Acorralado por la crisis, Mauricio Macri vuelve a su idea de conseguir una oposición racionalPolítica 

Acorralado por la crisis, Mauricio Macri vuelve a su idea de conseguir una oposición racional

El martillo que descarga a mediados de cada mes el INDEC sobre el Gobierno con los datos de la inflación, los corcoveos impredecibles del dólar y el tembladeral que generó en los mercados internacionales la difusión de una encuesta que dejaba en ventaja a Cristina Kirchner para el balotaje de noviembre obligaron a Mauricio Macri a rescatar del olvido una de las ideas con las que comenzó su mandato. En una de las primeras decisiones que tomó como presidente, Macri subió en enero de 2016 a Sergio Massa a la delegación oficial que viajó al Foro Económico Mundial en Davos.

La intención de Macri con aquel gesto era mostrarle al poder financiero mundial que en la Argentina post populista germinaría, como ocurre en los países serios, una oposición “razonable” con la cual el gobierno podría parlamentar, negociar acuerdos y eventualmente, alternarse en el poder. Esa ingeniería se completaba con los empresarios del mundo abriendo sus billeteras para apostar por un país armónico que contrastaría con el desastre venezolano y el mal momento de Brasil.

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Esa utopía civilizatoria fracasó por algunas diferencias políticas entre Macri y Massa -que podrían haberse salvado con un puñado de conversaciones a solas- y, sobre todo, por la antipatía personal que habían desarrollado uno con el otro desde la campaña electoral, una tirria que los obligó alguna vez a contratar los servicios de mensajeros profesionales para poder sentarse en un mismo cuarto.

La crisis económica que se hizo evidente hace un año terminó por evaporar aquel sueño e hizo posible la pesadilla que hoy atormenta cada noche al Presidente. En el centro de ese problema está la paradoja que persigue a Cambiemos: elegir a Cristina como rival rinde en el escenario electoral interno pero asusta a los inversores, que esconden el dinero y con ese acto agravan la crisis que termina perjudicando las posibilidades electorales del oficialismo.

El renacimiento de ese proyecto inicial llega con un Macri enojado por las frustraciones acumuladas, con buena parte de su electorado desencantado por los meses de recesión e inflación y con el peronismo resignado a observar que la intención de voto de Cristina sigue firme. Las carencias, o la desesperación, suelen abrir oportunidades para que los negociadores se decidan a conversar. ¿Es una invitación tardía? Por supuesto, pero las circunstancias son las que están, y en la historia argentina no hay muchos ejemplos de políticos movidos por la generosidad.

La apertura del diálogo con la oposición es una vieja propuesta de Rogelio Frigerio y Emilio Monzó que llegaron a abrazar María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta y que chocaba desde hace meses con la pared que habían construido Mauricio Macri y Marcos Peña. El presidente terminó de ceder la semana pasada, cuando el riesgo país volvió a superar los 1.000 puntos.

Con la venia de Macri y Peña, la propuesta de los diez puntos que escribió Rogelio Frigerio llegó al teléfono de Juan Manuel Urtubey y desde allí ingresó al chat de whatsapp que el salteño comparte con los dirigentes de Alternativa Federal. Además del canal abierto con Urtubey, Frigerio habló sobre la propuesta con Miguel Pichetto, su mejor interlocutor en el peronismo, quien se comprometió a conversar sobre el tema con Roberto Lavagna. La tarea de negociar con Massa, en cambio, quedó en manos de Horacio Rodríguez Larreta. La fragmentación tiene una explicación: en AF no hay un jefe y cada uno hace lo que le manda su parecer.

Luego de que el Presidente saliera ayer desde Neuquén a apoyar los términos del acuerdo, Frigerio se dedicó a llamar a gobernadores aliados y opositores. Lavagna se mostró duro contra el Gobierno y Massa dio una conferencia de prensa para pegarle a Macri pero dejó la puerta abierta para un entendimiento básico. Pidió que se invitara también al kirchnerismo, aunque toda la política sabe que Cristina nunca aceptaría un convite semejante. La idea de Massa es mostrarse “presidenciable”. “Si uno quiere ser presidente, hay que actuar como un presidente. Y un presidente tiene que llamar al diálogo”, es el mantra que repiten muy cerca del precandidato de Alternativa Federal.

Tanto en el Gobierno como en el peronismo sostienen que la mejor noticia posible es que Cristina se autoexcluya del acuerdo. Sólo así se podría conseguir un escenario de PASO virtual en la elección general de octubre entre Cambiemos y Alternativa Federal que le permita a Macri conseguir alguna estabilidad en lo que viene y al peronismo ganar competitividad y, sobre todo, volver a convencer al mundo de que es posible frenar a Cristina en un balotaje.

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