Abuso sexual en la Iglesia: “Si la situación no cambia en la Argentina, no cambiará en ningún lugar del mundo”Sociedad 

Abuso sexual en la Iglesia: “Si la situación no cambia en la Argentina, no cambiará en ningún lugar del mundo”

En el bar de un hotel de la zona de Congreso, los tres viajeros toman café y planifican sus actividades para los próximos días. Vuelos accidentados por paros y falta de conexiones no les impiden hablar con entusiasmo de su primera visita a Buenos Aires, varias veces postergada.

Peter Isley, psicoterapista, es fundador de una organización internacional contra el abuso sexual en la Iglesia Católica, Ending Clergy Abuse (Terminar con el abuso del clero), activismo que comparte con Denise Buchanan, una psiconeuróloga jamaiquina residente en Los Angeles. Ambos fueron víctimas de delitos sexuales en su infancia y adolescencia. Anne Barrett Doyle vive en Boston, desde donde maneja la mayor base de datos sobre crímenes sexuales cometidos por religiosos del mundo, Bishop Accountability (Responsabilidad de los Obispos).

“Pensábamos venir cuando el Papa decidiera viajar a la Argentina. Pensábamos que habría sido una buena oportunidad para poner el foco en el manejo por parte de Bergoglio de los casos de abuso cuando era arzobispo, pero parece que no piensa venir, a pesar de que los obispos se lo piden”, explica Isley. Isley.BUchanan y Barrett-Doyle estuvieron en el Vaticano en febrero pasado, cuando se llevó a cabo la Cumbre sobre abusos sexuales, durante la que le pidieron como sobrevivientes a Francisco, una reunión que finalmente no se concretó.

Si algunos de los obispos argentinos estuvieran en los EEUU, estarían tras las rejas.

“La cumbre fue un evento notable. En los corredores, obispos sonaban como activistas, pero esos comentarios no resultaron en medidas concretas. Aún así, hubo un compromiso en que rindieran cuentas por los encubrimientos”, agrega Barrett Doyle. “Si el Papa tiene un compromiso verdadero con la cuestión, tiene que empezar por su propio país. Hubo limpieza e investigación en Chile, pero aquí en la Argentina el encumbrimiento por parte de la jerarquía es más grave”, insiste.

Para Barret Doyle, una mujer menuda y de modales suaves, una de las raíces de todos los males es el Concordato, un acuerdo firmado entre el Vaticano y la Argentina en 1966. “Por el concordato y por el status privilegiado que tiene la Iglesia argentina en la Constitución, los obispos tuvieron aquí impunidad casi total- acusa- Si algunos de los obispos argentinos estuvieran en los Estados Unidos, estarían tras las rejas“.

Aunque admite que la situación en los Estados Unidos está lejos de ser ideal, explica: ” Si un fiscal le dijera en los Estados Unidos a un obispo  que quiere información acerca de los procedimientos canónicos sobre cualquier sacerdote, el obispo tendría que proporcionarla. Si no, terminaría en prisión”.

En la Argentina, la vigencia del concordato del 66 permite que los obispos “se burlen de la ley argentina“. “Queremos que el Papa venga y empiece en su país la campaña para hacer responsables a los obispos de encubrir abusadores“, afirma.

No basta que el Papa hable, tiene que venir y ordenarles a los obispos que separen a los curas abusadores de la Iglesia argentina.

Peter Isley asegura que después de la cumbre del Vaticano se convenció de que tenían que venir a la Argentina. “El Papa, de manera dramática, declaró una guerra mundial contra el abuso y el encubrimiento. Dijo básicamente que él iba a conducir esa guerra. Tiene que venir aquí porque la Argentina es una zona de impacto de esa guerra. No hay tolerancia cero en la Argentina”, advierte.

Isley se declaró preocupado porque sacerdotes que han violado o atacado sexualmente a niños están ejerciendo el sacerdocio en la Argentina. Según este exalumno de un internado católico de Wisconsin, donde estuvo a merced de curas pedófilos, en la Argentina no ha preocupación por la seguridad de los niños, ya que los obispos y superiores de órdenes religiosas conocen la identidad de los abusadores sexuales y los presentan ante los fieles como personas confiables.

Anne Barrett Doyle maneja Bishop Accountability, la mayor base de datos de abuso a nivel global.

“Todos los conocemos. El Papa Francisco los conoce. La tolerancia cero no significa nada sin no se impide que esos individuos peligrosos tengan acceso a los chicos. No basta que el Papa hable, tiene que venir y ordenarles a los obispos que separen a los curas abusadores de la Iglesia argentina”, “Si es verdad que dará batalla contra el flagelo, tiene que empezar aquí”, sostienen.

Isley menciona a las víctimas argentinas, a quienes identifica como líderes. “Si la situación de los abusos no cambia en la Argentina, no cambiará en ningún país del mundo. El Papa tiene una responsabilidad moral con las víctimas de este país. Con las víctimas de Grassi hizo todo lo que un pastor no debe hacer, quiso destruir sus vidas, pagándole a un abogado para que escribiera libros en contra de sus testimonios”, recuerda, refiriéndose a los libros que el jurista Marcelo Sancinetti escribió sobre los denunciantes de Julio Grassi por encargo de la Conferencia Episcopal cuando Bergoglio era su presidente.

El Papa le tiene alergia a las acusaciones. Odia a los acusadores. Habla de chisme, escándalo y calumnia.

“¿Cómo puede ser que Francisco convoque a las víctimas a hablar, a sanar, y a la vez provoca que su trauma se multiplique, lo que genera que muchos otros callen”, se interroga.

“Si en la cumbre comenzó una nueva era del papado de Francisco, una batalla contra el abuso, contra lo que llama el flagelo. es aquí en la Argentina donde la pelea tiene que empezar”, argumenta Barret Doyle.

Denise Buchanan fue obligada a abortar por un sacerdote que abusó de ella cuando tenía 17 años.

Denise Buchanan, esta académica que fue obligada a abortar por un cura que tuvo relaciones abusivas con ella durante largos años, no cree en la justicia canónica. Está convencida de que un sistema que se autocontrola no puede ser confiable. “No existe rendición de cuentas alguna por parte de la Iglesia. Tiene que haber algún cuerpo externo, porque de lo contrario no hay transparencia. Todo es secreto, se reúnen y se juzgan entre ellos. ¿Cómo creerles?

A pesar de que supuestamente se convocó a los obispos a facilitar la concurrencia al Vaticano de víctimas de todos los países en febrero pasado, no hubo ningún sobreviviente argentino. Para Barret Doyle, la razón es clara: “Ese hombre tiene alergia a las acusaciones. Odia a los acusadores. Está extrañamente obsesionado con la calumnia. Le habla de eso a todo el mundo. Chisme, escándalo y calumnia. Cuando la acusación se dirige a él o su Iglesia se pone a la defensiva. Si hablara con las víctimas, tendría que aceptar que tiene a los abusadores bajo sus propias narices”, concluye

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