felices en su isla. Hasta que un día Kamek -un personaje clásico que viene de Super Mario World, 1990- y una suerte de Bowser -el enemigo principal de Mario- bebé se roban unas gemas con las que “se cumplen todos los sueños”. Allí empieza la caza de estas piedras para regresar la felicidad a la Isla.

Kamek, en el inicio del juego, desata la aventura. (Nintendo)

Durante los niveles se puede cambiar de Yoshi en cualquier momento. Y la mecánica del juego permite usar trajes hechos con cartulinas y papeles que habilitan interacciones con el entorno de diferentes maneras.

A medida que se avanza hay que conseguir una cierta cantidad de ítems para poder abrir nuevos niveles. El mundo, hecho en cartón, se va desplegando.

Cada nivel tiene un cierto número de estrellas, flores y monedas para coleccionar, y según la cantidad obtenida se pueden conseguir distintos logros. El juego es orgánico y está bien planteado, desde los menúes que están en consonancia con el juego hasta la música (aunque esta tiene un gran problema -ver más abajo-).

Uno de los trajes que se puede usar: una caja de jugo. (Nintendo)

Jugabilidad: ¿un platformer novedoso? Sí

Técnicamente se trata de un juego 2.5D: ofrece elementos donde el jugador no sólo se desplaza de un lado al otro de la pantalla, sino partes de los niveles donde se puede ir hacia otros lugares que lo acercan o alejan a la dimensión de la profundidad.

Yoshi’s Crafted World: los escenarios son muy detallados. (Nintendo)

Cada nivel se puede “dar vuelta” y jugar desde un ángulo inverso, lo cual habilita nuevos desafíos como juntar poochies (cachorros).

Las mecánicas del juego son casi las mismas de siempre: se juntan huevos que se usan como “armas” o, por ejemplo, para llegar a lugares incómodos:

Y dentro del juego aparecen distintas modalidades y desafíos, desde un Yoshi gigante, un tren de cartón o botellas y latas que hay que trepar con imanes.

Cada nivel puede “darse vuelta”, es decir, ser jugado desde el lado inverso, con el desafío de juntar cachorritos.

Todo en un escenario que parece haber sido hecho por un chico de 9 años (con mucha habilidad para las manualidades, claro).

Un problema que tiene para los usuarios más experimentados es que el juego es realmente fácil, no representa muchos desafíos y por esto puede aburrir un poco. Nintendo apuntó a introducir a los más chicos al género de plataformas, y no quiere que se queden afuera por dificultades muy altas.

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Los Yoshis que hay para elegir. (Nintendo)

Gráficos y música: una muy buena y una mala

Mientras los juegos intentaron ir volviéndose cada vez más realistas, los juegos de Yoshi siempre apelaron a la creatividad por otro lado: en Yoshi’s Crafted World esto se mantiene y cada nivel despliega un nuevo aspecto de innovación.

Los gráficos se ven realmente bellísimos en Switch, que tiene todo lo que necesita para tener un aspecto colorido y texturado. Sí; las texturas de los elementos que se usan en el juego se ven perfectamente bien.

Un nivel donde hay que huir de un dinosaurio que “come” la pantalla. (Nintendo)

Y cada detalle está cuidado: las cajas de cartón, cuando se juega el lado inverso del nivel, muestran etiquetas comerciales con códigos de barras, las tapitas de botellas tienen mucho detalle y hay hilos pegadas con cinta en los distintos cartones, que de costado dejan ver su estructura corrugada.

Las cajas de cartón, del otro lado. (Nintendo)

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Como suele suceder en Switch, cuando la consola está en modo TV se ve muchísimo mejor que en su versión portable.

La música es un poco insoportable: se repite el mismo leitmotiv casi durante todo el juego, con apenas algunos cambios. Un punto muy extraño en Nintendo, que siempre tiene un desarrollo de soundtracks cuidado hasta el detalle más mínimo.

No se entiende bien la decisión de Nintendo en este sentido, ya que se termina haciendo molesto.

En varias ocasiones hay que armar trenes, puentes y otras estructuras para poder avanzar. (Nintendo)

Veredicto y conclusiones

Hay algo innegable: la ternura que despierta Yoshi’s Crafted World. Dan ganas de tener un Yoshi a mano después de jugarlo.

El videojuego es un platformer que enternece por su protagonista, innova en cuanto a su jugabilidad, y apunta a que los más chicos tengan una experiencia didáctica a la hora de resolver un nivel. En este sentido, cumple con las expectativas.

Yoshi’s Crafted World. (Nintendo)

Lo que el juego no es, sin dudas, es una continuación de lo que empezó en 1995 con Yoshi’s Island que, como secuela de Super Mario World, no sólo cumplía con los estándares de la época sino que los sobrepasaba con creces: un juego con gráficos distintos (“pintados” con crayones), una mecánica distinta de supervivencia (no se moría con un sólo “hit”, sino con una cuenta regresiva al perder al “Mario bebé” sobre nuestras espaldas), enemigos realmente creativos y un nivel de dificultad desafiante.

Quizás, un selector más amplio de dificultad hubiese sido una buena idea. 

Yoshi’s Crafted World es un poco fácil, pero quizás sea una buena puerta de entrada para los videojuegos más clásicos para los más chicos. A fin de cuentas, el mundo gamer no se agota en Fortnite, Minecraft y FIFA.

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